Es difícil asumirlo, pero ahí va: Amaia Montero jamás debió regresar a La Oreja de Van Gogh. Lo que anoche protagonizó en Madrid resultó, cuánto menos, ojo, esperpéntico. Desafinó a granel, mutilando sin control el brillante cancionero de la banda. Estuvo caótica, insegura, perdida. A veces, reía con alevosía. Otras, callaba sin sentido. Fue tal el despropósito que daba pudor verla en ciertos momentos. No tiene que ser fácil regresar al proyecto que pisoteó en 2007 para emprender su carrera en solitario. Ahora bien, es obsceno liderar así una gira que nació de la traición más sucia posible. No se ha preparado lo suficiente y, claro, a la hora de la verdad, todo se ha desmoronado. Pese al fervor que siguen despertando 20 de enero, Rosas, Cuéntame al oído y Cuídate, el factor nostalgia no puede justificar este disparate vocal. Este jueves, frente a un Movistar Arena en trance, exaltadísimo, Amaia y los suyos firmaron uno de los peores conciertos de La Oreja en 30 años. Hay cosas que el público nunca debería presenciar. Cómo se echa de menos a Leire Martínez.
Verla pasar de puntillas por tantas canciones que han marcado la historia del pop en España fue desolador. Sobre todo, teniendo en cuanto que usaron coros pregrabados a todo volumen para tapar sus numerosas imperfecciones. Una falta de respeto para 17.000 almas que, previo pago, con la expectativa alta, tuvieron que conformarse con un karaoke trasnochado. ¿Funcionó? Sí, obvio. Como toda verbena que se precie. Aquí, la clave fue sentir que el tiempo, por un ratito, se detenía y resucitaba un pasado añorado. Sin embargo, la Amaia que fue no retornará. Como tampoco lo harás tú. Por ello, justamente, este bolo resultó tan efervescente para muchos. Pero, por favor, asumámoslo: no fue bueno. Es verdad que hubo una considerable mejoría respecto a su debut en Bilbao el 9 de mayo y que, a pesar de las críticas, durísimas, ella ha vuelto a levantarse. Pocas artistas lo hubieran hecho tras semejante derribo. No obstante, su mal directo seguirá eclipsando las pocas virtudes que se salvan. No puede ser que la canción más bonita del mundo, La playa, tan icónica, tan querida, fuera cantada así. Si bien la afrontó con más soltura que el resto, sería abusivo decir que la bordó.
“No tenéis ni idea de las veces que hemos soñado con este instante. Es una noche especial”, señaló enfundada en una falda de flecos con blusa dorada. Sigue siendo igual de hipnótica que al principio. En especial, cuando levanta pizpireta los brazos al aire. Ese candor no ha desaparecido. Aún así, le fue difícil aguantar el ritmo. Ahogada y despistada, fue hilvanando sus temas fetiche con más pena que gloria. Su voz ha cambiado. Es lógico. El tiempo no pasa en balde. Lo que no es de recibo es afrontar un tour de 35 fechas con tales carencias. El micrófono no la perdonó y, cuando rescató Muñeca de trapo, El 28, Mariposa y Tantas cosas que contar, con notas más altas, quedó patente su escaso entrenamiento. Algo que ya se intuyó en los ensayos que mostraron en las redes sociales. Lo sorprendente es que Xabi, Haritz y Álvaro la hayan expuesto así. Quizá, por ello, Pablo, el guitarrista, previendo esta sangría, decidió no acompañarles.
‘Muñeca de trapo’, ‘El 28’, ‘Cuídate’ y ‘Mariposa’ fueron algunos de los temas que Amaia recuperó. / EUROPA PRESS
La patada que propinaron a Leire el 14 de octubre en 2024 les está pasando factura. Prescindir de quien les salvó durante 17 años tras el portazo de Amaia les ha tumbado. Por más que hayan intentado revivir La Oreja con un regreso de chichinabo, el grupo caducó aquel día. Poco les valió que a Leire le partieran la cara con tantas comparaciones. Jamás la defendieron, nunca le dieron su lugar. Y, ahora, con 400.000 entradas despachadas, es evidente quién hacía justicia a sus canciones. Antes de que Amaia la sustituyera, estaban en plena forma, sin parar, tocando en los festivales más punteros. Citas con un público lo bastante heterogéneo para darse cuenta de que lo suyo había traspasado generaciones. Aunque ya no alcanzaban las cotas de antaño, seguían alumbrado temas en estado de gracia que, como Me voy de fiesta y Te pareces tanto a mí, recordaban a aquellos que les encumbraron. De hecho, su último álbum juntos, Un susurro en la tormenta, se convirtió en el más vendido en la semana de su lanzamiento. Un éxito que Todos estamos bailando la misma canción, su polémico regreso, no ha logrado.
La sombra de Leire
La Oreja de Van Gogh tiene el cancionero más almibarado del pop patrio, es cierto. Pero también el más afilado, pues no hay mayor angustia que verse reflejado en uno de sus cortes. “La vida pasaba y yo sentía que me iba a morir de amor”, confiesan en Puedes contar conmigo. Nunca han aspirado a hablar del universo, sino de aquellos pellizcos al corazón que pueden llegar a ser tan grandes como éste: enamorarse en el autobús (El 28), afrontar una ruptura (Dulce locura), soñar con reencontrarse (Inmortal)… tormentos que, abrazados por melodías memorables, de sonido vitalista y arreglos rotundos, han permanecido en el subconsciente de una España ávida de emociones. Con el tiempo, se han enfrentado a temáticas tan complejas como el alzhéimer (Estoy contigo), la violencia de género (Tú no vales más que yo) y el terrorismo (Jueves) con la cordura que les caracteriza. Incluso, en el videoclip de Europa VII, una de sus mejores composiciones, utilizan el infame saludo de Franco a Hitler para abordar el antinacionalismo que tanto han defendido: “La vida más pequeña vale mil veces más que la nación más grande que se invente jamás”.

Amaia Montero, en el primer concierto de La Oreja de Van Gogh en Madrid. / EUROPA PRESS
El repertorio de Madrid fue el mismo que defendieron en Bilbao tras quitar cuatro canciones. Entre ellas, La niña que llora en tus fiestas. Era uno de los dos títulos de Leire que habían recuperado para la ocasión. Sin embargo, al no acertar ni una sola nota, tremendo, decidieron dejar sólo El último vals. Y, aunque la salvó con dignidad, hay que reconocer que no le sienta nada bien. Hasta el punto de sonar estridente en los pasajes más agudos. He aquí una de las grandes conclusiones: si bien Leire defendió con solvencia los clásicos de Amaia, Amaia no ha podido con los de Leire. “Hemos vuelto de verdad. Si algo puedo sacar en positivo de bajar al infierno es que te hace prácticamente indestructible”, escribió en Instagram tras las críticas recibidas en el arranque. A ver qué dice mañana. Aún le quedan dos noches más en la capital. ¿Aguantará las 32 restantes? El tiempo dirá. Esto es, exclusivamente, sin entrar en otros terrenos, una cuestión musical. Cantó fatal, sí. Pero la gente se quedó afónica. Tal vez, para ellos, esto sea más que suficiente. Qué pena.














