Los rostros de las mujeres superan a los de los hombres en atractivo en todas las culturas: los científicos se refieren a este efecto como «Brecha de atractivo de género» (GAP), que surge consistentemente en todos los grupos de edad, orígenes culturales y regiones.
Un nuevo estudio internacional publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B y liderado por la Sociedad Max Planck (MPG), en Alemania, concluye que, en promedio, los rostros femeninos son percibidos como más atractivos que los masculinos en distintas culturas, edades y contextos.
Una brecha clara y concreta
La investigación presenta evidencia de una «Brecha de atractivo de género» (GAP), un patrón que aparece de forma consistente en una gran base de datos mundial. Según una nota de prensa, el trabajo se apoya en una muestra excepcionalmente amplia: más de 28.500 participantes, que realizaron alrededor de 1,5 millones de valoraciones de rostros, a partir de 52 estudios y datos procedentes de 76 países.
Según los autores, esa escala permite observar una regularidad difícil de atribuir al azar: las caras de mujeres recibieron, en general, puntuaciones más altas que las de hombres, independientemente del sexo de quien evaluaba. Un punto clave es que la brecha no se explica solo por diferencias entre hombres y mujeres, sino también por la forma en que cada grupo juzga a su propio sexo.
Las mujeres tendieron a valorar a otras mujeres con especial predilección, mientras que los rostros masculinos recibieron calificaciones similares y más bajas por parte de ambos sexos. El estudio también señala que la brecha desaparece en las autoevaluaciones: hombres y mujeres no difirieron cuando calificaron su propia apariencia.
Referencia
The gender attractiveness gap. Eugen Wassiliwizky et al. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026). DOI:https://dx.doi.org/10.1098/rspb.2026.0362
Las diferencias en la estructura facial no explican todo el fenómeno
Para entender de dónde surge este patrón, los investigadores analizaron rasgos faciales mediante métodos morfométricos. Hallaron que la dimorfia sexual, o sea las diferencias anatómicas típicas entre rostros más feminizados o más masculinizados, explica una parte importante del fenómeno, aunque no todas sus características.
En consecuencia, los autores sostienen que la percepción de atractivo no se limita a una preferencia romántica heterosexual, sino que refleja una combinación de biología, juicio social y contexto cultural. «La brecha no es un artefacto estadístico, sino un fenómeno robusto y ampliamente observado. Puede explicarse en parte por diferencias en la estructura facial, pero no del todo», concluyó Eugen Wassiliwizky, autor principal del estudio.












