Hace cuatro años empecé a trabajar al campo y la verdad muy desmotivado, no había gente de mi edad trabajando, ahora veo que se valora

Hace cuatro años, Albert, un joven agricultor de Lleida, comenzó su andadura en el campo sintiéndose «muy desmotivado». La principal razón era la soledad y la falta de gente de su edad en el sector. «Estaba muy lejos de mis amigos, muy lejos de mi gente. No había gente de mi edad trabajando aquí donde estoy», confiesa. Sin embargo, su perspectiva ha cambiado radicalmente gracias a las redes sociales, una ventana que le ha permitido mostrar su día a día y conectar con miles de personas.

Detrás de la cuenta de TikTok @agro_albert se encuentra este emprendedor que, junto a su compañera Andrea (@agro_andrea), visibiliza la realidad del campo catalán. A través de sus vídeos, que combinan humor y pedagogía, explican desde técnicas de cultivo, como la colocación de mallas antipedrisco, hasta la importancia de un precio justo para los productos locales. Su contenido se ha convertido en un puente entre el productor y el consumidor.

Ahora con las redes veo que es posible, veo que os gusta, veo que valoráis cada día más un buen plato de comida»

Europa Press

Piezas de frutas y hortalizas en una frutería

El joven agricultor ha encontrado en esta nueva faceta digital una fuente de motivación. «Ahora con las redes veo que es posible, veo que os gusta, veo que valoráis cada día más un buen plato de comida, una buena fruta», afirma. Esta respuesta del público le impulsa a seguir trabajando para ofrecer «una alimentación perfecta, algo natural, algo de valor».

El reto del relevo generacional

El caso de Albert contrasta con la radiografía general del sector primario en España, que sufre un progresivo envejecimiento. La edad media de los agricultores se sitúa en los 62 años, y el 41% de los titulares de explotaciones agrarias supera los 65 años. De hecho, menos del 9% de los profesionales del campo tiene menos de 41 años, lo que evidencia un grave problema de relevo generacional que amenaza con una futura crisis de alimentos en Europa.

La inversión para empezar de cero

A la falta de jóvenes se suma la barrera económica. Poner en marcha un proyecto agrícola desde cero requiere una inversión inicial que oscila entre los 60.000 y los 250.000 euros. Este desembolso cubre aspectos como el acceso a la tierra (compra o alquiler), la adquisición de maquinaria, como tractores y aperos, y la compra de insumos como semillas y fertilizantes. Un ejemplo de la magnitud de estas explotaciones es la de Julián, un pequeño productor que cosecha tres millones de kilos de sandías.

Imagen de recurso de frutas a la venta en un mercado de Barcelona

Alamy Stock Photo

Imagen de recurso de frutas a la venta en un mercado de Barcelona

Ayudas para jóvenes agricultores

Para facilitar la incorporación de nuevos profesionales y mitigar el fuerte desembolso inicial, existen ayudas públicas. El Ministerio de Agricultura y las comunidades autónomas, con cofinanciación de la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, gestionan subvenciones para «jóvenes agricultores» (de 18 a 40 años). Estas ayudas a fondo perdido pueden variar entre los 20.000 y los 80.000 euros, pero exigen a cambio la presentación de un Plan de Empresa viable y el compromiso de mantener la actividad durante un mínimo de 3 a 5 años.



Fuente