El mundo contiene la respiración ante cualquier señal de que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, mediadas por Pakistán, puedan llegar a buen puerto. Las bolsas aguardan ansiosas el anuncio de un pacto para reabrir el estrecho de Ormuz. Pero es posible que no haya un día en el que se anuncie un gran acuerdo de paz entre Washington y Teherán, sino que más bien haya que conformarse con pequeños pasos, textos de mínimos que alivien la incertidumbre en el corto plazo. En palabras del secretario de Estado, Marco Rubio, el texto definitivo “no se puede firmar en 72 horas en el envés de una servilleta”.
En los últimos días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a mandar señales contradictorias. Primero aseguró en su red social Truth que el acuerdo con Irán estaba hecho “en gran medida”, para luego rebajar expectativas y asegurar que aún sigue muy abierto y poner nuevas condiciones. Luego, este martes, ha decidido bombardear las costas iraníes, aunque dice que no es una ruptura del alto el fuego sino legítima defensa.
¿Qué es necesario para que estas negociaciones acaben teniendo éxito y pongan fin a un conflicto que lastra la economía global?
No hay que esperar un gran acuerdo inmediato que lo abarque todo sino un pacto para gestionar el conflicto en el corto plazo: cese de las hostilidades, reapertura de Ormuz y un compromiso para abordar el programa nuclear más adelante, opina Laurie Nathan, experto en negociaciones de paz y director del Programa de Mediación del Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz (Estados Unidos). «Contención del conflicto, no tanto resolución del conflicto», explica a EL PERIÓDICO. Desde su punto de vista, lo más importante es que, más allá de las declaraciones extremas de ambas partes, los dos bandos han tenido oportunidades de escalar y no lo han hecho.
«Nunca se ha visto este nivel de incompetencia y falta de profesionalidad negociadora. No están acertando ni siquiera en lo básico», dice Laurie Nathan
Entre los principales escollos está qué hacer con los 450 kilos de uranio enriquecido al 60% aún en poder de Irán; la moratoria al enriquecimiento de uranio que Estados Unidos quiere que sea de al menos 20 años; cómo levantar las restricciones y los peajes impuestos por Teherán a los barcos que quieran pasar por Ormuz, y su desminado; el levantamiento del bloqueo marítimo que la Armada estadounidense impone sobre barcos iraníes y de sus aliados; el levantamiento de las sanciones que pesan sobre Irán y el desbloqueo de los 100.000 millones de dólares en fondos iraníes; y el futuro del alto el fuego entre Israel y Hezbolá en Líbano.
La «incompetencia» de los negociadores de Trump
La mediación para la paz es una disciplina en sí misma, en la que hay diplomáticos internacionales especializados.
Uno de los problemas a los que se enfrenta este acuerdo es que, del lado de Estados Unidos, los que negocian son hombres sin formación diplomática: el yerno de Trump, Jared Kushner, y su amigo Steve Witkoff, además del vicepresidente J.D. Vance. Enfrente suelen tener a altos cargos iraníes altamente formados y preparados, como el ministro de Exteriores iraní Abbas Araghchi, diplomático, o el presidente del Parlamento, Mohamad Bagher Qalibaf.
Estos no se fían de Estados Unidos, de forma justificada: las dos ocasiones en que han sido bombardeados se estaban llevando a cabo negociaciones sobre el programa nuclear.
Un buque dañado en el estrecho de Ormuz / .
«El problema es que ya nadie se fía de Estados Unidos», explica Nathan. «Como estudioso de los altos el fuego y los acuerdos de paz y las negociaciones, tengo que decir que nunca se ha visto este nivel de incompetencia y falta de profesionalidad negociadora. No están acertando ni siquiera en lo básico».
El experto recomienda a los mediadores paquistaníes que insistan en la creación de una Comisión Conjunta, un órgano con representantes de las partes enfrentadas y observadores internacionales que controle el cumplimiento del alto el fuego y activen los mecanismos de corrección si alguien se lo salta. Eso es, según Nathan, lo que no ha habido en Gaza y Líbano. Allí no se está respetando el silencio de las armas, especialmente desde el lado israelí.
Liberación de activos por fases
David Cortright, profesor del Instituto Reppy de Estudios de Paz y Conflictos (Universidad de Cornell, Nueva York, Estados Unidos), piensa que sería conveniente que el primer acuerdo delimitara ya el grueso de los asuntos conflictivos, aunque se fijaran etapas para aplicarlos.
«En cuanto a la estructura de las negociaciones, lo natural es que haya etapas que deben abordarse de forma secuencial. Pero los acuerdos políticos centrales que forman parte de cada fase deben tratarse conjuntamente, como un paquete. Dejar sin definir los objetivos principales de las conversaciones -en materia nuclear, económica y en otros asuntos– es una fórmula para unas negociaciones sin fin y probablemente infructuosas, sin un acuerdo integral», dice a EL PERIÓDICO.
A juicio de los expertos, una de las claves es que las partes vayan haciendo pequeños gestos y concesiones para poder seguir avanzando. Un buen ejemplo es el de la liberación de los 100.000 millones de fondos iraníes congelados.
La agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, ha informado de que Irán quiere que una parte de los fondos se libere en la fase inicial y que se fije un mecanismo para liberar el resto durante la negociación, mientras que EE UU habría intentado vincularlo al acuerdo nuclear final.
Para seguir dialogando, Irán exige la liberación inmediata de 12.000 millones de dólares en activos congelados en Qatar como condición previa para avanzar en las conversaciones con Estados Unidos. En abril, Reuters informó de que Washington había aceptado liberar 6.000 millones de dólares procedentes de ventas de petróleo a Corea del Sur, trasladados a Qatar en 2023 pero restringidos a uso humanitario bajo supervisión estadounidense.
El modelo del acuerdo nuclear con Irán de 2015
«Las cuestiones nucleares son especialmente delicadas y son las más importantes. Podrían resolverse siguiendo las líneas del acuerdo nuclear de 2015, el JCPOA (siglas en inglés de Plan de Acción Integral Conjunto), pero es dudoso que Trump aceptara un arreglo de ese tipo», apunta David Cortright.

Barack Obama comparece en la Casa Blanca, en Washington, tras el acuerdo nuclear con Irán, el 15 de julio de 2015. / MANDEL NGAN / AFP
El presidente Trump canceló en 2018 el texto que había firmado su predecesor Barack Obama con Irán sobre su programa nuclear. Aquel pacto costó año y medio de negociaciones al más alto nivel. Y eso que las partes aún no se habían enfrentado en una guerra.
Aquel JCPOA tampoco era un pacto cerrado de ejecución inmediata, sino una hoja de ruta por fases: Irán daba pasos verificables sobre su programa nuclear y permitía inspecciones internacionales para verificarlos y, a cambio, se le levantaban gradualmente sanciones.
Se establecía entonces un calendario que sirve para imaginar lo complejo de este dosier.
Primero, entre 14 y el 20 de julio de 2015, se cerró políticamente el acuerdo y el Consejo de Seguridad lo respaldó con la resolución 2231. Irán empezó a modificar su central de Fordow y Arak. Se sacaron de Irán 300 kilos de uranio enriquecido.
Luego, el 18 de octubre de ese año el acuerdo entró formalmente en vigor. El 16 de enero de 2016, el Organismo Internacional de la Energía Atómica, OIEA, certificó que Irán había cumplido las medidas nucleares iniciales. Entonces se levantó la mayor parte de las sanciones de la ONU y la UE.
Todo debía continuar hasta el denominado «día de la transición», el 18 de octubre de 2023, en que se debía entrar en una fase de normalización más profunda: si Irán seguía cumpliendo, se levantarían más sanciones. Por último, el 18 de octubre de 2025 se alcanzaría el “día de la conclusión”, el cierre previsto del expediente, con el final de las sanciones nucleares restantes de la ONU y la UE.
¿Cabe esperar un acuerdo así de detallado entre la Administración Trump y el régimen iraní bajo la autoridad del ayatolá Ali Jameneí? No en el corto plazo.
El final de la fase militar abierta por Estados Unidos e Israel contra Irán parece más cerca, pero no es previsible un anuncio de un gran acuerdo con todos los flecos resueltos próximamente. A la vista de la historia del conflicto y de las advertencias de los analistas, como mucho se pueden esperar anuncios pequeños y concretos, acompañados de mucha incertidumbre. Una negociación por fases que durará meses, no días, y una implementación que durará años. Y que puede descarrilar en cualquier momento.
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