laSexta destapa la supuesta advertencia que Aznar mandó a Jesús Gil por boca de Rajoy: «Te vas a electrocutar…»

LaSexta estrenaba este domingo la cuarta temporada de Anatomía de… El espacio de Mamen Mendizábal arrancaba la nueva batería de entregas con un programa dedicado a la figura de Jesús Gil, «primer Trump» de la televisión en España, reconstruyendo su ascenso y caída del poder. Para ello, contó con el testimonio de distintas personalidades que tuvieron cerca al empresario, como Celia Villalobos o José Carlos Villanueva, corresponsal de El Mundo en Marbella en los 90, que destapó la advertencia que Mariano Rajoy habría enviado a Gil durante el mandato de Aznar. 

Celia Villalobos, alcaldesa de Málaga por el PP entrre 1995 y 2000, asegura que lo que el mediático alcalde de Marbella quería hacer en Ceuta y Melilla era «preocupante de todas formas». Fiscalía tenía guardada una querella presentada por Isabel García Marcos, portavoz del PSOE, en 1996, que sería el gérmen del ‘caso camisetas’.

No obstante, más allá de los judicial, para frenar al influyente empresario era necesario también un pacto político: «Tanto el PSOE como el PP de entonces, de José María Aznar, estaban preocupados por lo que significaba el modelo de sociedad de Jesús Gil y por eso se ponen de acuerdo para rechazarlo«, afirma Villalobos, que, recuerda que «en aquel momento, las relaciones entre ambos partidos existían» y «había una persona o dos en cada partido que se hablaban y llegaban a acuerdos«.

Es en ese momento cuando José Carlos Villanueva, corresponsal de El Mundo en Marbella entre 1996 y 2013, pone sobre la mesa la advertencia que Rajoy, ministro del Interior por aquel entonces, le habría hecho llegar a Gil de parte de Aznar en un acto previo a las elecciones de Ceuta y Melilla:  «Rajoy le dijo: ‘Jesús, dice el presidente que si vas a Ceuta y Melilla te vas a electrocutar«. «¿Aznar avisa a Gil de que si va a por Ceuta y Melilla se va a quemar?», pregunta Mendizábal a Villalobos, y esta asegura que «no le consta».

«Se encendieron todas las alarmas del aparato del Estado por tener un gánster mafioso como Jesús Gil en Ceuta y en Melilla queriendo hacer tratos con Marruecos, abrir fronteras, crear casinos, puertos francos… en definitiva, Gil perseguía una especie de lavadero de dinero«, explica también el periodista.

Por su parte, otro periodista de la época ligado al citado medio, Antonio Rubio, agregaba que «mientras que la Justicia le venía bien, decía que estábamos en un Estado de Derecho, pero cuando la Justicia comienza a pedirle el porqué de las cuestiones, ya no». «No hay que olvidar que él es un populista y el elemento de comunicación lo domina bastante bien. Entonces, une las dos cuestiones para dar a entender que es un perseguido«, añadía.

El principio del fin de Jesús Gil

La expansión del gilismo hacia Ceuta y Melilla fue el momento en el que el fenómeno político de Jesús Gil dejó de ser visto únicamente como una extravagancia marbellí para convertirse en una preocupación de Estado. Lo que había comenzado en Marbella en 1991 como un proyecto personalista, construido sobre el populismo, el urbanismo salvaje y la televisión, empezó a extenderse a finales de los noventa hacia las dos ciudades autónomas con un mensaje idéntico: mano dura contra la delincuencia, desprecio hacia los partidos tradicionales y promesas de gestión empresarial de la política. El Grupo Independiente Liberal (GIL), fundado por el entonces alcalde marbellí y presidente del Atlético de Madrid, logró en las elecciones municipales de 1999 convertirse en la fuerza más votada tanto en Ceuta como en Melilla. En Ceuta obtuvo 12 de los 25 escaños de la Asamblea; en Melilla consiguió siete diputados. 

Aquella expansión hizo saltar todas las alarmas en Madrid. No se trataba solo del crecimiento de un partido populista, sino del desembarco de un modelo político ya rodeado de sospechas de corrupción en dos enclaves considerados estratégicos para la seguridad nacional. 

Cuando la Fiscalía Anticorrupción empezó a poner el foco sobre el entramado político de Jesús Gil en Ceuta y Marbella, la reacción del empresario fue la misma que había utilizado durante años: victimismo político, desafío público y ataque frontal a jueces, fiscales y medios de comunicación. Gil convirtió la ofensiva judicial contra él en una especie de batalla personal contra “el sistema”, alimentando el discurso de que existía una conspiración política para frenar su ascenso y el crecimiento del GIL.

La entrada de Anticorrupción se produjo en 1999, después de que la tránsfuga socialista Susana Bermúdez facilitara con su voto la llegada del GIL al Gobierno de Ceuta. La Fiscalía abrió diligencias para investigar si había existido compra de voluntades o corrupción política detrás del movimiento. Desde el primer momento, Gil denunció públicamente que todo formaba parte de un “montaje político” impulsado desde Madrid para impedir que el GIL siguiera creciendo en Ceuta y Melilla.

El propio Antonio Sampietro, presidente ceutí del GIL y hombre de confianza de Gil, llegó a acusar a Anticorrupción de actuar siguiendo “instrucciones políticas”. Aquella fue una de las claves del relato gilista: presentar las investigaciones judiciales no como una respuesta a posibles delitos, sino como una persecución organizada por el PSOE, el PP y el aparato del Estado. Gil explotó ese discurso constantemente en ruedas de prensa y apariciones televisivas, donde mezclaba espectáculo, insultos y desafío institucional.

 

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