Dicen los guías turísticos al llegar a la Hofbräuhaus, una de las cervecerías más ilustres de Múnich, donde Adolf Hitler dio sus primeros discursos en los años 20, que si alguien picara las pinturas de las banderas bávaras del techo se encontraría con las esvásticas tapadas cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. Lucir esvásticas y símbolos nazis en público es delito en Alemania y puede acarrear penas de hasta tres años de prisión.
En el Bar Una, grande y libre de Usera (Madrid), conocido como el ‘Chino Facha’ porque está regentado por el hostelero Chen Xiangwei, hay águilas franquistas, banderas con el escudo del yugo y las flechas, símbolo de la Falange, y todo tipo de elementos vinculados al dictador Francisco Franco. «Aquí hay libertad de expresión y de pensamiento. Franco fue muy importante y es historia de España», argumenta el hostelero sobre uno de los bares de la llamada informalmente ‘Ruta 36’ –por el año de la sublevación militar que devino en Golpe de Estado–, un recorrido por los establecimientos donde se exalta el franquismo y a la Falange y sobre los que no está actuando la Ley de Memoria Democrática.
«Huevos rotos fusilados» en el menú
Entre ellos está el ultraconocido Casa Pepe, en Despeñaperros (Ciudad Real); El Cangrejo (La Solana, Ciudad Real); la Gran Parada (Córdoba); Casa Javi (Guijuelo, Salamanca) o el Rincón Nacional (Barco de Ávila), llamado hasta hace poco Casa Eladio. Su anterior dueño fue multado varias veces por un menú que no dejaba indiferente a nadie: ‘Huevos rotos fusilados’, ‘Bacalao grande y libre’ o ‘Revolconas amargadas 36’. «Le pusieron cien euros de multa porque dijeron que era incitación al odio», afirma su actual propietario, Paco López, que asegura que hace tiempo tuvieron problemas judiciales «por uno de Compromís, pero el juez dictó a favor nuestro porque dijo que esto era una zona privada».
Exterior del bar franquista El Cangrejo, en Ciudad Real, tomada por Google Earth. / EL PERIÓDICO
La Ley de Memoria Democrática, que entró en vigor en octubre de 2022 ampliando los derechos de la anterior Ley de Memoria Histórica, prohíbe explícitamente cualquier acto público, insignia o monumento que suponga la exaltación o apología de la sublevación militar de 1936, la Guerra Civil y la dictadura franquista. Por eso, «no se entiende», explica Eduardo Ranz, abogado especializado en memoria histórica, «que no se haya abierto expediente sancionador» a estos locales.
«La retirada de estos símbolos es la gran asignatura pendiente. Se debería haber hecho un catálogo de simbología de exaltación en 2023 y aún no se ha llevado a cabo»
«La retirada de la simbología es la gran asignatura pendiente. Lo que establecía la ley es que se debería haber hecho un catálogo de simbología de exaltación en el plazo de un año; es decir, publicarlo en octubre de 2023, pero ese trabajo no se ha hecho», asegura el abogado. Así, aprecia, sigue habiendo simbología del franquismo y de exaltación del bando nacional en calles, plazas, bares, alcaldías honoríficas o incluso en nombres de pueblos de España. En la actualidad, hay seis localidades que mantienen sus nombres franquistas, entre ellos Llanos del Caudillo, en Ciudad Real, donde la mayoría de vecinos defiende al dictador a capa y espada. «Aquí a la gente le dio trabajo y casa», es el comentario más repetido entre los lugareños.
«La mitad de los municipios tienen simbología de exaltación. Es que hay más de 4.000 placas del Instituto de la Vivienda [con el yugo y las flechas] todavía», razona Ranz, que señala que actualmente la única que puede instruir expedientes sancionadores es la Secretaría de Estado de Memoria Democrática –con el que este diario ha tratado sin éxito de obtener su versión–, algo que «no hace» y por eso cree que la competencia debería volver al Ministerio de Política Territorial del que depende, «ya que este conecta con las delegaciones de Gobierno y sería sencillo hacer la labor de seguimiento de qué municipios tienen simbología y cuáles no».
Sobre el argumento de que ser un espacio «privado» facilita evadir la ley, asegura que no es válido. «Son espacios privados con acceso público. Ese mecanismo se usó ya para la exhumación [de la Basílica de la Macarena de Sevilla] de Gonzalo Queipo de Llano [general franquista responsable de 45.000 fusilamientos]. Las iglesias y catedrales tienen acceso público», matiza.

Pared repleta de simbología franquista en el bar ‘Una, grande y libre’ de Usera, conocido como el ‘chino facha’. / JOSÉ LUIS ROCA
En el ‘Chino facha’ de Usera, un cartel en la entrada advierte de que es un «local privado» donde el que entra lo hace de forma «libre y voluntaria» y subraya que ningún elemento «tiene intención de conmemorar ni exaltar nada». Las paredes dentro están decoradas con banderas, pósteres y demás artículos con elementos franquistas, como el águila de San Juan o el escudo de la Falange. Muchas de las mesas tienen fotografías del Valle de Cuelgamuros, donde estuvo enterrado el dictador hasta octubre de 2019, cuando fue exhumado.
Lugar de peregrinación
Los locales de la Ruta 36 se han convertido en un lugar de peregrinación y de nostalgia para los amantes del bando nacional. «En verano vienen aquí de todos lados, este es un sitio turístico, pero tenemos muchos clientes habituales y gente que viene en fin de semana», informa el dueño del Rincón Nacional, que fue jefe provincial de Falange y asegura que están trabajando en una nueva línea de hamburguesas: «La de solo carne se llamará ‘Febrero del 36’; con queso, ‘Junio del 36’; y con beicon, ‘Primero de abril'». «Yo casi todo lo que tengo me lo han regalado», añade Chen sobre esa suerte de museo franquista que tiene montado en su establecimiento de Madrid.
«Aquí no hemos tenido ningún problema», señala por teléfono al ser preguntado por la Ley de Memoria Democrática un trabajador de Casa Pepe, local abierto en 1923 que es también lugar de peregrinación de los amantes del franquismo. Allí se venden desde garrafas de aceite a galletas con la efigie del dictador, además de otros numerosos productos alimenticios, todos ellos con su bandera de España o el águila franquista con el lema ‘Una, grande y libre’. La especialidad son los platos de caza. «Entre la carta disponible podemos destacar el rabo de toro estofado», reza en la página web Casa Pepe, que, cómo no, tiene en una pared una cabeza de toro disecada. «Tenemos productos nacionales para su venta», explican junto a las fotografías de jarras, llaveros o carteras con simbología franquista.
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