Nike y el modelo Cortez

A principios de los años sesenta del siglo pasado, Phil Knight,  corredor de fondo de la Universidad de Oregón, y su entrenador, Bill Bowerman, compartían una sensación de insatisfacción con las zapatillas de correr de la época. La mayoría del calzado deportivo provenía de Alemania y les parecía caro y rígido (pensemos en las marcas Adidas y Puma, fundadas por los hermanos Adolf y Rudolph Dassler). Tras finalizar sus estudios en empresariales, Knight viajó a Japón con una novedosa idea: lograr que el calzado deportivo japonés compitiese con las marcas alemanas en el mercado estadounidense.

En 1964, Knight y Bowerman fundaron Blue Ribbon Sports (BRS) con una inversión inicial de 500 dólares por cabeza (la típica historia o mito americano, ¿quién sabe?). Su negocio inicial consistía en importar zapatillas de la marca Onitsuka Tiger (años después conocida como Asics) y venderlas directamente a los atletas en las pistas de atletismo desde el maletero del coche de Knight. Mientras este último se encargaba de llevar las finanzas, Bowerman se convertiría en el cerebro creativo del equipo, deconstruyendo y recomponiendo los modelos importados desde Japón para tratar de hacerlos más ligeros y amortiguados.

A medida que avanzaba la década, las tensiones comerciales con Onitsuka Tiger aumentaron, lo que empujó a BRS a crear su propia marca. En 1971, la empresa adoptó el nombre de Nike, inspirado en la diosa griega de la victoria, e introdujo el famoso logotipo del «Swoosh», diseñado por la estudiante Carolyn Davidson. Por su trabajo, Davidson recibió tan solo 35 dólares (unos 250 dólares en dinero actual), aunque en 1983 la empresa le regaló un anillo de diamantes con el símbolo de Nike y 500 acciones de la compañía. Tengamos en cuenta que en inglés el nombre de la marca se pronuncia “naiki”, no “naik”, como suele decir el público español. 

El verdadero impulso técnico de la marca llegó una mañana de domingo en 1971, durante el desayuno. Bill Bowerman observaba cómo su esposa, Barbara, preparaba gofres en la cocina familiar. Al observar la textura cuadriculada de la masa cocinada, Bowerman tuvo una revelación o momento eureka. Pensó que si invertía ese patrón (creando protuberancias en lugar de huecos), podría diseñar una suela de goma que ofreciera un agarre excelente en pistas de ceniza o hierba, sin necesidad de usar pesados clavos de metal. De este modo, los corredores correrían con mayor ligereza por las pistas de atletismo. 

Bowerman corrió hasta un laboratorio improvisado. Vertió uretano líquido directamente en la gofrera de su esposa, destruyendo el electrodoméstico en el proceso, pero logrando moldear la primera suela «Waffle». Tras muchos experimentos, logró la suela que andaba buscando. Este nuevo patrón revolucionó el calzado de atletismo por su ligereza y tracción. El invento debutó con éxito en las pruebas olímpicas de atletismo de 1972 en Eugene, Oregón, consolidando la reputación de Nike como una marca impulsada por la innovación pura. A modo de burla, la gente de Adidas y Puma decían de Nike que era la marca que hacía zapatillas empleando gofreras

Paralelamente a estos experimentos caseros, Bowerman ya había estado trabajando en un diseño que cambiaría la cultura del calzado urbano para siempre: las Nike Cortez. Desarrolladas originalmente a finales de los años sesenta bajo el paraguas de la distribución de Tiger, las zapatillas se lanzaron oficialmente con el sello de Nike en 1972, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Múnich. Aunque originalmente, las zapatillas iban a llamarse Aztec, para coincidir con los Juegos de México de 1968, Adidas lanzó sus Azteca Gold en torno a la misma época, por lo que Nike decidió llamar a su modelo Cortez, como el conquistador del imperio Azteca Hernán Cortés (modo simbólico de vencer a la competencia alemana). 

Las Cortez fueron diseñadas específicamente para el «running» (o el “footing”, como se llamaba en España en torno a esos años) de larga distancia y los entrenamientos diarios sobre asfalto. El gran secreto de su éxito radicó en su entresuela. Bowerman introdujo un sistema de amortiguación de doble densidad: una capa de espuma blanda entre dos capas de espuma más dura. Esto absorbía los impactos contra el suelo duro de una manera nunca antes vista, reduciendo drásticamente las lesiones de los corredores y la fatiga en sus piernas. Algunos años después, en 1977, el ingeniero aeronáutico M. Frank Rudy vendió la idea de la cámara de aire a Nike; dispositivo que se convertiría en gran herramienta de venta durante los años ochenta. 

Estéticamente, las Cortez eran inconfundibles (y lo siguen siendo, puesto que se han convertido en un modelo clásico con gran cantidad de ventas). Su silueta de perfil bajo, fabricada inicialmente en cuero blanco con el Swoosh en rojo llamativo y una franja azul en la mediasuela se volverían inconfundibles. Pronto, las zapatillas trascendieron las pistas de atletismo. De hecho, fueron marcas como Nike las que lograron que un enorme volúmen de la población mundial llevase zapatillas deportivas en su vida cotidiana (como ocurre en Occidente desde la década de los años ochenta), puesto que antaño, la mayor parte de la gente llevaba zapatos (las “deportivas” siendo empleadas tan solo para practicar deporte), cosa que cambió radicalmente con los años. Por poner un ejemplo, en los años sesenta John Lennon era una de las pocas figuras públicas en llevar zapatillas, costumbre que adoptó por la mayor comodidad que estas le proporcionaban. 

El impacto de las Nike Cortez fue enorme e inmediato, llegando hasta nuestros días. Pasaron de ser el calzado preferido de los mejores atletas del mundo a convertirse en un fenómeno de la cultura pop y la moda callejera. Durante la década de los setenta, su popularidad se disparó gracias a apariciones televisivas icónicas, como cuando la actriz Farrah Fawcett las lució montada en un monopatín en Los ángeles de Charlie (1976-1981) (imagen que hoy circula ampliamente por redes sociales).

Años más tarde, volvieron a quedar inmortalizadas en el cine de la mano de Forrest Gump (1994), donde el protagonista corre por todo Estados Unidos calzando un par de Cortez clásicas, un momento cinematográfico que consolidó el modelo como un símbolo de la cultura estadounidense (dicho esto, se trata de un anacronismo, puesto que la fecha en que aparecen es 1971, un año antes de su distribución). En el ámbito urbano, las Cortez se convirtieron en un pilar de la identidad de las subculturas de la costa oeste de EE. UU., especialmente en Los Ángeles, manteniendo su relevancia generación tras generación.

La combinación de la visión comercial de Phil Knight, la genial idea de Bill Bowerman y su gofrera junto con el diseño técnico y estético de las Cortez sentaron las bases de lo que hoy es Nike. Lo que comenzó como un experimento casero y una furgoneta llena de calzado se convirtió en la fórmula perfecta para dominar tanto el deporte de élite como la moda urbana de todo el planeta.

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