FINAL EUROLIGA | Un Real Madrid épico roza el milagro en Grecia

El Real Madrid rozó la gesta en una final a la que acudió muy disminuido en la pintura, sin Tavares, sin Len y sin Garuba. Y aún así dio la cara, mandó en el marcador hasta el último cuarto y puso un nudo en la garganta de un Olympiacos que sufrió para hacer valer su favoritismo. Le faltaron puntos en las manos a los de Scariolo en el momento decisivo y el título se quedó en el Pireo pese a la actuación épica de los blancos.

El Real Madrid se plantó en el infierno griego y sin pívots. Pero avisó Fabien Causeur, «no conozco un outsider más peligroso que el Madrid». Así afrentó Scariolo la final: small ball o muerte. Los blancos movieron al caballo grande rival con el dinamismo de Lyles o Hezonja. El canadiense arrancó anotando siete puntos en el (1-9) inicial, con Okeke y el croata cerrando la pintura con solvencia junto a Trey. Dos triples de Lyles y otro de Abalde colocaron un (3-15) que heló el corazón del Pireo, pero dos canastas con adicional de Vezenkov y un triple de Walkup despertaron a Olympiacos con un parcial de (9-0). Los blancos diversificaban con solvencia en ataque: la verticalidad de Maledon, el posteo de Hezonja, las bombas de Feliz… Una buena producción ofensiva que cerraba el primer cuarto con unas inmejorables sensaciones (19-26).

Triples contra la inferioridad física

El segundo cuarto comenzaba con otro triple de Abalde, pero el Madrid no pisaba la pintura ni los tiros libres. Se aferraba a los triples y cuando estos comenzaron a no entrar, Olympiacos fue ganando terreno con su agresividad. Los griegos colapsaron la zona y el marcador empezó a encogerse (25-29). Los de Scariolo equiparaban la sangría del rebote ofensivo forzando pérdidas griegas con su intensidad, pero los blancos comenzaban a fallar triples bien tirados y los del Pireo se adelantaban con un Fournier on fire (43-38). El Madrid se aferraba a Lyles, cinco de seis en triples y 21 puntos en esta primera mitad, y a su carácter. Pero los compañeros (3 de 10 en triples) no acompañaban al estadounidense y el banquillo griego sumaba 36 puntos al descanso (46-44). Los de Scariolo echaban en falta a Campazzo (dos puntos y dos faltas) y sufrían siendo doblados en el rebote, pero mantenía la cara al partido.

En el tercer cuarto Scariolo dio orden de sacar faltas para ir al tiro libre, llevando al bonus a los griegos pronto. Llegó a estar cinco abajo el Madrid, pero se sujetó con el carácter de Feliz, que anotó cinco puntos seguidos para colocar a los blancos (54-60). Hezonja en su versión más versátil, enfrió a Olympiacos mientras el dominicano crecía en ambos lados de la cancha. En un complicado entorno, y muy superado en la pintura, los de Scariolo se mantenían con el goteo de los tiros libres (6 de 8) ante un rival colapsado en este parcial (61-65).

El factor OAKA

Llegaba el Madrid vivo al último cuarto, donde comenzó atascado. No fluía, salvo algún chispazo como un triple de Maledon que le permitía no descolgarse. Así que Scariolo ordenó a Feliz y Maledon forzar penetraciones que castigaron a Fournier, Jones y compañía. Sin la aportación de Lyles, cero puntos en la segunda mitad, una defensa feroz y los galones de Hezonja le mantenían en el partido. El técnico italiano exprimía su pizarra y Bartzokas insistía con tres altos todo el cuarto. Por eso Feliz percutía una y otra vez contra Fournier. El Madrid se estaba jugando el título con dos bases, un escolta y dos aleros en cancha y con un Hezonja exhibiendo su liderazgo cuando más lo necesitaba su equipo. Y entonces, en el momento más peliagudo, apareció el factor OAKA con un par de cuestionables decisiones arbitrales a favor de los helenos que terminaron de enterrar a los blancos. El Madrid se secaba en ataque en el tramo decisivo y se ahogaba en la orilla en un partido heroico que no se resignó a ser ajusticiado pese a comparecer con una clara inferioridad física en la pintura. Honor al Real Madrid y gloria a Olympiacos.

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