Las últimas señales alejan una nueva escalada en el Golfo Pérsico. Entre las clásicas tiranteces de las negociaciones – dardo aquí y dardo allá – el acuerdo entre Estados Unidos e Irán está más cerca. Se intuye en la manera en la que Donald Trump se ha dirigido a su adversario en las últimas horas, eludiendo peyorativos como “régimen de los ayatolás” y abrazando la solemnidad de la “República Islámica de Irán”. Migas de pan que conducen, según ha informado The New York Times citando a un alto cargo estadounidense, a un principio de entendimiento entre las partes para rebajar el conflicto en Oriente Medio mediante la reapertura del estrecho de Ormuz y un compromiso iraní su uranio altamente enriquecido.
Todavía no hay nada cerrado. Hay detalles por pulir. Especialmente, el visto bueno tanto del presidente de Estados Unidos como el del líder supremo iraní. Según la información publicada por el Times, este proceso puede enquistarse aún durante varios días. Son horas de extrema prudencia, máxime cuando el acuerdo parece estar más cerca que nunca, pese a que Teherán aún no ha realizado una confirmación pública. De hecho, en las últimas horas se han acumulado diversas versiones sobre el alcance real, pues Reuters – citando a una fuente iraní – aseguraba que Irán no ha aceptado entregar la reserva de uranio enriquecido; asunto que se postergaría para futuras conversaciones.
Ormuz, la primera puerta de salida
El mayor punto de fricción sigue en el Estrecho. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, supeditaba la apertura de “conversaciones muy serias” sobre el programa nuclear iraní a que Teherán reabriera el paso marítimo. La lógica del posiblemente entendimiento sería escalonada. En primer lugar, desactivar la crisis inmediata con la reapertura de Ormuz; después, abordar los asuntos más sensibles del programa nuclear iraní.
Rubio ha insistido en que no se puede resolver una negociación nuclear compleja en apenas 72 horas, píldora que rebaja las expectativas de un cierre inmediato y sitúa el acuerdo, en el mejor de los casos, en una fase preliminar. Ese esquema permitiría a ambas partes ganar tiempo. Estados Unidos podría presentar la reapertura de Ormuz como un éxito estratégico y una señal de control sobre una ruta clave para el mercado energético. Irán, por su parte, obtendría margen económico y político para negociar sin aparecer públicamente como derrotado.
El programa nuclear, punto delicado
La cuestión nuclear sigue siendo el nudo más frágil. Para Washington, cualquier pacto relevante debe incluir garantías sobre el uranio altamente enriquecido y el compromiso iraní de no avanzar hacia un arma nuclear. Según la versión estadounidense, el principio de acuerdo incluiría fórmulas para diluir el material o transferirlo al extranjero.
Pero la lectura iraní filtrada a Reuters va en otra dirección. De acuerdo con esa fuente, Teherán no habría aceptado desprenderse de su reserva en esta primera fase. El acuerdo preliminar se centraría en Ormuz, alivios limitados de sanciones, exportaciones de petróleo y una negociación posterior sobre el programa nuclear.
La diferencia no es menor. Para Trump, poder anunciar que Irán cede sobre el uranio sería una victoria diplomática de gran calibre. Para Teherán, admitirlo de forma pública podría ser políticamente explosivo. De ahí que el silencio oficial iraní mantenga el pacto en una zona de ambigüedad calculada.
Trump habla de un entendimiento casi cerrado
Este escenario de máxima prudencia precede a las palabras de un Trump que daba prácticamente por cerrado el acuerdo. El magnate aseguraba este fin de semana que el memorándum con Irán estaba “en gran parte” negociado y que solo quedaban detalles pendientes para poder anunciarlo. El presidente estadounidense ha presentado el posible pacto como un paso hacia la paz y ha situado la reapertura de Ormuz como una de las piezas centrales.
Reuters también ha informado de que el borrador contemplaría una reapertura del estrecho durante una extensión de 60 días del alto el fuego, junto a alivios limitados de sanciones, exportaciones de petróleo iraní y conversaciones posteriores sobre la cuestión nuclear. La problemática es que, aún sin una declaración o filtración por parte de Teherán, el entendimiento sigue en el filo de la navaja. Washington necesita exhibir resultados. Teherán necesita preservar margen. Y el mundo sigue pendiente de una desescalada que, por ahora, sólo proyecta desconfianza mutua.












