Junto al estadio de Gran Canaria está el cementerio de San Lázaro, por lo que el epitafio del Real Zaragoza tuvo el escenario adecuado, el lugar donde hace casi 11 años rozó el ascenso y en el que ahora pasa a la leyenda negra zaragocista con un descenso indigno y merecido a falta de una jornada y como colista de la Segunda. Así pierden la categoría y el sitio en el fútbol profesional este equipo y este club en el peor momento de su historia tras un partido donde los de David Navarro mejoraron la faz mortecina de anteriores duelos, con un fútbol más digno, y les dio para empatar a un enemigo que llevaba seis victorias en casa consecutivas ante su gente.
El destino estaba escrito mucho antes y de antemano, en una colección de horrores anteriores, y la rúbrica llegó junto a un cementerio para que la Primera RFEF ya sea realidad tras una temporada infame a todos los niveles. Ahora, toca cambiar todo todo de arriba abajo para que esta pesadilla termine lo antes posible. Apostó David Navarro por recuperar el 4-4-2 con Kenan Kodro y Dani arriba, dando la las alas a Cumic, desaparecido hasta ayer, y a Cuenca para que el Zaragoza comenzara el duelo manteniendo el tipo ante una UD Las Palmas que trataba de dominar el choque y que tuvo un primer disparo de Manu Fuster aunque Kenan Kodro respondió con un cabezazo en un córner justo cuando el Cádiz se adelantaba en el marcador para poner más difícil el milagro.
Un partido incómodo
No era el partido cómodo que se podía prever en la isla ante un Zaragoza tan herido de muerte, ni era la peor puesta en escena zaragocista, ya que el equipo de David Navarro se sostenía bien atrás salvo en las arrancadas de Miyashiro y estaba más despierto en los desmarques y en la movilidad que otros días. Un centro de Cuenca no encontró rematador ni en Cumic ni en Dani Gómez y el Zaragoza evidenciaba lo de siempre, un terrible déficit de calidad arriba que tanto le ha lastrado.
Rado evitó un gol de Jesé y Pedrola la mandó desde la frontal al palo antes de la pausa de hidratación cuando se empezaban a hacer latentes las desconexiones zaragocistas. Marvin pudo marcar a pase de Miyashiro y lo hizo Jesé aprovechando un rechace del largero a cabezazo del extremo japonés, que le ganó la partida a Larios tras una gran jugada de Manu Fuster. Adrián evitó el segundo antes del descanso para un Zaragoza sin filo ni amenaza y que se descompone con tanta facilidad que a poco que hagan los rivales lo fulminan. Así pasó en la inmensa parte de la temporada y así sucedió también en el Gran Canaria antes de que Orellana Cid señalara el descanso y expulsara a Néstor Pérez, segundo entrenador blanquillo, por protestar.
La segunda parte se inició sin cambios, ni de nombres ni de constantes vitales para un Zaragoza que vio evitar el segundo a Adrián a los pies de Miyashiro antes de que una buena acción de Cumic no encontrara rematador. Las Palmas tenía mucha más sensación de peligro, más argumentos y más capacidad ante un Zaragoza en el que Navarro metió a Pinilla por Cumic, de los más activos, mientras que Luis García recurría a Viera, Pejiño y Herzog en un partido que cada vez tenía menos historia por la impotencia en ataque zaragocista. Viera probó a Adrián y el Zaragoza se mantenía en pie y hasta pudo empatar con un tremendo disparo de Juan Sebastián que se estrelló en el larguero cuando apenas había noticias de nada en el encuentro.
Sin embargo, ese remate despertó y mucho al Zaragoza, más entonado con Pinilla y que se encontró con el gol en una buena acción de Marcos Cuenca en el 72 para estrenar su cuenta anotadora y llevar los pitos a un campo donde la victoria era vital en la lucha para el ascenso, Cuenca puso un gol al que no llegó Rado y la reacción zaragocista aumentaba los nervios del estadio local para que Navarro tirara del casí exótico Agada, de Lucas Terrer y del retorno de Guti en los minutos finales cuando el Cádiz ya goleaba y nada servía de lo que sucedía en el Estadio de Gran Canaria para este Zaragoza condenado.
El choque se iba muriendo sin que el marcador se moviera, con Las Palmas cada vez más nervioso, con ocasiones de Jedsé y de Pinilla para cada equipo y el Zaragoza sosteniendo el tipo con otra ocasión de Cuenca con la dignidad que tantas veces le faltó a lo largo de la temporada. El equipo zaragocista consumaba el descenso a los infiernos, la situación impensable con su historia y con la grandeza de una afición que va a tener que soportar una escenario indigno de un club que vive su momento más bajo, una entidad en ruinas y que murió en Las Palmas junto a un cementerio, no pudo elegir escenario más adecuado.
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