La Unión Europea y México han firmado este viernes en Ciudad de México un acuerdo comercial renovado, sobre las bases del trato original sellado en 1997, que exhibe la buena relación entre ambos y permite estrechar todavía más los lazos económicos y comerciales, abriendo ambos mercados, en un momento de incertidumbre y proteccionismo.
Han pasado casi 30 años desde que la UE y México firmaron su primer acuerdo comercial y diez desde la última cumbre. En un mundo cada vez más impredecible, en el que el socio tradicional para los europeos, y su vecino más cercano para los mexicanos, se han vuelto cada vez más problemático, ambos acercan posturas.
Un acuerdo renovado
La UE ve a México como un socio natural. Una economía emergente, que defiende «valores similares», desde la defensa del derecho internacional hasta el comercio internacional basado en normas, en un mundo cada vez más proteccionista. Ya mantienen una estrecha relación económica. El mercado europeo es el segundo para las exportaciones mexicanas. México es el segundo socio comercial más importante para el bloque en América Latina, después de Brasil.
Sin embargo, las relaciones comerciales entre ambos se rigen por un acuerdo firmado en 1997 y que no entró en vigor hasta 2001. Desde entonces, «el mundo ha cambiado drásticamente», reconoció una alta fuente comunitaria. Por eso los esfuerzos se han centrado en modernizar el texto que el presidente del Consejo Europeo, António Costa, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, firmaron este viernes.
Menos aranceles, más comercio
El nuevo acuerdo comercial supondrá una rebaja sustancial e incluso la eliminación de los aranceles para productos europeos, principalmente agrícolas. Algunos de los productos que se beneficiarán serán la pasta, el chocolate, los huevos, los quesos azules, las patatas o algunos productos de cerdo. Mientras que del lado mexicano serán el café, algunas frutas, los chocolates y el sirope de agave.
Aunque en algunos casos esas rebajas estarán limitadas a cuotas anuales. En paralelo, el acuerdo prevé que se protejan algunos productos distintivos como el jamón de Parma, el vino Rioja o el queso Roquefort, frente a posibles copias en el mercado mexicano.
El trato prevé eliminar también barreras no arancelarias. En este ámbito serán sobre todo sectores como el de la maquinaria, el farmacéutico, el del equipamiento médico o el automovilístico los que se beneficien de una armonización de las normas que facilite el comercio.
Servicios y contratos públicos
Otra de las novedades del acuerdo que este viernes sellarán los líderes europeos y mexicanos es la ampliación de los mercados de servicios que cubre el texto. El tratado cubre áreas como los servicios financieros, las telecomunicaciones o el transporte. El texto prevé dar el mismo acceso a proveedores mexicanos y europeos en los respectivos mercados.
Además, el nuevo acuerdo incluye el compromiso de México de dar más acceso a empresas europeas a contratos públicos en el país. Esto incluirá alianzas público-privadas, el acceso a concursos en 14 estados mexicanos, pero también la posibilidad de ofrecer contratos al gobierno. Además, las empresas comunitarias deberán optar a esos contratos en igualdad de condiciones, respecto a las locales, en un proceso transparente y predecible.
El acuerdo prevé una estrecha colaboración en materia reguladora. Además, garantiza una mejor protección de los derechos de propiedad intelectual. El texto cubre en particular derechos de autor, de marcas, además de la protección de diseños industriales durante hasta 25 años.
Otro aspecto que aborda el nuevo texto es la inversión. El trato espera facilitar la inversión en ambas direcciones, para facilitar el establecimiento de empresas mexicanas y europeas en ambos mercados. Uno de los aspectos clave en este sentido es la protección de las inversiones, con el objetivo de aumentar la confianza y mejorar las condiciones.
¿Y ahora?
Una vez los líderes mexicanos y europeos oficialicen la firma en Ciudad de México, el acuerdo deberá ser ratificado. La parte del acuerdo más política requiere no solo el consentimiento de los gobiernos europeos representados en el Consejo de la UE y la Eurocámara, sino también de los parlamentos nacionales, por tratarse de un acuerdo mixto.
En cambio, el acuerdo comercial, al ser una competencia exclusiva de la Unión, solo requiere el respaldo del Consejo y el consentimiento de la Eurocámara. Además, como en el caso del acuerdo con los países del Mercosur, con el respaldo de los Veintisiete, podría aplicarse de manera provisional en cuanto México lo ratifique.
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