Probablemente el mejor de los cineastas rusos vivos, Andrey Zvyagintsev pasó 40 días de 2020 en un coma inducido a causa de la covid y estuvo a punto de sufrir la destrucción total de sus pulmones. Ahora, el director regresa a Festival de Cannes -tras ganar aquí el premio al Mejor Guion gracias a ‘Leviathan’ (2014) y el Premio del Jurado por ‘Loveless’- con una película que nos recuerda que, para los ricos, los poderosos y los corruptos, el crimen queda sin castigo. En este momento, es la favorita en la carrera por la Palma de Oro.
‘Minotauro’ es un remake de ‘La mujer infiel’ (1969), thriller erótico de Claude Chabrol sobre un hombre convencido de que su esposa le es infiel. El protagonista de la nueva película es un acaudalado empresario que debe lidiar simultáneamente con el adulterio de su esposa, las presiones corporativas y la invasión rusa de Ucrania, y que termina completamente descontrolado a causa de la presión. Lo que vemos en pantalla, eso sí, no es solo el derrumbe de un hombre, sino el de la conciencia de todo un país. Puede que sea la primera película que Zvyagintsev realiza completamente fuera de su tierra natal —de la que huyó por motivos políticos—, pero también es su comentario más abiertamente crítico sobre la podredumbre política y moral de Rusia hasta la fecha.
El director traza lenta y meticulosamente el asfixiante universo y los personajes de la película antes de que realmente ocurra nada. En el proceso, un hombre que parecía un espectador pasivo de su propia existencia parece por fin cobrar vida al hacer algo terrible, y entonces se convierte en alguien con quien resulta más fácil empatizar. Es solo uno de los elementos irónicos de una película que, en esa escena crucial —en la que queda claro hasta qué punto los actos de violencia pueden ser sucios, difíciles de ejecutar y todavía más difíciles de ocultar—, recuerda perversamente a las grandes comedias mudas, y que durante otros momentos de su metraje resulta inquietante, absorbente y demoledora.
Refn se hurga el ombligo
Nicolas Winding Refn también tuvo un problema grave de salud. En 2023 permaneció 25 minutos muerto a causa de un problema cardiaco, y asegura que al volver a la vida sintió “el deseo de hacer películas como nunca las había hecho antes”. Sin embargo, nadie lo diría al ver su nuevo trabajo, ‘Her Private Hell’, presentado hoy en el certamen galo fuera de concurso. Primer largometraje que dirige desde ‘The Neon Demon’ (2016), adentra aún más al director danés en ese territorio definido por el solipsismo esteticista y el amaneramiento vacuo que empezó a explorar tras darse a conocer con intrigas criminales como la trilogía ‘Pusher’ y el deslumbrante ‘neo-noir’ ‘Drive’ (2011).
‘Her Private Hell’ habla de un rascacielos en una ciudad consumida por la niebla, de una parodia cinematográfica de ‘Star Trek’, de una actriz que mantiene una relación enfermiza con su madrastra, de una figura monstruosa de garras letales y un par de luces rojas por ojos, de un soldado que busca a su hija y, en realidad, de nada de eso. Dichos elementos son solo la excusa que Refn ofrece para mostrar un puñado de viñetas ilustradas con la imponente banda sonora de Pino Donaggio que incluyen sexo, hiperviolencia y siluetas que fuman mientras luces estroboscópicas intermitentes les iluminan los mentones. Promete complacer a los fans más testarudos de Refn, y a ni un solo espectador más.
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