Las matemáticas son “enormes, complejas y diversas”, pero también “hermosas y útiles”. Así lo asegura el doctor en Matemáticas, profesor y presentador Eduardo Sáenz de Cabezón en su libro ‘Apocalipsis matemático’. Todos los profesionales de la docencia llevan años intentando derrocar el falso mito de que son arduas y solo aptas para los muy inteligentes. Sin embargo, la realidad es que los escolares no van especialmente bien en la asignatura. Una receta para potenciar la confianza del alumnado es que ni familias ni docentes suelten delante de sus hijos e hijas una frase tan manida como dañina: “Yo soy de letras, así que de números no sé nada. Las mates se me daban fatal en el colegio”. Así lo reivindica Juan Fernández, profesor de secundaria, investigador y autor de ‘En blanco’, un ensayo dirigido a padres y madres para que sepan cómo guiar y ayudar a sus hijos e hijas en focalizar la atención, la memoria y la motivación para aprender.
Las matemáticas, con independencia de la profesión de cada uno, son necesarias para la vida. “La alfabetización matemática debe abarcar a toda la sociedad. De ahí que sea tan necesario reforzar el aprendizaje de aspectos matemáticos como la estadística y la probabilidad. Si no lo hacemos, nos arriesgamos a que mucha gente no comprenda bien, por ejemplo, qué significan expresiones cotidianas como que hay un 50% de probabilidades de que llueva”.
«Es necesario que la selectividad tienda a ser competencial: problemas que supongan un reto auténtico»
De 2012 a 2018, el alumnado de todo el mundo experimentó una tendencia descendente en las matemáticas, según la radiografía del último informe PISA. Lejos de amortiguarse o recuperarse, la caída continuó en 2022. España empeoró sus resultados en matemáticas y los países de la OCDE, de media, todavía suspendieron más (se perdieron 15 puntos, más o menos el equivalente a un curso académico). Las excepciones son Japón y Corea, los países con mejores resultados en matemáticas en el estudio internacional orquestado por la OCDE.
Tampoco invitan al entusiasmo los resultados de la selectividad, el examen más temido de los estudiantes. En Catalunya, pese al 97% de aprobados en 2024, hubo una materia en rojo, algo que no sucedía desde hacía cinco años. Las matemáticas dejaron una puntuación media de suspenso: un 4,87.
“Ese 4,87 en Catalunya fue, como se dijo en su momento, una tormenta perfecta: menos horas de matemáticas en Bachillerato y desajustes en la implementación de los nuevos currículos (especialmente en áreas como probabilidad)”, explica Pablo Beltrán-Pellicer, presidente de la comisión de Educación de la Real Sociedad Matemática Española (RSME).
A semanas de que se celebre, un año más, la selectividad, ¿cómo podemos tranquilizar a los chavales para que vayan más relajados? “Es necesario que la selectividad, ya que parece que tiene que existir, tienda a ser competencial: problemas que supongan un reto auténtico. Más allá de esto, es muy complicado tranquilizar a los estudiantes para que vayan más relajados a una prueba como la PAU”, reconoce Beltrán-Pellicer.
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