Todo estaba preparado para convertirse en una noche histórica. El Valencia Basket fue capaz de remontar una durísima eliminatoria ante el Panathinaikos más problemático y dejar sin argumentos al llorón Ataman, que no dejó de quejarse y tratar de manipular a los árbitros durante casi todo el partido.
La afición entendió perfectamente el significado del partido, así como las palabras de Pedro Martínez en los días previos con las que alentaba a su afición. Desde el momento en el que los jugadores entraron en cancha para el calentamiento, los medidores de decibelios del Roig Arena registraron máximos históricos. Antes, durante y después del partido, la marea taronja disfrutó como nunca antes. Próxima parada: la Final Four de Atenas.













