Este pasado lunes, en Elx, hemos podido comprobar una importante movilización de la comunidad educativa, en defensa de garantizar un modelo público de calidad, inclusivo y con los suficientes recursos, humanos y materiales, para garantizar el nivel de educación necesario que se requiere a estas alturas del siglo XXI, y en una sociedad tan avanzada como la valenciana, y en un municipio como el nuestro.
Hacía años que una movilización de este tipo no tenía un éxito como el que se ha visto este pasado lunes. En Elx todo apunta a que han sido más de 4.000 las personas que han acudido a la manifestación, y posterior concentración en la Plaça de Baix. Según los sindicatos convocantes, a nivel provincial, se calcula una participación de entre el 80 y el 90 %, mientras que la Administración intenta rebajarla a un 46 %, lo que evidencia el éxito de la misma. Y ha sido así a pesar de todos los intentos, desde la Conselleria y el PP, por dificultar el derecho constitucional a la misma. Desde la implantación de servicios mínimos exagerados, descalificación de los motivos que la justificaban, intentos directos de enfrentar al profesorado con los padres y madres del alumnado, etc. Mucho esfuerzo, desde los responsables de la conselleria, para boicotear la movilización, y muy poco para atender las justas reivindicaciones que están detrás de estas protestas.
Y es que, recordemos, entre ellas están: bajar las ratios en las aulas que, en muchas ocasiones, superan los 30 alumnos; que las bajas del profesorado no tengan que ser cubiertas por otros ante el desinterés de la conselleria en su sustitución, que provoca incluso semanas sin formalizarse; incremento salarial que conlleve la recuperación del poder adquisitivo que se ha ido perdiendo, por parte de toda la comunidad educativa, en los últimos años; que se aumente la protección y difusión del valenciano, ante la pérdida acentuada de su presencia en las clases a todos los niveles; la inclusión, en las aulas, requiere una mayor dotación de personal y medios por las características propias de la realidad social en muchos centros, máxime cuando es evidente la «curiosa» desproporción entre los públicos y los concertados; aumento de recursos que eviten situaciones como las viviendas en el Severo Ochoa, o el anuncio de supresión de ciclos formativos en el Tirant Lo Blanc o el Victoria Kent; mejoras en la climatización de centros, que evite las crecientes molestias durante las clases, etc.
Incluso bastaría leer algunas de las pancartas que profesores o alumnado llevaban en estas movilizaciones en Elx, para hacerse una idea de hasta dónde se ha llegado en estos momentos: «Menos discursos y más recursos»; «Vocación sin condiciones es explotación»; «La docència no ha de ser supervivència», etc. Se ha llegado a un hartazón ante una situación a la que no se le pone remedio. Y la prueba de ello es el éxito de la movilización en su primer día que, en gran parte, se ha venido manteniendo en días sucesivos, y que dependerá de que la conselleria siga haciendo oídos sordos o preste la atención requerida a uno de sus sectores fundamentales.
Y, en esta situación, ha sido lamentable el nulo apoyo institucional que, desde el Ayuntamiento, se ha prestado a las reivindicaciones de la comunidad educativa ilicitana. Como pasó recientemente con el tema de mantener o no la privatización del Hospital del Vinalopó, ahora, con el tema de las necesidades de la enseñanza pública, de nuevo el alcalde, Pablo Ruz, se pone sólo de lado de su partido y de la Generalitat, mande Mazón o Pérez Llorca, antes que de las necesidades y reivindicaciones de sus conciudadanos. Luego sí irá a pedir el voto a los que ahora niega su apoyo, como también harán los de Vox, a los que tan poco les interesan los problemas reales de la ciudadanía y que, con criticar a Pedro Sánchez, ya parece que tienen justificado unos sueldos que antes tanto criticaban. Y es que ya se sabe aquello de «cosas veredes, amigo Sancho», que sigue siendo muy actual.
Es lamentable que, por otro lado, este equipo de gobierno PP-Vox sea tan despreocupado en reclamar las necesidades educativas, y de otra índole, que la Generalitat tiene pendientes con Elx. Una vez finalizadas las actuaciones que venían del Botànic, y les ha costado, qué poco se ha hecho. Ni siquiera han sido capaces de reclamar actuaciones previstas en el Plan Edificant, o de dar solución a algo tan necesario como el nuevo Conservatorio de Música, y eso que el alcalde se dice un enamorado de la música, pero debe ser sólo de la celestial y algo menos de la terrenal.
Aún se está a tiempo de reconducir la problemática que afecta al conjunto de la enseñanza pública en nuestro municipio y en nuestra Comunidad. Es necesario retomar el diálogo y abrirse a las justas reivindicaciones planteadas. Esperemos que el anuncio de reuniones este jueves sirva para desbloquear la situación y avanzar. Toda la comunidad educativa necesita soluciones, y que se avance en mejoras. Lo necesita el profesorado y todo el personal no docente, pero también el alumnado, padres y madres y toda la comunidad.
Es algo demasiado importante, para despreciarlo como hace la conselleria.
Nos estamos jugando una mejor o peor sociedad actual, pero, especialmente, que, en el próximo futuro, las generaciones que ahora aún están estudiando puedan desarrollar un nivel de conocimientos y eficacia acorde a los nuevos tiempos.
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