El Gran Wyoming visitó esta ‘La noche de Aimar’, el programa de Aimar Bretos en laSexta, para realizar un repaso por su trayectoria vital y profesional. Durante la charla, el humorista puso el foco en la represión policial que vivió en sus inicios y recordó episodios crudos de la dictadura que marcaron su juventud.
Wyoming recordó que fue pionero en el uso de la improvisación, algo que en aquel entonces era una actividad de alto riesgo: «Fui la primera persona que habló sin guion en un escenario. Estaba terminantemente prohibido. En un teatro no podías decir una palabra que no estuviera en el libreto».
El presentador reveló un detalle sorprendente sobre la censura: «Había siempre un asiento vacío por si iba un policía, que iba con el libreto para apuntar cosas. Me hice famoso porque hablaba y era un fenómeno que nadie había visto».
La brutal paliza el mismo día del entierro de los abogados de Atocha
Uno de los momentos más destacados de la entrevista fue cuando Wyoming relató una agresión física a manos de las autoridades de la época. Sucedió el día del entierro de los abogados de Atocha. Wyoming, que venía de la playa, no sabía lo que había ocurrido.
Al llegar a sus bares habituales en Ciudad Universitaria, la policía —a la que define como «el terror»— le paró: «Como llevaba el pelo muy largo me preguntaron si era hombre o mujer. Me quedé callado, me arrastraron del pelo y me pegaron una somanta de hostias; estuvieron bastante rato».
El choque de realidad con la dictadura al llegar a la Universidad
Su conciencia política despertó el primer día de carrera: «El día que entré en la facultad con 17 años vi en cada columna a un policía con una ametralladora». Aunque nunca militó en partidos —»era hippie y fumaba porros, y la militancia era algo serio donde te jugabas torturas»—, Wyoming asegura que no es él quien se ha radicalizado: «España se ha facistizado tan radicalmente que es el país el que se ha movido; yo sigo en el mismo sitio».
Otros titulares de la entrevista
Sobre Vox y el PP: «No puedes hacer una política democrática con un partido que no lo es ni de coña porque ya todo se vuelve fascismo».
Su infancia y el TDAH: «Fui muy buen hijo porque no me veían el pelo, pero no estaba diagnosticado de esto que ahora llaman déficit de atención hiperactiva». Recordó incluso que, de niño, llegó a orinar sobre el mostrador de la farmacia de su madre porque no le daban lo que quería.
La figura de su madre: «Era farmacéutica y gran parte de los ingresos venían de ella. Para mí era un ser extraordinario, pero clandestino, porque si la incapacitaban perdíamos el negocio».
Una mili accidentada: Se libró de la mitad del servicio militar al presentarse voluntario para una misión en el Líbano que finalmente se suspendió porque solo se apuntaron dos personas en toda España.
La muerte: «Tengo conciencia de inmortalidad y sé que es falso. Sé que voy a palmar, pero no lo tengo presente»
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