Este lunes 11 de mayo se ha celebrado en Canal Sur el segundo -y último- debate entre los candidatos a presidir la Junta de Andalucía tras las elecciones del próximo 17 de mayo. Un debate que se ha celebrado en una cadena pública, Canal Sur, que vive un contexto marcado por las denuncias de los trabajadores públicos por la injerencia política de la Junta de Andalucía en la dirección de contenidos y las denuncias por falta de personal. De hecho, había convocada una huelga de los propios trabajadores que ha provocado que horas antes a la celebración del debate la cadena experimentara un fundido a negro; es decir, la televisión pública dejó de verse por momentos. También ha sido un debate marcado por una protesta sanitaria a las puertas del edificio. Una movilización que ha ocasionado que los candidatos pudieran mostrar sus posiciones políticas desde antes incluso de que comenzara la propia discusión entre ellos en televisión, y mientras los candidatos de izquierdas se acercaron a saludar, los de derechas bajaron directamente de sus respectivos vehículos y entraron en el edificio bajo sonoras pitadas.
En cualquier caso, el debate se celebró con total normalidad. Al menos, aparente. Es inevitable comparar, y en la sala de prensa de Canal Sur se ha hecho. Este lunes los candidatos han ‘rendido’ peor que en el debate de RTVE. En términos generales han sido 1:30 horas un poco densas, con su pertinente descanso para un bocadillo en la sala de prensa. Al principio parecía incluso que los candidatos no querían ni hablar. Se dio una paradójica situación después de la primera intervención del candidato de Por Andalucía, Antonio Maíllo, donde ninguno de los cuatro restantes esbozó ninguna palabra.
Pero después, todo cogió un poco más de carrerilla. El debate ha estado estructurado en tres bloques. El primero, economía y empleo. El segundo, políticas sociales, que ha englobado vivienda, sanidad, educación y dependencia. Y el tercero, financiación autonómica.
Una elección de bloques, principalmente el segundo, que ha estado bajo el foco de la polémica, denunciado principalmente por Antonio Maíllo. Tanto en el propio debate como en la rueda de prensa posterior, el candidato de izquierdas ha señalado que es demasiada casualidad que el bloque más importante del debate, y que aglutina las principales preocupaciones señalados por los andaluces -en las encuestas-: sanidad y vivienda, formen parte de un bloque tan amplio. A causa de esto, se ha quejado Maíllo, ha impedido que la oposición pudiera desarrollar sus propuestas con suficiente claridad.
Primer bloque
Moreno ha entrado un poco más a la discusión con sus oponentes políticos que en el anterior debate. No obstante, lo máximo que esbozó el dirigente andaluz fueron expresiones como: «Es mentira», «eso es falso», «qué mentira», etcétera. Comenzó elevando el tono el candidato andalucista, José Ignacio García, acusando a Moreno de generar alarmismo por culpa de unas declaraciones del presidente, donde vino a decir que no si sale elegido no habrá oposiciones por la paralización administrativa mientras se conforma el nuevo Gobierno. Esa idea de lío.
Maíllo incluso ha vuelto a mofarse del presidente: «No sabe ni cómo funciona ni su propia administración«. García, más de lo mismo: «Yo sí sé lo que es estudiar unas oposiciones»; los candidatos de la izquierda alternativa volvían con sus grandes hits -y virales- del debate anterior, eso sobre que Moreno solo ha trabajado en política.
Por su parte, la candidata Montero recriminaba al presidente andaluz no haber actuado frente a las consecuencias energéticas y de coste derivadas de la guerra en Irán. Mientras el Gobierno de España aprobaba un paquete de medidas del que se benefician los andaluces, Moreno no actuó. Por otro lado, Montero ha repetido en la tele pública una medida que ya anunció en el desayuno de EuropaPress: un cheque de entre 150 y 350 euros para compensar el elevado coste.
Moreno saltó enseguida. A Maíllo y a García los ha tratado de ignorar, ha entrado poco al fango con ellos. A Gavira apenas le ha dirigido la palabra, si es que lo ha hecho. No ha hecho miramientos con Montero. Moreno quiere disputar los votos socialistas, y confronta constantemente con Montero por su labor en el Gobierno de Sánchez. Una lógica que, por otro lado, es la que ha repetido Moreno durante estos últimos cuatro años, y que la propia Montero le ha señalado en el debate. Lo que va bien en Andalucía es obra de Moreno, lo que va mal, del Gobierno de Sánchez. Y mientras se habla de Sánchez -y Cataluña- no se habla de gestión.
Así, mientras que las izquierdas reclamaban competencias, intervención del mercado o políticas sociales y no para rentas altas, Moreno acusaba a la candidata socialista de «freír a impuestos» a los andaluces. Hablando de impuestos, el candidato de Adelante le ha preguntado insistentemente a Moreno si aceptaría un impuesto a las empresas privadas beneficiadas de sus derivaciones; no hubo contestación.
Segundo bloque
Serenidad o estabilidad son algunas de las palabras más repetidas por el PP andaluz y por Moreno Bonilla. Unas palabras que esbozan mientras que en la confrontación dialéctica con el resto de parlamentarios no entra a debatir la profundidad de las críticas. El presidente andaluz ha vuelto a ser interpelado para que cuente qué ocurrió en la negligencia de los cribados. Unas explicaciones que han vuelto a no contentar a la oposición. Moreno se escuda en el «fallo de información» y en que no ha habido mujeres fallecidas. «Si tiene esa seguridad, ¿por qué no da los datos?» le ha preguntado Montero, ante el silencio de Moreno.
El presidente andaluz comenzó su exposición atacando al Gobierno central porque «servicios públicos», según él, también es defender a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Un mensaje en relación con el lanzado el pasado viernes tras las muertes de los guardias civiles y que tiene poco de «sereno», acusando al Gobierno central de las muertes de dos trabajadores que fallecieron en un desafortunado accidente. Tampoco es muy «sereno» que haya repetido la falsa cifra de los 7.000 sanitarios despedidos en época de Montero, algo que lleva más de un año desmentido, pese a que los dirigentes del PP lo hayan repetido en diferentes ocasiones para no hablar de su gestión.
Sí ha hablado Moreno Bonilla de Adamuz. El accidente ferroviario que costó la vida de 46 personas es el ‘arma’ de Moreno Bonilla para distraer al público. Cuando le acusan de los cribados o el caso de la Diputación de Almería, y en lamentable ‘y tú más’, Moreno acusa al Gobierno central de una suerte de ocultismo en el caso, que actualmente continúa investigándose. Tal es su utilización y continuo arrojo contra el PSOE, que el propio alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno Reyes, ha acusado al presidente andaluz de «utilización política» de las víctimas y ha criticado que el operativo de emergencias no estuvo operativo hasta pasadas las dos horas.
Tras las discusiones de los cribados, donde la oposición ha vuelto a cargar contra el presidente andaluz y este a victimizarse esgrimiendo que todos van contra él -uno de los inconvenientes de gobernar-, Moreno ha negado la mayor y ha salido del paso como ha podido; en un bloque en el que no ha dado respuesta, más que negar, a las acusaciones de los rectores de asfixia financiera a las universidades; a la desastrosa atención de la dependencia, a las familias con hijos con necesidades especiales; a las listas de espera, etcétera. El punto débil de Moreno en ambos debates ha sido su gestión, más allá del márketing y las cifras.
El candidato de Adelante incluso le recordó a Moreno sus palabras en el debate de 2018, donde prometió reducir las listas de espera:
«¿Usted sabe el sufrimiento de una persona que tiene un problema de salud, un problema diagnóstico, la incertidumbre, la ansiedad que nos genera a todos cuando tenemos algún tipo de problema de salud, que espere, pasen los días, las semanas, los meses y no te den una cita? ¿Usted se pone por un segundo en la piel de esa persona? Yo quiero acabar con las listas de espera. Por eso vamos a proponer que en 60 días sea el máximo para una intervención quirúrgica, 15 días para una consulta, 10 días para una prueba externa y, por supuesto, para enfermedades oncológicas desde el momento de diagnóstico hasta que comience el tratamiento, 30 días», dijo Moreno en 2018.
Ocho años después, García le acusa: «¿Lo reconoce? Es usted en el debate electoral de Canal Sur en el año 2018, dirigiéndose al anterior gobierno. Esto, con estas palabras fue usted presidente de la Junta de Andalucía. Usted engañó a los andaluces. ¿Usted dice que mentimos al resto? Usted mintió».
Tercer bloque
En financiación, otra pregunta sin respuesta. Aquí ya se atrancó un poco el debate. Mientras que Moreno criticaba el modelo presentado por María Jesús Montero, por ser un modelo «redactado» por Junqueras y el maligno independentismo catalán, se ha quedado sin respuesta cuando Montero le ha preguntado por qué modelo es el que presenta el PP. Ante el silencio como respuesta, la izquierda le ha recordado que el Parlamento andaluz aprobó por mayoría, a excepción de Ciudadanos, tal y como ha recordado Maíllo, una reclamación al Gobierno central de un nuevo modelo de financiación que compensara el déficit de estructural andaluz. Aquella propuesta requería 4.000 millones de euros, por 5.700 millones que ofrece María Jesús Montero y que rechaza el PP en bloque.
Mientras todo esto estaba en discusión el portavoz de Vox se dedicaba a repetir «prioridad nacional», a decir que «nadie habla del campo» sin propuestas para el sector agrícola y misma operación para el pesquero. Solo ha estado Gavira para recordarle a Moreno que, cuando todos le atacan, él permanece callado; y para confrontar con Adelante Andalucía. Se la tiene guardada Gavira al candidato andalucista después de que este acusara a su jefe de prensa, Álvaro Zancajo, de cobrar de Canal Sur mientras trabaja para Vox.
Bloques políticos
Durante los 90 minutos que ha durado la emisión se ha evidenciado, con mayor insistencia si cabe, los bloques políticos que conformarán, a tenor de las encuestas, los diferentes representantes políticos andaluces. La mayoría de Moreno no solo está en el alambre, sino que un cruce de diferentes circunstancias puede propiciar que el presidente andaluz se ‘quede’ en torno a los 51 o 52 diputados. Una situación que beneficiaría a la extrema derecha, principalmente, que exigiría entrar en el Gobierno andaluz, al menos marcar parte de su línea política; Gavira no para de repetir «prioridad nacional». Aunque el presidente del PP haya asegurado que si supera los 40 y tantos diputados no permitirá un gobierno de coalición.
Por otro lado, las izquierdas tampoco se ocultan. Las posibilidades de alcanzar el Gobierno andaluz pasan únicamente por la unión de las tres (PSOE-A, Por Andalucía y Adelante Andalucía). Ahora mismo, las encuestas no les dan los suficientes escaños. Sin embargo, los tres candidatos son conocedores de que su posibilidad pasa por desatar la movilización en el electorado progresista. Principalmente Montero y Maíllo están obsesionados con ese más de medio millón de votantes que escogieron PSOE y Sumar en las elecciones generales de 2023 y que podrían volver a hacerlo en 2026. Por ellos pasa su estrategia y a ellos han apelado en sus minutos finales.












