Eurovisión tiembla. Israel podría ganarlo con una canción que, en otra edición, sin el componente político, pasaría desapercibida. Michelle tiene todo lo que dejó en última posición a Turquía (1987), Lituania (1994) y Malta (2006). Es sosa, altamente prescindible. No tiene espíritu. Sin embargo, ha conseguido uno de los 10 pasaportes a la final que se disputaban este martes. 948 días después de iniciar un genocidio en Palestina, Tel Aviv continúa blanqueándose en el festival. Por tercer año consecutivo, su participación ha sido controvertida. Poniendo, incluso, en peligro a las 16.000 almas que se han reunido en el Wiener Stadthalle. De nada ha servido el intento de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) por maquillar las pitadas durante su actuación: mientras Noam Bettan cantaba, su país seguía asesinando personas en Gaza. Y ya van 72.736. Una situación que no sólo ha provocado la retirada de España, también ha ensombrecido la gala que Victoria Swarovski y Michael Ostrowski han conducido sin gracia. Mañana pocos la recordarán. Como al resto de candidatos.
Ni siquiera Finlandia, primera en las casas de apuestas, ojo, ha logrado aplacar a Israel en la primera semifinal. Todos los ojos estaban puestos sobre quien lleva dinamitando el certamen desde 2023. El gobierno de Benjamín Netanyahu inició la masacre el 7 de octubre y, desde entonces, la KAN, su televisión pública, lo ha utilizado para mostrar su particular visión de los hechos con dos propuestas claramente politizadas: Hurricane y New Day Will Rise. “La gente se va, pero nunca dice adiós. Alguien robó la luna esta noche, tomó mi luz. Ahora, todo es blanco y negro”, cantó Eden Golan. “Amanecerá un nuevo día, continuará la vida. La oscuridad se desvanecerá. Todo el dolor pasará, pero nosotros quedaremos”, defendió Yuval Raphael. Su presencia ha generado una tensión feroz en un concurso cuya naturaleza dista bastante de estos valores. Anoche, en una Viena bloqueada por los acontecimientos, quedó patente por qué España decidió apartarse.
Linda Lampenius y Pete Parkkonen representan a Finlandia en Eurovisión 2026. / EFE
“La situación en Gaza, pese al alto el fuego y la aprobación del proceso de paz, hace cada vez más difícil mantener la cita como un evento cultural neutral”, señaló RTVE en diciembre. Una realidad que, este lunes, a escasas horas de arrancar la 70ª edición, The New York Times ha refutado: según este periódico, Israel lleva destinando dinero público para manipular el televoto desde 2018. “En algunos países habrían bastado unos cientos de personas para asegurar la victoria, lo que lo hace susceptible a la influencia de campañas gubernamentales”, recoge. En las últimas horas, además, se ha conocido que la UER ha amonestado a la KAN por promover campañas masivas con este objetivo. El nuevo reglamento lo prohíbe expresamente. La disputa también saltó a la política, con Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, a la cabeza. “Otro año que voy a a votar a Israel sin haber escuchado la canción”, tuiteó. Las respuestas no tardaron en llegar. Su partido también culpabilizó a Pedro Sánchez del mal resultado que obtuvo Melody en 2025.

Lelek, de Croacia, han defendido ‘Andromeda’ en la primera semifinal de Eurovisión 2026. / EFE
La salida de España, miembro del Big Five, junto a Islandia, Irlanda, Países Bajos y Eslovenia, ya ha dado el primer bofetón a Eurovisión. “Será más caro participar en las próximas ediciones”, aseguró Christer Björkman, su productor en 2024 y 2025, en el podcast Eurovisionklubben. La tensión financiera es evidente: intentaron paliar la hecatombe con la vuelta de Rumanía, Bulgaria y Moldavia, dándoles facilidades económicas para forzar su regreso. No obstante, como dijo el experto, “no compensan las pérdidas”. En total, han aceptado la invitación 35 banderas: la cifra más baja desde 2003. Asimismo, la pérdida de interés es palpable: las reproducciones han caído un 45%. Tal y como ha desvelado ESCStreams, estamos ante la hornada que menos interés ha despertado desde 2020. La diferencia es abrumadora: el caso sueco es buen ejemplo. Mientras que, en 2023, Tattoo acumulaba 47 millones de escuchas a 10 días del desenlace, My System, en 2026, sólo alcanza 18.
Acertadísimas Croacia y Suecia
La canción de Felicia ha sido lo mejor de una velada marcada por el morbo. Suecia jamás falla: vocalmente intachable, ha montado una rave de lo más particular. Es cierto que, esta vez, a diferencia de otros años, no tiene una candidatura ganadora. Ahora bien, siempre, sin excepción, lleva al Viejo Continente una de las mejores propuestas. Sólo Finlandia le ha hecho competencia. Al confesionario que Linda y Pete han levantado le falta chispa para hacerse con el Micrófono de Cristal, pero es de las pocas con opciones de salvar Eurovisión. Si bien Liekinheitin no aporta nada nuevo, al menos, menudo consuelo, la ejecución ha sido impecable. Un dato súper a favor: el violín suena en directo. Ambas, junto a las caricaturescas Moldavia y Grecia, que se han convertido en un fenómeno en sus respectivos territorios, se han clasificado para la final que tendrá lugar este sábado. Hace un año Israel estuvo a punto de llevársela al terminar en segunda posición. Sólo Austria consiguió impedirlo gracias a un sublime JJ.

Akylas, de Grecia, en la primera semifinal de Eurovisión 2026. / EFE
Gran acierto el de Croacia. Su apuesta por lo étnico en Andromeda ha resultado apoteósica. Más allá de la realización, con planos rapidísimos, enfatizando el tono de la escenografía, hay que reconocer el buen gusto de las guerreras Lelek al cantarla. Lo mismo que Lion Ceccah, por Lituania: defendió Sólo quiero más, en español, con un aplomo descomunal, dándole a su interpretación cierto puntito cinematográfico. Hacía tiempo que Vilnius no llevaba una candidatura de peso. A Serbia, por su parte, le sienta de fábula distanciarse de las últimas tendencias. Ya lo certificó en 2022 con Konstrakta. Y, en esta ocasión, ha vuelto a corroborarlo con Lavina, una banda de rock en estado puro. Quizá, no sea el género fetiche de la mayoría. Sin embargo, Luka y los suyos han estado hipnóticos. También han pasado Polonia y Bélgica, dejando fuera a Portugal, Georgia, Estonia, San Marino y Montenegro. El problema es que nada de esto ha interesado. Israel lo ha eclipsado todo.










