Me lo preguntan mucho cuando camino por la playa de San Lorenzo y voy a acabar de cónsul de la lengua sin retribución. «Bienal» designa aquello que ocurre cada dos años. Ejemplo: «La feria del gochu será bienal» quiere decir que veremos exposición porcina un año sí y otro no. Pero «bianual» es aquello que ocurre dos veces al año: «La feria del gochu se celebrará todos los años en enero y en junio». Por eso creo que hay error en «El congreso de llingua asturiana en Madrid se organiza bianualmente». O sea, se organizó en 2022, en 2024 y ahora toca porque estamos en 2026. Cada dos años. Hasta ahí, bien. Si se reuniesen dos veces al año no iba a haber cama para tanta gente. Ay, los errores: el miércoles 22 de abril, un fallo gordo y feísimo me atribuyó en estas mismas páginas –incluso con foto y título de mi sección habitual– un artículo sobre el historiador Luis Suárez Fernández, tan caro al franquismo, tan lejano a mí. Se eliminó con presteza de la edición digital. Pero permanecerá el error en la de papel, como muestra de lo humano que es errar.
«Su cuerpo se estaba convirtiendo literalmente en una cervecería». Por esas cosas raras de la vida existe en contados casos un fenómeno llamado «síndrome de la autofermentación». Las responsables son unas bacterias que provocan intoxicación sin beber alcohol. Para entendernos a lo burro: te paran los guardias en un control de alcoholemia; te mandan soplar y soplas; declaras por todos tus muertos que vienes de la Convención de Abstemios, a la que perteneces con cargo de director; que llevas cincuenta años sin probar una gota… pero soplas y das positivo. Pues puede ocurrir, aunque la química te pilla por otros métodos y te alivia a multazos. Pero me llama muy mucho la atención ese «literalmente», cada día más usado. «Literalmente» significa «tal cual, exactamente», con lo cual el titular dice que ante los ojos y el muy imaginable espanto de la autoridad competente mudas en una fábrica de cerveza, te transformas en un local donde se vende y se toma cerveza. Que tú ya me entiendes, que quería decir «figuradamente» o algo así. Pues dilo, caramba.
Las diferencias: crédulo es el que toma las cosas literalmente (si le dices que hay un burro volando, mira al cielo). Cleptómano es el que toma las cosas, literalmente. La coma modifica todo el sentido: si dejas a un cleptómano dormir en una tienda de electrodomésticos, al día siguiente te encuentras un solar donde frigoríficos hubiera.
Da gusto lo apacible. Por ejemplo, la charla que mantuvieron Pedro de Silva –si enumero sus logros, no tengo papel para hacerlo– y el emergente –que ya no lo es, pues sus libros pasan con éxito la docena– en la Casa Natal de Jovellanos con el fin de presentar por el primero la novela del segundo, «La cabeza de Goya». Como es sabido, al abrir el féretro del pintor para repatriar sus restos desde Burdeos –donde el aragonés consumió los trozos de cordura que aún le quedaban– resulta que el Sordo por excelencia, el genio de Fuendetodos apareció decapitado. Y resulta que nadie sabe quién ha sido. Y resulta que muchas decenas de años después a lo mejor, vaya usted a saber, el asturiano Dionisio Fierros la pintó. Y resulta que ahí está todo: misterio, acaso venganza de no se sabe quién… De tantos y otros tantos resultas, resulta que Miguel Barrero –quien dirigirá la Semana Negra gijonesa ya este año– levanta en letras con ellos unos siglos tan diferentes como parecidos a la época que nos toca vivir: con intriga, y documentación –una manera de decirnos: ciudadano, que sé muy bien de lo que escribo, a mí no me tosáis–, y esa prosa tan suave, que se desliza sin trompicones tan –cómo diría yo– apacible. Y De Silva, quien nunca tiene prisa, para qué.
Suscríbete para seguir leyendo












