Todos los protagonistas del sector inmobiliario coinciden en uno de los problemas endémicos que arrastra el mercado y que apunta a agravarse en los próximos años: la falta de mano de obra. La construcción es el perfecto paradigma de una coyuntura que, como advierten los promotores, solo tiene una solución posible y que pasa por la industrialización del sector. De esta forma, las viviendas de obra nueva ganarían en rapidez y eficacia y se podrían construir con el 50% de los trabajadores que requieren actualmente. Máxime, teniendo en cuenta la entrada de competencia por los trabajadores, como los centros de datos, que dificultarán aún más si cabe la búsqueda de empleados.
Este ha sido el diagnóstico del presidente del clúster de la construcción de Aragón, Juan Carlos Bandrés, director general del grupo Lobe y uno de los protagonistas en la primera edición de InmoConnect, una jornada organizada por Caja Rural de Aragón y que ha contado con el mediático economista Gonzalo Bernardos como figura principal. El profesor catalán ha reparado en que el volumen actual no es suficiente para satisfacer la enorme demanda, con 132.000 pisos iniciados en 2025, frente a los 205.000 de 1991, cuando había 11 millones menos de personas en el país.
Con todo, Bandrés ha asegurado que no le gusta «focalizar todo en la mano de obra». «La mano de obra artesanal ya no está ni va a estar, y la presión y las exigencias de calidad del cliente ya no están para construcciones hechas como antes», ha analizado el promotor, quien ha explicado que desde Lobe llevan años apostando por esa industrialización, «desde que ni siquiera la llamábamos así». Aunque advierte: «El sector no se tiene que confundir. No basta con incorporar productos de fábrica, primero hay que industrializarse como empresa. Hemos cometido errores, pero lo importante es detectarlos y subsanarlos».
Según el presidente de la patronal, esta industrialización cambiará también el paradigma de los trabajadores del ramo. «No va a tener nada que ver con ser encofrador, albañil, electricista o fontanero. Nos tenemos que olvidar de esos patrones y ser realistas», ha señalado, situando en los próximos cinco años la etapa en la que se producirá el cambio definitivo de modelo.
En un diálogo con el propio Bernardos y María Pilar Sánchez, de la promotora CAS, Bandrés ha añadido otro «pro» que ofrece la construcción industrializada. «Los defectos de obra tenderán a ser testimoniales», ha aseverado, añadiendo que, además, permitirá crecer a empresas como la suya por el territorio porque «ya tendremos las viviendas hechas». En cuanto al incremento de costes, el director general de Lobe se ha detenido especialmente en los «laborales», más allá de los flujos puntuales en el precio de los materiales por circunstancias externas, sobre todo geopolíticas (Ucrania, Oriente…) en los últimos tiempos.
Distintos futuribles
Por su parte, la arquitecta y CEO de CAS, María Pilar Sánchez, ha apuntado a otra de las realidades del sector, presente en el campo en el que su promotora es especialista, las unifamiliares, especialmente en Cuarte de Huerva. Así, en un proyecto de 60 chalés, CAS ya ha vendido más del 50% de la primera fase (20 viviendas), aunque el perfil es mayoritariamente extranjero. «Lo llamamos el lujo silencioso. Los clientes vienen con esa mentalidad europea en la que valoran otras cosas, aunque poco a poco va evolucionado aquí también», ha suscrito Sánchez.
Mientras, Bernardos ha reparado en el hecho de que el área metropolitana de Zaragoza no tenga nada que ver en la actualidad con el de ciudades similares como Sevilla o Valencia. Ante esto, la arquitecta zaragozana ha contextualizado que la capital aragonesa «tiene la ventaja de que tiene capacidad de seguir creciendo, además de contar con vacíos urbanos en el centro». «De momento, el mercado de la vivienda colectiva está en Zaragoza y el de la unifamiliar, en Cuarte», ha sentenciado.
El economista Gonzalo Bernardos, este martes en la sede de Caja Rural de Aragón en Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia
La llegada de inversiones milmillonarias a la comunidad también ha sido abordada, especialmente por un Gonzalo Bernardos que ha reflexionado sobre el viejo modelo en el que fábricas como la Seat de Barcelona venían aparejadas de viviendas propias. Algo que, asegura, en el Gobierno de Aragón ya le han trasladado que podría replicarse. «Va a obligar a transformar al sector por la presión de esas inversiones. Además, se llevarán a un número importante de trabajadores, lo que va a obligar a replantearnos algunas cuestiones», ha matizado Bandrés.
La jornada
En total, han sido más de 300 los profesionales inmobiliarios que se han dado cita en la sede de Caja Rural de Aragón en Zaragoza, en el Coso, en la que ha sido la primera jornada de InmoConnect. La voz más destacada ha sido la de Bernardos, que ha definido la capital aragonesa como un «paraíso inmobiliario» y Aragón como una «tierra prometida» -el economista tiene inversiones en Arcosur-, anticipando que «Zaragoza tiene una oportunidad de crecimiento que no debería desaprovechar».
«Los retos del futuro del sector deberemos afrotnarlos desde la colaboración de todos los profesionales que formamos parte del ecosistema inmobiliario», ha esgrimido el director de Canal Digital y Colaboradores de Caja Rural de Aragón, Sergio Ibarzo.
En la jornada también se han abordado las estrategias de inversión (desde el alquiler convencional y de temporada hasta la transformación de locales en pisos), con Fernán Arcilla (Glove Soluciones) y Agustín del Frate (Apartamenticos); la gestión patrimonial, con Ignacio Aranda (Guinot & Prunera, Althena) y Virginia Navas (Garlan); así como la situación de las viviendas turísticas en el Pirineo oscense, con Horacio Asensio (Fincas Aneto) y Mónika Rodríguez como voces autorizadas. La jornada la han cerrado Fernando Banea, presidente de API, y su homólogo en el Colegio de Administradores de Fincas de Aragón, Antonio Calvo.














