Desde hace seis años, y en cumplimiento de lo que a estas alturas se ha convertido en regla no escrita, cada nueva edición del festival de Cannes se inaugura con una película francesa que se estrena comercialmente en toda Francia de forma simultánea a su proyección en la ceremonia de apertura del certamen. Según la versión oficial, los organizadores del mismo adoptaron la medida con el fin de invitar a sus conciudadanos de todo el país a la fiesta que el evento representa; lo cierto, en cambio, es que lo hicieron para reparar los daños de su relación con el gremio de los exhibidores cinematográficos galos, que entre 2017 y 2019 estuvieron en pie de guerra con el festival por motivos que no hace falta detallar aquí; baste decir que tienen que ver con Netflix.
Y, si se tiene en cuenta esa argucia, tiene bastante sentido que la película encargada de inaugurar hoy la 79ª edición del certamen haya sido una que gira en torno a la impostura y la mentira. Son asuntos, por cierto, constantes en la filmografía de su director, Pierre Salvadori. “La mentira siempre me ha parecido un recurso cómico muy eficaz, porque genera caos, y la comedia es caos organizado”, afirma. “Además, un engaño da dinamismo a la narración porque permite al espectador saber algo que los personajes ignoran. Y, cuando un personaje está dispuesto a decir cualquier embuste para salir de su situación, resulta fascinante”.
‘La Venus eléctrica’ es su undécimo largometraje, y su relato transcurre en París en 1928. Allí, un pintor que ha perdido la inspiración tras el fallecimiento de su esposa contrata a una médium para que lo ayude a establecer contacto con la muerta, sin imaginar que la mujer es una impostora; poco a poco, el engaño se va transformando en algo parecido a un triángulo amoroso que difumina la línea divisoria entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Mientras lo desarrolla, Salvadori demuestra una capacidad evidente para proponer una tetralidad nada acartonada, una atmósfera carnavalesca inmersiva y una colección de diálogos sofisticados mientras presenta otro motivo por el que su película es ideal para inaugurar Cannes.
Porque, en última instancia, ‘La Venus eléctrica’ ha sido diseñada a modo de homenaje al cine mismo. Queda claro, por ejemplo, al detectar sus parecidos a clásicos como ‘Ser o no ser’ (1942), de Ernst Lubitsch -de la que toma la convicción en el poder de la comedia para recuperarnos de la tragedia-, y ‘Vértigo’ (1958), de Alfred Hitchcock, que hace más de seis décadas ya habló de falsos amantes que regresan de la tumba. Además, la película reivindica que la ficción, y, por tanto, el cine, sirve para hacer presentes a los muertos, consolar a los vivos y transformar un engaño en un milagro; que la realidad no importa tanto porque lo imaginario, lo falso, tiene la capacidad de ayudarnos a sobrevivir.
Esquivando el titular
Mientras difundía ese mensaje rayano en el onanismo, el festival ha pasado las últimas horas tratando de esquivar los intentos de la prensa de generar titulares llamativos y, por tanto, virales. Su director, Thierry Frémaux, mantuvo un encuentro con la prensa ayer por la tarde, y en su transcurso justificó como pudo -esperamos que no se repita, vino a decir- la ausencia total de grandes producciones de Hollywood en la programación del certamen pese a que en su momento se confió en que iban a presentarse aquí la nueva película de Steven Spielberg, ‘El día de la revelación’, o la nueva entrega de la saga ‘Star Wars’, ‘The Mandalorian y Grogu’. En realidad, la explicación es obvia: en los últimos años, ‘blockbusters’ presentados aquí como ‘Indiana Jones y el dial del destino’ (2023), ‘Elemental’ (2023) y ‘Furiosa’ (2024) acabaron fracasando en taquilla. Asimismo, Frémaux quitó importancia a la escasa presencia en la programación de películas dirigidas por mujeres, y defendió el derecho de cineastas, organizadores y demás profesionales vinculados a festivales a no expresar opiniones políticas.
Esta mañana, uno de los miembros del jurado que este año elegirá a la película ganadora de la Palma de Oro, y que preside el cineasta coreano Park Chan-wook, ha decidido renunciar a ese privilegio. Durante una rueda de prensa, el guionista Paul Laverty ha declarado: «¿No resulta fascinante ver que profesionales como Susan Sarandon, Javier Bardem o Mark Ruffalo son anotados en listas negras por sus opiniones contrarias al asesinato de mujeres y niños en Gaza? ¡Es vergonzoso que Hollywood haga eso! Ellos tienen todo mi respeto y mi total solidaridad”. Si esa lista negra existe -y, al serle entregado el Goya de Honor, la propia Sarandon afirmó que así es-, desde hoy quizá haya un nombre más en ella.
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