Raúl López puso palabras al ascenso del Monbus Obradoiro a la ACB en el programa de O Noso Basket desde la emoción y desde la perspectiva de quien ha vivido muchas etapas dentro del baloncesto gallego. El presidente obradoirista reconoció que lo sucedido en Santiago superó todas sus expectativas, tanto por la respuesta en el Multiusos Fontes do Sar como por la movilización de los aficionados fuera del pabellón.
«No me imaginaba lo que pasó el viernes allí en Sar», admitió López, que destacó la presencia de más de 6.000 personas dentro del recinto y de varios miles más en el exterior. Para el dirigente, esa imagen explica el peso social y económico del Obradoiro en Santiago, una ciudad a la que, según recordó, la presencia del equipo en la élite le genera una importante repercusión, haciendo alusión a la noticia de EL CORREO GALLEGO.
El presidente repasó una temporada marcada desde el inicio por los contratiempos. Primero, la situación de Ondrej Balvin; después, varias lesiones de larga duración que obligaron al club a reaccionar en el mercado. López subrayó que la entidad acertó con los sustitutos y que cada incorporación ayudó a fortalecer al grupo, no solo desde el plano deportivo, sino también desde el humano.
En ese punto situó una de las grandes claves del ascenso. «Llevo muchos años en el baloncesto, veintitantos, y nunca encontré una plantilla tan unida», afirmó. Según López, el equipo funcionó como «una piña», con protagonistas diferentes en cada jornada y con una convivencia interna que permitió superar los golpes de una campaña especialmente exigente.
El máximo dirigente del club también personalizó buena parte del éxito en Diego Epifanio. A su juicio, el entrenador supo administrar los roles, mantener conectado al vestuario y evitar que los cambios forzados por las lesiones rompieran la estructura del equipo. «El entrenador lo ha hecho todo perfecto», señaló, antes de matizar que, como cualquier persona, también puede equivocarse, pero por el que confirma que apuesta, sin ninguna duda, para el proyecto de ACB.
La afición ocupó otro lugar central en su discurso. López agradeció el cántico de «busero, quédate» escuchado en la recepción del Concello y lo asumió con orgullo. «Que me llamen busero para mí es un halago», explicó, recordando sus orígenes empresariales en una compañía familiar de autobuses y defendiendo que el término, cuando llega desde el cariño de la grada, le honra.














