Hoy en día, mantenerse constante con el ejercicio se ha vuelto más complicado de lo que parece. Las jornadas largas, el cansancio acumulado y la necesidad de obtener resultados rápidos hacen que muchas personas abandonen antes de convertir el entrenamiento en un hábito real.
A eso se suma la presión de querer hacerlo todo perfecto desde el primer día, una expectativa poco sostenible que termina jugando en contra de la motivación.
El problema de abandonar el gimnasio no es la motivación
La constancia no suele depender de entrenar más, sino de encontrar una rutina que realmente encaje con el ritmo de vida de cada persona. Por eso, adaptar la frecuencia y la intensidad a las posibilidades reales termina siendo mucho más importante que perseguir objetivos imposibles desde el primer día.
Sebastián La Rosa insiste en esa idea y recuerda que intentar pasar de no entrenar nunca a ir cinco días por semana solo conduce al abandono: crear hábitos sostenibles es lo que de verdad permite mantenerse en el gimnasio a largo plazo.
Imagen de un gimnasio / SPORT
Para él, el error más común es pensar solo en el entrenamiento y olvidarse de todo lo que lo rodea. Prepararse, desplazarse, ducharse después o incluso cambiarse de ropa también forman parte del proceso, y si no se tiene en cuenta desde el principio, mantener la rutina acaba siendo mucho más difícil de lo que parece.
Por eso insiste en algo básico, pero que muchas veces se pasa por alto: empezar con objetivos realistas y una planificación que encaje de verdad con el ritmo de vida de cada persona. La constancia, según explica, no nace de la motivación perfecta, sino de crear hábitos que resulten sostenibles y fáciles de repetir semana tras semana.









