Cuando Deliciosamarta abrió sus puertas, hace ya 20 años, el panorama gastronómico de Las Palmas de Gran Canaria era muy diferente al actual. Fue una decisión valiente, desde luego, entre otras cosas porque supuso el inicio de un impulso culinario con una oferta impactante —en el sentido más positivo de la palabra— y rápidamente consolidada.
Esa cocina de autor (Pol Durán) y esa sala acogedora (Marta Ponce) fueron el inicio de una nueva etapa; una apuesta que sirvió de espejo a muchos otros, y de ejemplo a aquellos que se dieron cuenta de que con la calidad y el talento es difícil no triunfar. Dos décadas —que se escriben rápido y se dicen pronto— en la hostelería son un mundo, casi un milagro. Ahora que tanto hablamos de la volatilidad del sector, Deliciosamarta parece observarlo todo desde una atalaya donde ven pasar tendencias, aperturas, cierres, sonrisas y lágrimas de colegas que no consiguen dar con la tecla del éxito.
Mi primer almuerzo en este restaurante al que tanto respeto fue hace muchos años, pero lo recuerdo bien. Una celebración familiar en un restaurante al que acudí sin referencias ni nada parecido y que rápidamente conquistó a aquel jovencísimo comensal, que quedó prendado de una propuesta honesta, de calidad y con una apuesta por sus clásicos innegociables, afortunadamente. Los buñuelos de bacalao con sofrito, el steak tartar con las papitas fritas, los ñoquis trufados o los productos de pura temporada forman parte de esa esencia insólita y heroica del restaurante.
Ahora es fácil hablar y escribir bien de Deliciosamarta, que no requiere de consejos ni de ínfulas. Tiene su propio ritmo, sus clientes hablan el mismo idioma y el que quiere mesa la tendrá, aunque la percepción inicial sea la de una misión compleja esa de sentarse en la elegante sala del restaurante ubicado en la preciosa calle Benito Pérez Galdós. «Hoy hace 20 años empezamos esta aventura sin saber muy bien a dónde nos llevaría. Éramos jóvenes, teníamos pasión por la cocina y muchas ganas, pero sabíamos muy poco de lo que significaba realmente gestionar un restaurante», empieza el mensaje compartido por la pareja en redes sociales.
Así, apuntan que: «aprendimos sobre la marcha, equivocándonos, levantándonos y volviendo a intentarlo. Lo que nunca nos faltó fue ilusión por cada plato, por cada servicio y por cada persona que cruzaba nuestra puerta. Aquí hemos visto crecer a nuestras hijas, hemos visto crecer a familias, celebrar momentos importantes y compartir miles de historias alrededor de nuestras mesas. Nada de esto sería posible sin ustedes. Gracias por acompañarnos, por confiar en nosotros y formar parte de este camino», agradecen a los clientes.












