El expríncipe Andrés (66 años) ha vivido unos minutos de máxima tensión en las inmediaciones de su casa en Sandringham. El hijo menor de Isabel II ha sido amenazado por un hombre encapuchado mientras paseaba cerca de su vivienda en Wolferton.
El suceso, adelantado por The Telegraph, ha reavivado las dudas sobre la protección del exmiembro de la Familia Real británica, especialmente tras los episodios de tensión vividos en los últimos años en torno a varias residencias reales.
El altercado ha tenido lugar este pasado miércoles por la tarde, en alrededor de Marsh Farm. Según la reconstrucción de los hechos, el sospechoso se encontraba sentado en su coche cuando vio a Andrés Mountbatten-Windsor a unos 50 metros de distancia.

El expríncipe Andrés ya está instalado en Marsh Farm
Acto seguido, ha salido del vehículo y ha comenzado a dirigirse hacia él mientras le gritaba, en una actitud que los testigos describen como «claramente intimidatoria«.
«La policía fue alertada en Wolferton poco después de las 19:30 horas del miércoles tras recibirse una denuncia sobre un hombre que se estaba comportando de manera intimidatoria en el pueblo«.
«Los agentes acudieron al lugar y el hombre fue arrestado bajo sospecha de alteración del orden público y posesión de un arma ofensiva. Fue trasladado al Centro de Investigación Policial de King’s Lynn para ser interrogado y permanece bajo custodia», agregan las autoridades.
Por el momento, la Policía no ha precisado cuál era el arma ofensiva encontrada ni el alcance exacto de la amenaza.
Tampoco se ha informado de si el detenido tenía antecedentes o si existía algún tipo de motivación personal o política detrás del incidente. La investigación continúa abierta y se espera que en las próximas horas se conozcan más detalles.
Este episodio se suma a una serie de incidentes que han puesto a prueba los protocolos de seguridad en torno a los Windsor.

El expríncipe Andrés.
Gtres
En los últimos años, varias intrusiones y amenazas han tenido lugar en residencias reales, lo que ha obligado a reforzar los dispositivos de vigilancia.
Aunque Andrés ya no forma parte de la Familia Real en funciones y perdió sus honores militares y patronazgos tras el escándalo Epstein, sigue siendo objeto de atención mediática y, como miembro de la familia, cuenta con un nivel de protección determinado.
La situación es especialmente delicada porque el príncipe Andrés ha mantenido un perfil bajo desde que se retiró de la vida pública en 2019.
Su presencia en Sandringham, donde reside desde hace meses, responde a su deseo de mantenerse alejado del foco mediático y de reconstruir su vida en un entorno más discreto.
Por ahora, el expríncipe Andrés no ha realizado declaraciones públicas sobre lo ocurrido. Su entorno mantiene silencio, en línea con la estrategia de discreción que ha seguido en los últimos años.
Sin embargo, fuentes cercanas citadas por la prensa británica aseguran que el incidente ha sido «impactante» para él y que se encuentra «conmocionado pero tranquilo«.
El silencio de Carlos III
En paralelo a este suceso, la relación entre el príncipe Andrés y su hermano el rey Carlos III atraviesa uno de sus momentos más fríos.
Desde que estalló el escándalo Epstein y Andrés se vio obligado a retirarse de la vida pública, el monarca ha marcado una distancia evidente.

El expríncipe Andrés y el rey Carlos III.
Getty
Carlos ha optado por el silencio, evitando cualquier gesto que pueda interpretarse como un respaldo a su hermano menor.
Esta actitud, según fuentes cercanas a la Casa Real citadas por la prensa británica, responde tanto a la necesidad de proteger la institución como a diferencias personales acumuladas durante años.
El rey considera que la conducta de Andrés ha dañado la imagen de la monarquía y no está dispuesto a asumir ese coste.
Esa tensión se ha hecho aún más visible en los últimos meses. Mientras Andrés intenta mantener un perfil bajo en Sandringham, Carlos III no lo ha visitado ni ha mostrado señales públicas de acercamiento.
La distancia entre ambos es ya un hecho asumido dentro del entorno real, donde se interpreta como una ruptura silenciosa pero firme.















