En Valladolid hay 4.700 enfermeras y enfermeros, siendo la provincia con más profesionales de Castilla y León, que aglutina a unos 18.000 sanitarios de este tipo según los datos de 2024. Una de ellas es María Martín Martín, actual directora de enfermería en el hospital Recoletas Campo Grande, quien ha explicado en una entrevista en COPE la importancia de una profesión que va mucho más allá de la técnica y donde la empatía es fundamental.
Martín ha destacado la empatía y el acompañamiento como pilares fundamentales, asegurando que, a veces, “unas buenas palabras o un trato humanizado” pueden ser la mejor medicina para el paciente y su familia.
Desde pequeña, inspirada por series como «Urgencias», sintió la vocación por el cuidado de los demás. Aunque el camino no fue fácil, su perseverancia la llevó a una profesión que, según afirma, exige una actualización constante. «La enfermera es una profesión que continuamente se tiene que estar actualizando. Ahora con todo el movimiento de la IA y las nuevas tecnologías, realmente es algo que te lo pide», señala.
Si no estás un poco en concordancia con lo que va sucediendo día a día, nos quedamos para atrás»
Enfermera
Una vocación de largo recorrido
María Martín lleva 23 años en el Hospital Recoletas Campo Grande, donde ha desarrollado toda su carrera. Empezó como técnico en documentación sanitaria y, tras estudiar logopedia, finalmente se graduó en enfermería en 2015. Desde entonces, ha pasado por la UCI, urgencias, maternidad y hospitalización.
Su trayectoria ascendente la llevó a ser supervisora y, desde el año de la pandemia, ocupa el puesto de directora de enfermería. Pese a la gestión, asegura que nunca ha perdido su parte asistencial: «Me encanta estar al lado del paciente, me encanta estar al lado de las familias, me gusta prestar cuidados».
La empatía como herramienta
Para Martín, la labor de la enfermería no se limita a «poner un tratamiento», sino a «acompañar y empatizar con el paciente, su familia y los cuidadores principales». Este vínculo es especialmente importante con los pacientes crónicos, con quienes se establece una relación de familiaridad debido a los reingresos hospitalarios, lo que exige brindar siempre «cuidados basados en la evidencia».
Sin embargo, gestionar esa empatía es complicado, sobre todo en situaciones de cuidados paliativos. «Es bastante duro, ya no solo ves a una familia, pero muchas veces también ves a tu familia», confiesa. A pesar de la dureza, una sonrisa o unas buenas palabras son gestos que «alivian bastante».
En este sentido, Martín subraya la importancia de la escucha activa, ya que a menudo los pacientes y sus familias «necesitan hablar». Es en esa conexión humana donde reside un poder curativo que va más allá de lo farmacológico. «Yo hay muchas veces digo que eso cura un poquito más que el paracetamol», afirma con convicción.
Eso cura un poquito más que el paracetamol»
Enfermera
Prevenir para no curar
Como directora, uno de los objetivos de María Martín es potenciar la prevención y la educación para la salud. Lejos de actuar solo en el «momento agudo», su equipo organiza jornadas de riesgo cardiovascular o respiratorio para «captar a esa población que a lo mejor no sabe todavía que hay un riesgo en su salud». Con pruebas no invasivas, como mediciones de tensión o espirometrías, logran acercarse a los ciudadanos y fomentar el autocuidado.













