La Organización Mundial de la Salud (OMS) cree que la hipótesis más plausible es que la infección de hantavirus se produjo fuera del crucero en el que se declaró el brote infeccioso que ha causado tres muertes, mientras que 147 personas permanecen en la embarcación que está frente a la costa de Cabo Verde. Según los datos oficiales, tres personas han fallecido por esta enfermedad y se han registrado siete casos sospechosos; uno de ellos permanece en la UCI en Sudáfrica.
Las infecciones por hantavirus son poco comunes y no se transmiten con facilidad, pero su gravedad obliga a una importante monitorización y asistencia, de ahí que los pacientes ingresen en Unidades de Cuidados Intensivos y que sean médicos intensivistas los encargados de su atención. Suelen presentar dos cuadros principales: el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH) de mayor gravedad y peor pronóstico, predominante en América; y la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), más frecuente en Europa y Asia.
Los Servicios de Medicina Intensiva en España están preparados para atender a estos pacientes. El doctor Borja Suberviola, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC), nos explica el abordaje de estos pacientes en una UCI y los protocolos que hay que poner en marcha para atenderles.
Catorce españoles en el crucero afectado con hantavirus, que podría recalar en Canarias / EFE
¿Cómo se trata un caso de hantavirus en la UCI?
Actualmente no existe un tratamiento farmacológico efectivo. La ribavirina ha mostrado cierto beneficio en la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), si se administra precozmente; pero no ha demostrado eficacia clara en el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), en la que el tratamiento se fundamenta en el soporte vital del paciente. Este soporte incluye el tratamiento del shock mediante fluidoterapia y fármacos vasopresores, el soporte respiratorio mediante el empleo de ventilación mecánica y de la disfunción renal con el uso de técnicas de sustitución renal. En casos de especial gravedad puede llegar a ser necesario el empleo de soporte mediante membrana de oxigenación extracorpórea (ECMO).
¿Hay que aislar a los pacientes positivos?
En general no es necesario aislar zonas completas de la UCI, ya que la transmisión persona-persona es extremadamente rara. En la mayoría delos casos basta con aplicar precauciones estándar y de contacto. Por tanto, no se requieren medidas de aislamiento de alto nivel como en el caso de otras patologías altamente contagiosas como, por ejemplo, la fiebre hemorrágica generada por la infección por el virus del ébola.
¿Cómo se evita el contagio de los sanitarios?
Los sanitarios deben aplicar precauciones estándar, incluyendo higiene de manos, uso de guantes y protección respiratoria en procedimientos que generen aerosoles. Estas medidas son suficientes para prevenir la transmisión en el entorno hospitalario. No suelen implicar restricciones relevantes para otros pacientes o familiares más allá de las normas habituales de control de infecciones plenamente instauradas en las UCI.
¿Es igual que con un caso de COVID-19?
Existen similitudes entre ambas patologías en el sentido de que ambas pueden cursar una insuficiencia respiratoria grave y requerir en algunos casos soporte con ventilación mecánica e incluso ECMO. Sin embargo, a diferencia de la COVID-19, el hantavirus no presenta transmisión comunitaria sostenida ni se han desarrollado para su tratamiento fármacos antivirales eficaces. Además, la fisiopatología difiere en cuanto al protagonismo de la fuga capilar en el caso de la infección por hantavirus frente a la afectación inflamatoria pulmonar más difusa del SARS-CoV-2.
¿Los pacientes se tratan con antibióticos?
No existe indicación para el uso de antibióticos de forma rutinaria, ya que se trata de una infección viral. Estos solo deben emplearse si existe sospecha o confirmación de coinfección bacteriana. De igual manera, tampoco está indicado el uso de fármacos inmunomoduladores, como sucede en otras patologías como la infección por SARS-CoV-2. En esencia, el manejo se centra en el soporte vital por parte de médicos intensivistas en el entorno de la UCI.















