El Alimerka Oviedo se ha vuelto a colar en la élite de Primera FEB —antes LEB Oro— cuando casi nadie lo esperaba. Uno de los presupuestos más bajos de la Liga, para muchos un candidato al descenso, ha vuelto a demostrar que con muy poco es capaz de mucho, como viene pasando desde que, hace ya 13 años, el equipo desembarcó en la segunda categoría del baloncesto español en un pequeño pabellón de barrio, el de Pumarín, donde el aforo se ampliaba colocando sillas a pie de pista.
El curso en el que Pumarín empezó a soñar
Esa temporada 2013-14, un grupo formado en su mayoría por los que lograron el ascenso se convirtió, como ha pasado en la actual, en el equipo revelación. Liderados por el entrenador ovetense Guillermo Arenas, gente como el avilesino Adrián Macía como capitán, Víctor Pérez en el mejor momento de su carrera, el base Fran Cárdenas comiéndose la Liga o Ferrán Bassas empezando a demostrar su enorme potencial hicieron un año para la historia. Protagonistas de remontadas que solo se explican por la fe de un equipo que enganchó a la ciudad al baloncesto. Pasaron la primera ronda del play-off, en la que ganaron al Leyma Coruña (2-0), y cayeron con todos los honores en semifinales ante el Palencia de Natxo Lezkano (3-1). Lo hicieron, eso sí, dejando una remontada inolvidable en el tercer partido, en Pumarín, cuando perdían por 17 puntos a tres minutos del final.
La segunda temporada en la LEB Oro, la 14-15, no disputaron el play-off, aunque tampoco sufrieron en su pelea por la permanencia. En la siguiente, la 15-16, comenzó una serie de cuatro temporadas seguidas en las que el OCB luchó por subir. Las tres primeras con Carles Marco a los mandos: en la 15-16 perdieron por 3-1 en primera ronda ante el Huesca; en la 16-17, en la que ganaron la Copa Princesa, se impusieron a Ourense en cuartos y les eliminó de nuevo Palencia en semifinales (3-1); y en la 17-18 una nueva derrota ante Palencia, en cuartos, en el quinto partido en Oviedo, acabó por convertir al equipo castellano en la bestia negra del OCB.
Palencia, la bestia negra del OCB
La temporada 18-19 fue la primera de Javi Rodríguez como técnico del equipo de Oviedo y en esa también se clasificaron para el play-off y perdieron en primera ronda por 3-0 ante Ourense. La siguiente, la 19-20, fue complicada para el OCB y para el mundo entero. Para el OCB porque los resultados no acompañaron y se acabó por prescindir de Javi Rodríguez, al que reemplazó Natxo Lezkano. Para el mundo porque la pandemia del coronavirus metió a toda la población en casa y dio por concluida la temporada sin que se pudiera acabar.
Tras la pandemia, con Lezkano asentado en el banquillo azul, vinieron dos temporadas muy buenas (20-21 y 21-22), en las que disputaron la primera ronda del play-off, donde les eliminaron Coruña y, de nuevo, Palencia, logrando disimular sus estrecheces económicas. Lo hicieron fichando muy bien a gente como Micah Speight, ahora en el Obradoiro, que depende de sí mismo para subir, o Harald Frey, doble campeón de la FIBA EuroCup con el Bilbao Basket, entre muchos otros.
El regreso del Alimerka Oviedo a la pelea
Tras esa etapa, la Liga siguió subiendo el nivel y el OCB no encontró la manera de crecer, entrando en una travesía de tres años sin jugar el play-off. El más duro fue, sin duda, el primero, en el que comenzó Trifón Poch como entrenador y en el que acabó Guillermo Arenas logrando una salvación casi milagrosa. El curso siguiente regresó Javi Rodríguez para iniciar un nuevo proyecto, sentar unas bases y esperar tiempos más propicios para aspirar a cotas mayores. Esos tiempos han llegado ahora, antes de lo esperado, a rebufo de un Palacio que ha gritado alto y claro que Oviedo y Asturias tienen hambre de baloncesto.
Suscríbete para seguir leyendo















