Oviedo ha acogido a uno de los grandes referentes internacionales en el estudio del párkinson, el investigador ovetense Ignacio Fernández Mata. Especializado en la genética de la enfermedad en el Cleveland Clinic de Estados Unidos, lleva más de 15 años tratando de entender el origen de esta patología. Durante una intervención, ha contado en COPE Oviedo, que los avances en genética han abierto la puerta a encontrar dianas terapéuticas que se están probando en ensayos clínicos para parar o enlentecer la enfermedad.
Durante mucho tiempo se pensó que el párkinson era una enfermedad causada por el ambiente, pero ahora se sabe que «existe un componente genético muy grande«, afirma el experto. Este conocimiento es fundamental, ya que hasta ahora no existen fármacos que logren frenar la progresión de la enfermedad, solo se tratan los síntomas. El objetivo es entender cómo avanza para poder desarrollar nuevos tratamientos.
La detección precoz, clave
Fernández Mata explica que es posible detectar la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas motores. Señales como la pérdida de olfato (hiposmia) o los problemas con el sueño REM pueden aparecer años antes, aunque no son específicas del Párkinson. Desde el punto de vista genético, también se podría detectar de forma temprana, «incluso desde niños», aunque todavía no se hace por la falta de modelos predictivos.
El diagnóstico temprano es crucial porque, según el investigador, «una vez que una persona va con quejas ya al médico de que tiene problemas motores, el 80% o 90% de las neuronas dopaminérgicas ya han desaparecido». Esta pérdida neuronal tan grande hace que la recuperación sea muy difícil, por lo que el objetivo es tratar a los pacientes mucho antes de que los síntomas se manifiesten.
El crecimiento de personas con párkinson es exponencial»
Investigador
Hacia una medicina personalizada
El futuro del tratamiento del Párkinson pasa por la medicina personalizada. Aunque los síntomas puedan ser parecidos, «biológicamente la forma en la que ellos llegan a desarrollar la enfermedad es diferente», señala Fernández Mata. El objetivo es poder predecir cómo se desarrollará la enfermedad en cada persona y, sobre todo, «identificar cuál es la combinación de fármacos que mejor le va a venir a la persona que tenemos enfrente».
Persona mayor
De hecho, ya hay ensayos clínicos en fase 1 y fase 2 que se están probando para subgrupos específicos de pacientes con una forma genética de la enfermedad. En estos casos, se conoce mejor la biología y la diana que se debe tratar, lo que abre una vía de esperanza para estos enfermos.
Un crecimiento exponencial
La incidencia de esta enfermedad no para de crecer. «El crecimiento de personas con párkinson es exponencial«, advierte el experto, quien añade que «se piensa que para el 2050 va a incluso sobrepasar la cantidad de personas con Alzhéimer«, actualmente la enfermedad neurodegenerativa número uno. Además, cada vez se diagnostican casos en personas más jóvenes.
En regiones como Asturias, la alta prevalencia podría deberse a una combinación de factores como el envejecimiento de la población y ciertos trabajos como la minería, que junto a la genética aumentan el riesgo. Afortunadamente, el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) cuenta con un departamento de investigación de Párkinson para estudiar a los pacientes de la región.
Fernández Mata ha participado en una jornada en el HUCA para compartir sus avances con investigadores del ISPA y, por la tarde, en un encuentro con pacientes, asociaciones y médicos de Latinoamérica. Una oportunidad «única» para crear sinergias y aprender de las experiencias de ambos lados del Atlántico, aprovechando el idioma y la cultura en común.









