Esa cruz desde su origen y en la historia reciente de España, es símbolo de protección de todos los perseguidos, humillados, sufrientes, dolientes y pecadores, a quien Cristo redimió clavado en ella.
Hay un cura regañador en la parroquia de mis hijos en Madrid, que no me da mucha paz. Como aprendí desde pequeña y me lo creo, que la misa es la misa, la diga quien la diga, paso del cura y me centro en el rito y en el sacramento, pero, al menos desde el punto de vista humano, resulta difícil de entender que un hombre que tiene la iglesia llena a rebosar de familias con cantidad de niños pequeños y cantidad de ancianos, se dedique a vociferar y casi a increpar a los asistentes por lo malo que han hecho o vayan a hacer, pues salvo a los fariseos, a los que gritó e incluso fustigó, no se sabe que Jesús repartiera en su vida otra cosa que paz, caridad y esperanza.
La misa es la misa la diga quien la diga y la cruz es la cruz, ahora y siempre. Utilizar el nombre de Dios en vano es repugnante como convertir su casa en una cueva de ladrones y usar la cruz políticamente es infame. Dicen los viejos que en este país hubo una guerra pero la inmensa mayoría de los que perdimos en ella algún familiar de un bando o de otro, hace mucho que la tenemos superada y apostamos por la reconciliación. Ahora, en nombre de una memoria selectiva y que en ocasiones suena vengativa y revanchista por tanto bastante inmunda, parece que solo hubo víctimas en un lado y, los mismos que ensalzan a León XIV y lo utilizan políticamente aunque no crean en su iglesia argumentan que una cruz en la ciudad de Cáceres ofende. También esgrimen que, como PP y Vox han firmado eso de la prioridad nacional, no están legitimados para defender la cruz. Pintoresco argumento de aquellos a quienes no consta que nunca ofendieran a todos los religiosos o asesinados en la cruel contienda, precisamente mártires por ella.
Esa cruz desde su origen y en la historia reciente de España, es símbolo de protección de todos los perseguidos, humillados, sufrientes, dolientes y pecadores, a quien Cristo redimió clavado en ella. Quitarla porque conviene ahora desunir, enfrentar y crear conflicto, aparte de una nueva estrategia grosera, es indefendible desde el punto de vista ético y estético.
Suscríbete para seguir leyendo













