El océano sin límites


Tanto odiaba Jefté a los amonitas que por verlos no sólo derrotados, sino muertos y destrozados a sus pies, juró ofrecer a Yavé la primera criatura viva que saliese a su encuentro para darle la bienvenida al hogar después de la victoria. Una joven doncella, la misma hija del gran juez de Israel, salió cantando y bailando para recibir a su padre, vencedor. Y este cumplió el voto prometido.

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