Madre no hay más que una

El Génesis, libro recopilación testamentaria y literaria, es el primer documento del que se tiene noticia infravalora a la mujer, con nombre de Eva, además de que por estar supeditada y depender del hombre comienza la posterior ideología y política machista. Vivía, la mítica pareja, felices en un Edén sin la obligación de coger la azada y la hoz para disfrutar de un regalón frutal además de recibir, de vez en cuando, la visita de Yahvé. Pero fue ella la que sucumbió a los encantos de la pérfida serpiente, mordió la fruta prohibida, y también con encanto, la dio a probar a su pareja. Ipso facto su Dios los expulsó de ese lugar paradisíaco del que hasta ese momento disfrutaban de una vida de vino y rosas, aunque el mosto de la uva se inventó más tarde y le costó a Noé la primera borrachera de la historia. Así nació la primera noticia acerca del sentimiento de culpa debido al pecado original de una de las religiones del Libro y el encanto se convirtió en una cualidad atribuida a la condición femenina. Pero, la palabra madre procede, en lenguas orientales, de amma con el significado de mujer, madre, amor y amistad. Calificaciones excelsas que el Psicoanálisis puso en duda cuando le concedió a la madre el origen de traumas infantiles desde el momento de la concepción y la relación madre-hijo durante los primeros años de la vida. Aunque antes que Freud, la escritora sueca Ellen Kelly en su obra El siglo del niño había escrito sobre la emancipación de la mujer y la protección a la infancia. Luego fue el propio Freud el que, para superar la crisis primigenia y arrancar las perturbaciones de un inconsciente olvidado e imaginario, inventó un tratamiento psicológico de años con mujeres neuróticas e histéricas en la burguesa sociedad vienesa de su tiempo. Está probada la importancia del bebé en la relación con su madre, el omphalos griego, ombligo, del que todavía no se ha desprendido del todo por el apego durante el primer año de la vida. Igual de importante para el posterior desarrollo de la personalidad infantil es el embarazo donde en las entrañas de la madre comienza el psiquismo fetal. Existen niños difíciles, de labilidad descontrolada, que nacen de madres drogadictas, alcohólicas o que han sufrido accidentes de estrés postraumáticos. Después, en la crianza, si el hijo vive en un entorno desfavorable con una madre que no sabe o no puede transmitir el afecto y cuidados que su hijo necesita para el normal desarrollo de su vida. Accidente disruptivo que se produce en niños abandonados o criados en orfanatos sin una figura adulta de ayuda y protección. Si nos atenemos a tiempos actuales la sociedad y el entorno cultural acepta que las figuras parentales de ambos sexos deben proporcionar, por igual, afecto y protección. Hay escuelas que, en esta fecha señalada para honrar a las madres, se festeja el día de la familia para eludir el posible duelo de aquellos alumnos que no pueden llevar a casa un presente en forma de dibujo, manualidad, carta que termine con la frase «mami te quiero» que entregar, alborozados, a sus respectivas mamás. Aunque para esto están los comercios que, tantas veces al año, hacen «su agosto», aunque no sea el mes que nos recuerda al excelso emperador Augusto. Perfecta conjunción entre ventas y festividades santorales. En todo caso bien que se merece un homenaje y memoria a la madre canaria a la que atribuye el profesor Pedro Hernández de la Universidad de Laguna «dulzura y suavidad» de carácter. Siempre se le ha caracterizado como cariñosa cuya máxima expresión se encuentra en «mi niño o niña», referida a todas las edades y que, desde la lingüística y el habla isleña, ha devenido en una parte de la idiosincrasia de «ser canario». Como la abnegación para dar de comer y criar a «un rancho de hijos». Aunque este mismo profesor habla de aspectos negativos, que no son exclusivos de la familia matriarcal isleña, como el restarle iniciativa y libertad por el carácter absorbente en la relación madre-hijo que, además, puede fomentar «actitudes cautelosas y conservadoras». Ternura es la cualidad que despierta el niño en su madre mientras le da el pecho, lo baña o le canta el arrorró al dormirlo. Antropólogos y psicólogos evolucionistas hablan de que en el nexo entre madre e hijo se encuentra el origen del amor, el cariño y la ternura entre los humanos. El Diccionario de María Moliner la define como «una actitud cariñosa y protectora hacia alguien». El vínculo no solo se produce en las madres biológicas sino en las adoptivas donde el niño se sienta en un hogar propio y la pareja le proporcione seguridad, y autonomía lo contrario de una excesiva protección que lo convierta en niños de cristal. Pero, no escapa a los momentos de amurria cuando se sienta sola y el «nido vacío» se convierta en un trasiego de recuerdos, hoy superados, por mor del movimiento, la actividad física, la afición a las artes y la socialización con sus iguales que contribuyen a un tener mejor salud física y mental, un antídoto contra las enfermedades degenerativas del cerebro. Si es así no se sentirá afectada por aquel sentimiento de desengaño expresado por la frase de «una madre es para cien hijos y un hijo no es para una madre».

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