Una vez que el expresidente de la Generalitat quedó exonerado, el juicio se centró en sus siete hijos, quienes declararon antes de los nueve empresarios que comparten con ellos el banquillo de los acusados. Después de que el principal acusado, Jordi Pujol Ferrusola, ofreciera todas las explicaciones que entendió convenientes a lo largo de dos sesiones de la vista oral, lo hizo su hermano Josep, mientras que los otros cinco hermanos lo hicieron el miércoles. Todos ellos ofrecieron unas explicaciones muy similares, en las que han defendido tanto al abuelo Florenci, cuya cabeza le permitió sobreponerse a una dura posguerra y hasta hacer una fortuna, y a su padre, al que su «amor a Catalunya» le llevaba a invertir en empresas que hicieran país aunque supusieran negocios ruinosos. Determinar si los trabajos por los que cobró Jordi Pujol Ferrusola eran reales y si la fortuna en Andorra procedía del legado del abuelo o de comisiones ilegales es la clave del juicio. Esto es lo que aclaró y lo que no cada hermano, y las peticiones de cárcel a las que se enfrenta cada uno:
Con el hijo mayor del expresidente catalán, Jordi Pujol Ferrusola, se inició la causa que comenzó a instruirse en 2012, tras la denuncia que interpuso su expareja Vicky Álvarez, en la que afirmaba haberle acompañado a Andorra con bolsas de dinero en efectivo. El juicio que comenzó en noviembre se ha centrado en sus negocios en Catalunya, pero también en México y Gabón para tratar de determinar si los asesoramientos e intermediaciones por las que cobró cantidades millonarias fueron reales o escondían el pago de comisiones por adjudicaciones de obra en Catalunya. Ante el tribunal, calificó sus negocios de «personalísimos», para explicar que sus empresas compartieran sede, secretaria, no contaran con más trabajadores y una caja única. Justificó sus elevadas retribuciones en que manejaba “información privilegiada en un momento en que no se hacía” y en que los datos por los que le pagaban, sin contrato ni documento alguno que lo acredite, le llegaban de personas que sabían que se “dedicaba al lobby”.
Por si sus explicaciones no eran suficientes para resultar absuelto, en la segunda jornada que declaró ante el tribunal intentó librarse del delito de blanqueo de capitales del que se le acusa a él y a toda la familia. Aseguró que nunca ha recibido en Andorra «ningún dinero» de sus empresas, Imisa, Ibadesa y Project Marketing, ni de las constructoras Isolux Corsán y Copisa, cuyos directivos o exdirectivos comparten con él banquillo de los acusados. «Nunca he recibido nada de ellas ni se ha enviado desde Andorra. En ningún momento ha habido un traspaso de España a Andorra ni de Andorra a España», aseveró para negar la posiblidad de que la fortuna procediera de comisiones ilegales a cambio de adjudicaciones de obra.
Jordi Pujol Ferrusola se enfrenta a 29 años de cárcel por los delitos de asociación ilícita, blanqueo de capitales, falsedad en documento mercantil, cinco contra la Hacienda Pública y frustración de la ejecución, por el piso que se donó junto a su exesposa, Mercè Gironès (para la que se piden 17 años), a su hija Nuria.
Josep Pujol se enfrenta a 14 años de cárcel por los delitos de asociación ilícita, blanqueo de capitales, falsedad documental y fraude fiscal. Fue el primero en ofrecer la explicación de los hermanos Pujol Ferrusola sobre la herencia que se repartieron en los noventa en una reunión a la también asistió el primo de su padre, Joaquim Pujol, que la había gestionado hasta que le pasó la responsabilidad a Jordi Pujol Ferrusola.
Josep, que alardeó de sus conocimientos empresariales, dijo que recibió 125 millones de pesetas (751.250 euros) y que el resto lo ganó él con sus negocios. “Se puede decir que tenía un defecto: lo escribía todo. Apuntaba que si pasa esto, si pasa lo otro”, subrayó el acusado. «De todas mis libretas, se han agarrado a una página y se saltan muchas, incluida una conversación con mi tío Joaquim, que explica qué es la ‘deixa’ (legado)”, añadió para negar que el préstamo de 900.000 euros que le hizo a su amigo Jorge Barrigón, de Heliand, para la supuesta compra de Cap Helicòpters, fuera falso. En sus notas se preguntaba si los investigadores lo creerían o le acusarían de blanqueo.
El único hijo del expresidente catalán que siguió sus pasos en el mundo de la política, Oriol, explicó ante el tribunal que renunció a su parte de la herencia en 2009 cuando su carrera en CiU despegó, porque tenerla le «producía incomodidad» y le otorgó poderes a su hermano Jordi para que se hiciera cargo de los fondos. «La única finalidad de la cuenta de Andorra era recibir una parte de la herencia, no era para el día a día de mi vida en Barcelona«, sostuvo. Según dijo, no supo del legado del abuelo hasta los noventa cuando se les explicó a todos los hermanos y tuvieron que abrir una cuenta para poder recibir su parte.
Hizo cotitular a su esposa, cuando a ella le detectaron un tumor cerebral y el matrimonio hizo testamento. Ello, y aparecer como titular de una cuenta que resultó ser falsa, como ocurrió con la del expresidente de la Generalitat Artur Mas o el exalcalde de Barcelona Xavier Trias, llevó al juez a imputarla, aunque las actuaciones acabaron archivadas. Oriol Pujol renunció a la política tras su imputación por el amaño de la concesión de estaciones de ITV, por el que acabó condenado y pasó por prisión.
Marta Pujol Ferrusola es arquitecta y ante el tribunal que la juzga se declaró «obtusa» para asuntos financieros. Explicó que su abuelo fue un hombre muy importante en Catalunya, un «empresario de éxito» que compró unos laboratorios y fundó Banca Catalana. Durante el encarcelamiento del expresidente Jordi Pujol por su actividad política, en los sesenta, se convirtió en el apoyo de la familia y, sobre todo, de su madre, Marta Ferrusola.
Como es de las mayores se enteró en los años 70, antes de la muerte del dictador, de la existencia del legado por boca de su abuelo y relató que, a cuenta de ese dinero, vivió enfrentamientos entre padre e hijo. A partir de 1992 se repartió el dinero y se fueron liquidando las láminas financieras. «Mi postura fue mantenerla sin usarla. Yo vivía de lo que ganaba y no usaba el dinero para mantenerme», aseguró al recordar que la voluntad de su abuelo era tener ese dinero en Andorra por si la situación política se complicaba en España.
Mireia Pujol Ferrusola explicó que había sido bailarina profesional en España y en el extranjero y desde hacía 20 años se dedicada a la fisioterapia. Ante el tribunal que juzga a la familia declaró que como tenía 10 años cuando murió su abuelo no tuvo con él el mismo trato que sus hermanos mayores, pero destacó que aunque «admiraba a su hijo, sufría por ver cómo dedicaba su vida y su economía a su proyecto de vida, que era su Catalunya amada«. Ese fue el motivo por el que les dejó el legado que en en 1992 se repartieron. «No lo toqué, no viví de él y de hecho ni pensaba en él. Nunca lo usé«, aseguró.
Pere Pujol Ferrusola declaró ante el tribunal que no le extrañó el legado del abuelo Florenci Pujol, ni que tuviera dinero en extranjero. Pero su interrogatorio se centró en la consultora Entorn, en la que trabajó y fue accionista. La fiscalía sostiene que en 2000 y 2001 esta sociedad logró la redacción de tres contratos medioambientales mediante concursos públicos por un total de 190.000 euros. Oriol Pujol era secretario general de Industria de la Generalitat entonces. Pere desvinculó a su hermano de cualquier adjudicación conseguida por esta empresa, porque la competencia era de Medio Ambiente, no de Industria. Precisó también que el 75% de los clientes de la consultoría eran privados y únicamente el 25% públicos. Negó haber participado en el desbloqueo de proyectos eólicos y aseguró controlar él en persona su cuenta en Andorra, en la que depositó las inversiones que le dieron un buen resultado.
El último en comparecer ante el tribunal fue el hermano pequeño, Oleguer Pujol, quien explicó sus inversiones en el ámbito internacional y calificó de “favor” el que le hacía su hermano Jordi, al gestionar el legado del abuelo Florenci en Andorra. Reconoció que hablaba a menudo con él sobre los movimientos que iba a realizar, porque su formación fue en Administración y Dirección de Empresas, pero él es mucho más conservador que su hermano mayor. El pequeño de los Pujol, que estuvo imputado también por una inversión que realizó sobre sucursales del Banco Santander con Drago Capital, una causa que acabó siendo archivada, negó categóricamente haber ingresado conscientemente dinero procedente de delitos en sus cuentas. En 2014 regularizó 1.072.767 euros, que procedían de una cuenta en la entidad andorrana BPA, vinculada a la fundación panameña Kamala, de la que Oleguer era el único titular. Para formalizar la regularización, el dinero fue transferido a una cuenta abierta a su nombre en el Banco de Madrid.
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