La convivencia en un bloque de viviendas no siempre es fácil. Los malos olores, los ruidos y la suciedad en el edificio suelen ser los motivos clásicos de disputa entre vecinos. Al escenario de convivencia habitual, se une que cada vez más personas tienen una o varias mascotas en casa.
Convivir con un perro o un gato no solo trae cariño extra al hogar, también conlleva una serie de responsabilidades. Por ejemplo, si los ruidos de tu mascota molestan al resto de residentes del edificio de forma constante, la legislación española contempla medidas concretas para actuar y proteger a los afectados.
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¿Qué dice la ley respecto a los ruidos de las mascotas dentro de casa?
La Ley 49/1960 de Propiedad Horizontal (LPH), que lleva en vigor desde el 12 de agosto de 1960, recoge las normas básicas para la convivencia, derechos y obligaciones en las comunidades de propietarios.
El artículo 7 y, más en concreto, el punto dos de la norma es el que establece las limitaciones en las actividades de los propietarios: «Al propietario y al ocupante del piso o local no les está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades prohibidas en los estatutos, que resulten dañinas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividad molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas«.
Aunque no lo incluye de forma explícita, la legislación abarca los ladridos y maullidos cuando sean persistentes en el tiempo o los comportamientos que alteren el descanso. En este sentido, los vecinos pueden exigir que las molestias paren y si no lo hacen, pueden tomar las medidas pertinentes acogiéndose al artículo.
La ley también establece que si alguien incumple la normativa «el presidente de la comunidad puede requerir al culpable —por iniciativa propia o ajena— que cese la actividad o comportamiento molesto«.
¿En qué casos se llega a juicio por los ruidos de una mascota?
A pesar de que esta es una vía posible para que el problema pare, la realidad es que no todos los casos son denunciables. La molestia debe ser continuada, demostrable y que afecte de forma directa a otros residentes.
De esta forma, los vecinos deben acreditar que existe una molestia real mediante avisos previos, testimonios o registro de incidencias. Cuando la situación es persistente en el tiempo y no tiene solución, la comunidad «puede aprobar en junta de vecinos el inicio de acciones legales».
En el caso de llegar a la vía judicial, será el juez quién pida que la acción molesta pare y, si no lo hace, puede imponer las sanciones pertinentes que establezca la ley al responsable.
Estas son las consecuencias por no controlar a tu mascota
Por tanto, las consecuencias de no controlar el carácter de tus mascotas pueden ir más allá de una simple advertencia. Si el propietario ignora los avisos, la comunidad puede recurrir a una demanda judicial con un desenlace mucho peor. Las sanciones incluidas en la norma van desde indemnizaciones de carácter económico, hasta la limitación temporal del uso del piso.
Tener un perro o gato en casa no está prohibido en sí mismo. Sin embargo, la legislación es clara respecto a las molestias continuadas que los animales domésticos pueden acarrear a terceros. Por eso, la responsabilidad de educar a su mascota y mantener una buena convivencia recae en el propietario del animal.

















