El nombre de José Mourinho no deja indiferente a nadie. Hace 13 años que se fue del Real Madrid, donde apenas estuvo tres cursos, y es como si el tiempo no hubiera pasado. Por supuesto, The Special One es una persona que ha acumulado experiencias de todo tipo desde entonces. En el cruce con el Benfica en Champions se vio su rostro más comprometido con el club al que pertenece y menos beligerante con el rival. Desde que su nombre ha vuelto a relacionarse con el conjunto blanco, se ha reactivado el interruptor.
El mensaje de Huijsen
Mourinho nunca ha dejado de ser quien es. Un entrenador acostumbrado a dominarlo todo y con un libreto que ha ido modificando para mantenerse en una segunda fila del fútbol europeo que puede ser primera en cualquier momento si el deseo de Florentino Pérez se transforma en realidad. El vestuario que se encontraría en Valdebebas es diferente al que tuvo en 2010, aunque la misión sería la misma: encontrar entre esos nombres una propuesta de equipo con la que disolver el sentimiento de negatividad en el que ha caído el grupo.
La imagen reciente que tiene el madridismo de Mourinho es la de su vínculo con el Benfica, del que es socio desde hace años. El club de su vida, el que le dio su primera gran oportunidad como primer entrenador. Sin embargo, basta retroceder a su etapa en el Fenerbahçe para descubrir la cara de un técnico volcánico que puso en jaque al sistema arbitral de Turquía, en un contexto en el que incluso se ordenó en septiembre la detención de 17 colegiados por el supuesto amaño de partidos.
Lo mismo ocurrió en la AS Roma, donde recuperó el gen competitivo para llevar al equipo italiano al triunfo en la primera Conference League disputada. En la capital italiana forjó una breve amistad con quien podría ser uno de sus grandes apoyos en el vestuario del Real Madrid en caso de prosperar su retorno: Dean Huijsen, quien en su presentación la pasada campaña como nuevo jugador madridista recordó al de Setúbal: “Cuando te llama Mourinho tienes que escuchar y le estaré eternamente agradecido”.
La foto de Bellingham
El fichaje del internacional español fue uno de los últimos servicios del portugués en la Roma. Mourinho convenció a Huijsen para que fichase el Día de Reyes de 2024 por los giallorossi. Llegó a préstamo de la Juventus y allí se destapó como el central rompelíneas y llegador que se consolidaría en el Bournemouth. Sin esa primera llamada del candidato a regresar al Bernabéu, nada habría pasado. Los casi 60 millones que abonó el Real Madrid por el neerlandés empezaron a generarse con Mou.
“Estaba en la cena de Navidad con mi familia y llegó la llamada. Es uno de los entrenadores más grandes del mundo”, dijo Huijsen nada más aterrizar en el Real Madrid. La carta de presentación de Mourinho seguía valiendo, aunque en ese momento ni siquiera fuese una opción. The Special One nunca dejó de serlo a ojos del madridista, y así lo han identificado otros jugadores de la actual plantilla, como Jude Bellingham: “Para mí, es el mejor jugador joven del mundo”.
La afirmación tuvo lugar después de la primera temporada del ex del Borussia Dortmund con el Real Madrid. Acumuló méritos como el Golden Boy, el trofeo Kopa o el premio a mejor jugador joven de la Liga de Campeones, así como el Laureus a deportista revelación. No se ha vuelto a ver aquella versión imponente de Bellingham, quien, tras la operación de hombro, ha sido más un reflejo de lo que fue. Durante la final de Wembley que le dio su Champions con el Real Madrid se produjo un gesto rescatado estos días.
Las críticas a Vinicius
Mourinho estuvo presente en la final de la Decimoquinta en calidad de comentarista para TNT Sports. Tras la conquista de su exequipo, bajó al césped, donde Bellingham le pidió una fotografía. Pero no para él, sino para su madre: “Te admira desde siempre”, le confesó el inglés, quien tomó la instantánea. Mou incluso le gastó una broma: “Ahora vente al Fenerbahçe”. Equipo por el que firmaría aquel verano para una experiencia tortuosa a la que puso fin el 29 de agosto de 2024, después de quedar eliminado de la Champions en los playoffs de acceso a la fase liga. Su verdugo fue el Benfica, que a la postre sería su refugio.
Otro detalle de aquel Borussia Dortmund 0-2 Real Madrid. Mourinho pidió durante la retransmisión la expulsión de Vinícius Jr.. El brasileño vio la amarilla en el minuto 35 y pudo ver la segunda tras un choque con Hummels y Ryerson en el que el ‘7’ se dejó caer. “Tiene que haber amarilla para eso. Y Vinicius sabe a qué consecuencias se enfrenta”, criticó. Una línea similar a la de su pensamiento después del gol y la celebración que hizo el extremo madridista en la ida de la repesca de Champions de este año.
“Vinicius marca un gol que solo él o Mbappé pueden marcar y después tiene que ir a los hombros de sus compañeros y no meterse con 60.000 personas en este estadio”, defendió Mourinho, quien evitó posicionarse en el incidente que tuvo Vinicius con Prestianni. En el postpartido, Courtois cargó contra el luso: “Me decepciona que se utilice el festejo”. En la división que hizo el portugués, Kylian Mbappé quedó en su lado bueno de la historia. El francés le dio ‘like’ la semana pasada a una publicación que hablaba sobre el regreso de Mou al Bernabéu.
La política de bandos que caracterizó su primer mandato vuelve a florecer ante una segunda venida que ya ha creado soldados y detractores, incluso en la junta directiva. Para bien y para mal, el gusto y la animadversión por el entrenador portugués se mantienen vivos. Y eso, precisamente, es lo que buscó Florentino en su primera contratación: un villano frente a Pep Guardiola y Lionel Messi, como ahora pretende, entre otras funciones, frente a Hansi Flick y Lamine Yamal, que han dejado en blanco en las competiciones estatales a un Real Madrid que busca resurgir de sus cenizas con el fuego de antaño.














