Patricia Sancho es una de las científicas españolas más destacadas en la investigación del cáncer de páncreas, una enfermedad especialmente agresiva y todavía con grandes retos terapéuticos. Doctora en Biología Celular y Molecular, con experiencia en distintos centros nacionales e internacionales, actualmente lidera en el Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón) el grupo de Metabolismo y Células Madre Tumorales, desde donde impulsa nuevas estrategias para frenar el avance tumoral.
¿Qué tengo que estudiar para curar el cáncer?
Su vocación nació muy pronto, mucho antes de entrar en la universidad. Ella misma recuerda que siendo una niña ya tenía claro cuál quería que fuera su misión: “Más o menos cuando tenía nueve años le pregunté a mi madre: ‘Mamá, ¿qué tengo que estudiar para curar el cáncer?’”. Aquella pregunta infantil se convirtió en una hoja de ruta vital. Su madre le respondió que la Biología le permitiría comprender cómo funcionan las células y el cuerpo humano, y desde entonces supo que quería dedicarse a la investigación.
Años después, y aunque reconoce que hoy quizá elegiría un grado como Biomedicina por estar más alineado con sus intereses actuales, no duda al valorar el camino recorrido: “Dedicarme a la investigación, sí, sin duda, pese a las dificultades del camino. Me siento muy afortunada de dedicarme a tiempo completo a algo que me apasiona”.
Desde 2012 centra su trabajo en el cáncer de páncreas, un tumor especialmente complejo y con baja tasa de supervivencia. Lo que más le atrajo de este campo fue precisamente su dificultad y la necesidad urgente de avanzar en conocimiento: “Uno de los factores que más me atrajo fue la gran agresividad de esta enfermedad y lo relativamente poco que se conoce sobre ella en comparación con otros tipos de cánceres más estudiados”. Para la bióloga, investigar donde más falta hace también significa poder generar un impacto real: “Te permite trabajar sabiendo que podrías tener un impacto real en la vida de pacientes”.
Su línea científica se ha convertido en una de las más innovadoras del panorama oncológico actual: estudiar cómo se alimentan las células tumorales y cómo utilizan determinados nutrientes para crecer, resistir tratamientos o metastatizar. Según explica, entender el metabolismo del cáncer abre nuevas oportunidades terapéuticas porque “las células tumorales pueden ser adictas a ciertos nutrientes”. Si se logra bloquear esas vías metabólicas, añade, “el ritmo de crecimiento puede ser más lento, responder mejor a otras terapias o directamente no sobrevivir por falta de energía”.
El foco en la grasa
Dentro de esta investigación, uno de sus focos más prometedores es el papel de la grasa en la progresión tumoral. Su equipo analiza cómo factores como la alimentación, el sobrepeso o la obesidad pueden favorecer la agresividad del cáncer pancreático. En este sentido, apunta que “la grasa supone una fuente de energía importante para el cáncer de páncreas” y que en el futuro podrían desarrollarse “estrategias con fármacos que impidan el uso de grasas por las células tumorales e incluso diseñar dietas complementarias a las terapias”.
Defensa de la ciencia española y un refrente para la juventud
Más allá del laboratorio, Patricia Sancho es también una voz clara en defensa de la ciencia española. Reivindica mejores condiciones para el personal investigador y una financiación ajustada a la realidad actual. Denuncia que muchas personas trabajan todavía en situación precaria y alerta de que esa inestabilidad afecta especialmente a las mujeres científicas: “Perdemos muchas personas por el camino, especialmente investigadoras, que en muchos casos tienen que elegir entre dedicarse a este trabajo o formar una familia”. También reclama una actualización urgente de los presupuestos de investigación, ya que “tenemos que hacer lo mismo o más, con menos dinero”.
Quienes comienzan en este mundo encuentran en ella un mensaje realista pero inspirador. Define la investigación como “una carrera de fondo” que exige esfuerzo y resiliencia, aunque también ofrece recompensas únicas: “Poder trabajar cada día aumentando el conocimiento sobre una enfermedad y poner a prueba por ti mismo tus ideas es una satisfacción enorme. Un descubrimiento inesperado es un subidón enorme de energía”.














