El tenis para Aliona Bolsova (Palafrugell, 1997) ha sido como un «novio o una novia tóxicos». Lo ha sufrido mucho, pero también lo ha disfrutado, permitiéndole ser independiente económicamente desde muy joven. Con 28 años, todavía es joven, pero ha decidido centrarse en su proyecto vital y no tanto en el profesional, donde ella era el centro de todo.
Que el último torneo como profesional sea ‘en casa’ no puede ser casualidad. ¿Está siendo el final que esperaba cuando a finales del año pasado anunció su retirada?
Quería acabar a finales de temporada, después de Australia, en enero, pero decidí alargarlo para poder hacerlo aquí. Quería ser la protagonista durante una semana y dedicármela entera a mí para celebrar mi carrera. Al final, he crecido aquí como profesional y quería tener este recuerdo simbólico. Retirarme en Australia, donde nadie me conoce, habría sido muy frío.
¿Qué le pareció a la organización del Catalonia Open Solgironès WTA 125 cuando se lo propuso?
No les dije nada, simplemente anuncié la retirada explicando que sería aquí y se pusieron supercontentos de que lo hiciera en casa. Me han tratado con muchísimo cariño y sé que me han preparado una fiesta sorpresa este sábado, pero no sé muy bien de qué va. Me hace mucha ilusión.
«Estoy cansada de dedicarme cada día a mí misma. Tengo ganas de ser yo quien dé a otros»
¿Cómo llega la decisión? Al final, es muy joven, con 28 años, y podría tener carrera por delante.
Son etapas de la vida y siento que la de tenista profesional ya ha terminado. Prefería hacer una transición sana hacia el final de mi carrera, acabando bien con el tenis y no obligada por las lesiones o por lo que fuera. Realmente, tenemos un calendario muy largo y exigente que nos hace dedicarnos al tenis casi los doce meses del año. Soy muy de casa y quizá antes, entre los 20 y los 25 años, no me importaba pasar tantas semanas fuera, pero cada vez me ha ido pesando más y más. Estar siempre fuera fue una de las razones de peso para dejarlo, además de que también estoy un poco cansada de dedicarme cada día a mí misma. Mi proyecto profesional soy yo misma: mi mentalidad, mis traumas, mi físico, mi todo. Eso ha hecho que todo el mundo haya tenido que adaptarse a mí y ahora tengo ganas de ser yo quien dé a los demás. Quiero poder respirar un poco y sentir que no cada día tengo que ser mi mejor versión.
¿Esta vez no hay vuelta atrás? A los 18 años también lo había dejado.
Aquello fue por problemas mentales y físicos. Tenía bulimia y no podía estar en pista porque la ansiedad me mataba. Necesitaba escapar del tenis y por eso me fui a Estados Unidos, a la universidad. Entonces dejaba la puerta abierta a volver en un futuro, aunque en aquel momento tampoco pensaba que volvería a coger la raqueta. Era muy joven, no tenía tanta capacidad para madurar una decisión como ahora. Tengo otra aspiración vital.
¿Ha pensado qué hará a partir de ahora? ¿Seguirá vinculada al tenis de alguna manera?
Todavía es pronto para saberlo. Seguro que de una manera u otra seguiré vinculada. El tenis es un mundo del que, una vez entras, cuesta salir, pero ahora justo también me gradúo de mi carrera universitaria, por fin, y me plantearé hacer un máster para explorar otras cosas y, sobre todo, tener una opción B. No quiero sentir que no tengo ninguna otra salida que no sea el tenis. Teniendo opciones, seré libre de tirar por donde más me apetezca en el momento en el que me encuentre.
Está estudiando Historia, Geografía e Historia del Arte. ¿Irá por ahí entonces?
Sí. Como mínimo, acabaré de formarme para tener otra opción.
Como decía al principio, esta es su gran semana. ¿Cómo está gestionando las emociones?
Está siendo especial. El domingo, por ejemplo, entrené con dos muy buenas amigas y, con el inicio del torneo, los entrenamientos están siendo más de paso. Como lo he ido dejando de manera muy escalonada, porque anuncié hace meses que me retiraba, me lo estoy tomando a mi ritmo. Poco a poco. Este es mi último torneo como profesional, pero todavía tengo compromisos de ligas. En mayo voy a Alemania, en verano a Estados Unidos… No será a nivel profesional, pero todavía seguiré jugando, así que no es que me retire de golpe esta semana.
El tenis le ha dejado buenas amistades. ¿Con qué se queda de todos estos años como profesional?
He conocido a personas que me llevo para toda la vida. He tenido la suerte de que desde muy pequeña he mantenido el vínculo con todos los lugares en los que he estado y he entrenado. Nunca he acabado mal con nadie y todo el mundo se ha quedado en mi vida. Para mí eso es superimportante. Me llevo amistades y vínculos para siempre. Al final, creo que eso es ganar un poco en la vida. Evidentemente, en la parte personal me ha tocado aprender muchas cosas muy rápido y he tenido que enfrentarme a cosas de manera muy directa. Ha sido un aprendizaje personal bastante grande.
La tenista de Palafrugell Aliona Bolsova. / WTA La Bisbal
Hubo momentos en los que no era muy amiga del tenis y tuvo que perdonarlo.
Llegué como a odiarlo porque era algo que me obligaban a hacer. Cuando de pequeña te obligan a hacer algo en contra de tu voluntad, pues le coges manía, indudablemente. Eso es lo que me pasó a mí. Cuando tenía 14 años o así quería dejar de jugar, pero no me dejaron. Era un poco un tira y afloja porque se me daba bien, pero personalmente yo no estaba bien y no quería continuar por rebeldía. Empecé a tener bulimia, todo era muy caótico y no disfrutaba.
¿La bulimia derivó de eso?
Al 100%. Por el tenis. Tenía mucha, mucha, muchísima presión por hacerlo bien, por ganar partidos. También fue una edad en la que muchas chicas empezamos a tener inseguridades, comparamos nuestro cuerpo con el de las demás… Entre eso y que me mataba la presión que tenía por el tenis, pues era como mi manera de gestionarlo. Toda la ansiedad que sentía en la barriga la sacaba de aquella manera para sentirme mejor. Tuve que pasar por un proceso de sanación y, por suerte, nunca llegó a ser nada grave. Creo que supe parar a tiempo y centrarme en mí para curarme.
¿Se lo detectaron o fue usted?
Yo. Al principio era algo que tenía bajo control, esporádico y que llevaba en secreto, hasta que me di cuenta de que se había convertido en un hábito. Me asusté bastante y pedí ayuda.
¿Le ha reprochado alguna vez a su familia que la obligaran a jugar al tenis?
Reprochar, no, pero sí que me enfadaba con mi padre porque me quitara tanta autonomía. La gestión fue complicada, pero, al final, les estoy muy agradecida de que me hicieran continuar por este camino. He podido ser independiente desde muy joven y de otra manera no lo habría sido. Ellos lo que querían era que se me abrieran puertas, cosa que yo de pequeña no entendía, y lo he conseguido.
«Nunca llegué a creer que pudiera ir más allá de los octavos de Roland Garros»
Entonces, con el tenis, ¿ha sido una relación de amor-odio?
Sí, como un novio o una novia tóxicos. (Ríe). A ratos ha ido muy bien y otros, pues fatal.
Los octavos de Roland Garros de 2019 demostraron que tenía nivel de sobra. ¿Le pasaron factura por ser inesperados o con el tiempo lo gestionaría diferente?
Un poco las dos cosas. Nunca llegué a creer que pudiera hacer nada más allá de aquello; me vino muy grande de golpe. Aun así, seguí con impulso el año siguiente hasta que la Covid cerró el buen momento que llevaba. Después de Roland Garros también tuve buenos resultados en otros Grand Slam. Ya me fue bien. Pero, claro, lo comparaba todo con aquella semana en París y todo se me quedaba pequeño.
Entonces, ¿sí disfrutaba de los partidos?
Sí. Hace bastantes años que he aprendido a disfrutar mucho más, pero es como en cualquier ámbito: cuando el hobby se convierte en trabajo cuesta mucho más encontrar el disfrute que cuando lo haces porque te apetece y sin obtener ningún beneficio. Al final, el tenis ha sido un trabajo. Lo he disfrutado como he podido y la verdad es que desde que anuncié que me retiraba lo estoy haciendo mucho más.
¿Cómo le gustaría que la recordaran como tenista?
Mucha gente, cuando habla de mí, siempre destaca la amabilidad o que siempre estoy riendo. No me sale la palabra, pero me gustaría que se me recordara más por quién he sido como persona que por la calidad que he tenido en la pista. Me hace ilusión que se me recuerde así.
Suscríbete para seguir leyendo












