El hombre armado que el sábado por la noche atravesó corriendo un control de seguridad en el hotel Washington Hilton estaba convencido de que el Servicio Secreto no estaba preparado para proteger a los altos cargos de la Administración. Así lo dejó escrito antes de intentar acercarse al salón donde Donald Trump, el vicepresidente JD Vance y cientos de periodistas participaban en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.
Los agentes lo detuvieron en cuestión de segundos. El sospechoso, identificado como Cole Tomas Allen, no llegó a entrar en el salón principal. Pero el episodio ha reabierto un debate incómodo en Washington: si el dispositivo que protege al presidente de Estados Unidos está a la altura de una etapa marcada por el aumento de las amenazas y la violencia política.
Un ataque frenado en segundos
El fiscal general en funciones, Todd Blanche, defendió el dispositivo. «El sistema funcionó», afirmó en una entrevista en la cadena NBC este domingo. Según su relato, Allen solo logró avanzar unos metros más allá del perímetro de seguridad antes de ser reducido.
La versión de las autoridades insiste en ese punto: el sospechoso nunca alcanzó la zona donde se encontraban Trump, Vance y los invitados. Sin embargo, el hecho de que pudiera alojarse en el hotel un día antes con una escopeta, una pistola y un cuchillo, presumiblemente dentro de su equipaje, ha alimentado las críticas.
En los escritos hallados por los investigadores, Allen expresaba sorpresa por haber podido entrar en el hotel con esas armas. También especulaba con que un terrorista iraní equipado con material más peligroso habría podido causar un daño enorme.
Los agentes desenfundaron sus armas tras escucharse fuertes estruendos durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca celebrada en el Hilton de Washington / MANDEL NGAN / AFP
El dispositivo bajo examen
El portavoz del Servicio Secreto, Anthony Guglielmi, defendió que la agencia diseña un plan específico para cada acto. «Estas medidas se prueban rigurosamente durante el proceso previo y fueron decisivas para mitigar la amenaza y evitar daños significativos», señaló.
El perímetro de seguridad tenía varias capas. Algunas eran visibles, como los detectores de metales situados en la entrada del área protegida. Otras no. Justo después del control, había agentes encargados de impedir que cualquier persona no autorizada avanzara hacia el salón. Dentro, equipos de respuesta armada estaban preparados para intervenir si la amenaza llegaba al interior. También había agentes vestidos de camareros, mezclados entre los asistentes.
Para Michael R. Centrella, exdirector adjunto del Servicio Secreto, lo ocurrido demuestra precisamente que el diseño funcionó. «Una persona intentó entrar desde una zona sucia, una zona no segura, a una zona segura, y fue detenida antes de poder acceder al acto», explicó. «La capa de protección, tal como estaba diseñado el plan de seguridad, funcionó exactamente como debía».
Críticas y defensa de los agentes
Las imágenes grabadas dentro del salón muestran momentos de miedo y confusión. Los agentes se precipitaron hacia el estrado para proteger a Trump y a Vance. En el vídeo se aprecia que el equipo del vicepresidente lo retiró del escenario unos diez segundos antes de que el presidente fuera evacuado.
Esa diferencia ha generado preguntas. Pero antiguos responsables de seguridad sostienen que no necesariamente indica un fallo. Paul Eckloff, que formó parte del equipo de protección de Trump durante su primer mandato, explicó al New York Times que los dispositivos del presidente y del vicepresidente tienen tamaños, funciones y protocolos distintos.
«Cuando tienes a varios protegidos, especialmente a tantos en la línea de sucesión presidencial, todo es muy complicado y los hechos reales se vuelven confusos», afirmó Eckloff. También recordó que la edad y la movilidad influyen en cualquier evacuación: Trump tiene 79 años y Vance, 41.
«Yo diría que en unos diez segundos se tomó la decisión de moverlo», añadió sobre Trump. «Dentro de la sala probablemente pareció una hora», reconoció, pero subrayó que en ese margen los agentes deben decidir si evacúan, si cubren al protegido o si lo mantienen en el sitio para evitar desplazarlo hacia el peligro.
Un hotel difícil de blindar
El Washington Hilton es desde hace años la sede habitual de la gala de corresponsales, pero no es un lugar sencillo de asegurar. Es un edificio grande, abierto al público, con huéspedes entrando y saliendo de sus habitaciones y del propio hotel. Además, el acto puede reunir en un mismo espacio a buena parte de la línea de sucesión presidencial.
El senador republicano Chuck Grassley, presidente pro tempore del Senado y tercero en la línea sucesoria, no asistió a la cena del sábado. Aun así, la presencia simultánea del presidente, el vicepresidente y otros altos cargos convierte el evento en un objetivo especialmente delicado.
Algunos políticos y comentaristas han pedido que, en futuras ediciones, el perímetro de seguridad se aleje del edificio. La idea sería que cualquier intento de irrumpir se produjera fuera del hotel, no dentro. Eckloff discrepa. A su juicio, ampliar demasiado el perímetro puede dispersar a los agentes y debilitar la protección en los puntos donde realmente se necesita.
«No se trata de hacer un perímetro más grande», dijo. «Se trata de que la respuesta sea más rápida y más precisa», argumentó.
La sombra de Butler
La presión sobre el Servicio Secreto no nace de este episodio. Desde julio de 2024, cuando un tirador disparó contra Trump en un mitin en Butler, Pensilvania, la agencia arrastra dudas profundas sobre su capacidad para anticipar amenazas.
En aquel caso, el atacante logró subirse al tejado de un edificio cercano y disparar ocho veces. Una bala rozó la oreja de Trump. Un asistente al mitin murió y otras dos personas resultaron heridas. El tirador fue abatido por un francotirador del Servicio Secreto. Después llegaron los ceses, la revisión de protocolos y un rediseño parcial de la seguridad presidencial.
Centrella resumió el dilema con una frase: para el Servicio Secreto, el éxito suele parecer que no ha pasado nada. Esta vez, añadió, el éxito tuvo otra forma: «Anoche, el éxito fue contener una situación peligrosa antes de que se convirtiera en una tragedia».
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