–Yo solo intento ayudar.
–Non, Josiantonio. Tu non ayudes: tu das cátedra. Y ensin matrícula.
–Hombre, es que si no te lo explico yo…
–¿Ves? ¡Yá tamos!
–Tampoco espero que lo entiendas a la primera…
–¿Por?
–Bueno, requiere cierto nivel intelectual.
–¿Pero, tío, cómo pues ser tan soberbiu y tan faltosu?
–Yo no soy soberbio, Maite. Lo que pasa es que sé más que la media.
–¡Sí, la media de la to casa! Claro, como vives tu solo col to ego.
–Si necesitas que te lo simplifique puedo intentarlo. Lo bonito de conversar…
–¡Tu non converses, tío! ¡Tu dictes sentencia! ¡Llegues de los madriles con unos aires de grandeza…!
–¿Yo?
–Sí, Josiantonio. Cada frase te suena a prólogu d’enciclopedia.
–Es que pienso antes de hablar. La profundidad requiere tiempo.
–Tu non yes profundu, yes gilipollas.
–¿Perdona?
–¿Quies baxar del pedestal?
–¿Qué?
–Lleves tola nueche mirándome percima del hombro, chaval. Nun te soporto, y enriba siéntome fatal.
–Eso es porque no analizas bien la realidad.
–¿Cómo ye, ho?
–Estás equivocada al sentirte así.
–¿Qué ye, qu’agora me vas a dicir hasta cómo me tengo que sentir?
–Entiendo tu confusión, es un tema complejo para mentes menos entrenadas…
–¡Yá ta bien, chaval! ¡Anda, vete a cagar!
–¿Perdona?
–Yes más presumíu qu’un gochu con tarabica.
–¿Pero entonces por qué te empeñaste en salir conmigo? Aquí en Asturias solo conozco a Luis y…
–Ai, los «falsos amigos»…
–¿Te refieres a Luis?
–¡Calla, eh! ¡Cuando vea a Luisín voi capalu!
–¿Por qué? ¿Acaso no te ha contado cómo soy yo?
–Sí, yá me dixo que yeres bien arrogante.
–¿Entonces?
–Yo pensé que pagaríes toles rondes, que me dibes a convidar a oricios…
–¿Perdona?
–Ye que ser arrogante n’asturianu ye positivo.
–¿Qué?
–Pensé que yeres generosu, desprendíu, y resulta que yes un carapijo. Arrogante ye un «falsu amigu».
–¿Perdona?
–Arrogante nun significa lo mesmo en castellán que n’asturianu.
–Ah.
–¡Venga, acaba esi tragu, babayu, que nun t’aguanto!
–Pagamos a medias.
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