“Somos más de 15.000 personas aquí dentro, a mí no me van a pillar”, es lo que piensan muchos antes de proferir insultos dentro de un contexto deportivo. Ese y pensamientos similares son los que incentivan la barra libre de improperios en un ámbito en el que, tradicionalmente, la gente ha utilizado a modo de desahogo de sus vaivenes personales.
Pero, lamentando llevarte la contraria, querido aficionado, las cosas están cambiando, y mucho. Lo que antes era blanqueado, justificado y perdonado socialmente, ahora es un claro foco de lucha, tanto a nivel institucional como jurídico.
Y es que insultar en un estadio ya no solamente puede implicar la desaprobación de algún “vecino de asiento” o la imposición de sanciones administrativas deportivas, sino que supone, con todas sus letras, un delito de odio tipificado penalmente.
Aficionados insultando a Marcelino en la etapa en la que el actual entrenador del Villarreal dirigía al Valencia. / IGNACIO HERNANDEZ
Lo anterior me temo que no es una simple afirmación vacía, pues viene respaldado ya por más de diez sentencias condenatorias por insultos y actos racistas en recintos deportivos y sus aledaños.
Esta última precisión, cuidado, no es menor. La actualizada Ley del Deporte amplía el lugar de comisión de los hechos a los alrededores de las instalaciones deportivas, incluyendo incluso los medios de transporte público usados para acceder a las inmediaciones del evento.
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En consecuencia, quienes deciden actuar discriminatoriamente, derrochando términos racistas, xenófobos u homófobos, entre otros, se enfrentan a posibles penas de 1 a 4 años de prisión y multas de entre 1.000 a 3.500 euros, pudiendo llegar a más de 5.000 euros en casos de difusión pública o reincidencia.
“Qué más da” —seguro que concluye alguno—. “Llevo años desahogándome en mi asiento y nunca pasa nada”. Tened presente, queridos aficionados, que la época de absoluta impunidad ha pasado a la historia. Ya no existe aquel escenario en que solo se actuaba en caso de denuncia por la persona agraviada, sino que todas las instituciones implicadas ejercen una labor de supervisión y persecución activa para detectar a los infractores.

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La realidad actual es que hay ojos y oídos en todas partes. Aterrizándolo a un contexto deportivo, no hablamos únicamente de los vigilantes de seguridad ubicados en la grada —potenciales testigos en estos casos, por cierto—. Además, se ha articulado todo un sistema de identificación individualizada, conformado por cámaras de alta resolución, dispositivos de grabación y escucha continua, coordinadores de seguridad, directores de partido, inspectores de las ligas profesionales e incluso peritos de lectura labial; todos ellos esenciales, junto con el acta arbitral, en la pertinente aportación de pruebas.
Así, se ha consolidado una estructura en la que la Comisión Estatal contra la Violencia en el Deporte alerta, las ligas detectan y la Fiscalía investiga, creando un ensamblaje efectivo que permite actuar con rapidez.
Con todo, y derivado de la era digital en que vivimos, muchas de las manifestaciones racistas, xenófobas y violentas se producen al abrigo de las redes sociales. Por ello, LaLiga ha desarrollado la herramienta MOOD, un instrumento de monitorización semanal de las conversaciones en torno al fútbol profesional en redes sociales. Mediante puntuaciones de 0 a 10, este mecanismo establece un registro del odio detectado y es capaz de analizar el número de personas que intervienen en dichas conversaciones y la cuantía de mensajes generados.
Finalmente, cabe recordar que existe una clara línea jurisprudencial del TEDH, por la que se asienta una obligación inequívoca de investigación, usando todos los medios al alcance, para combatir cualquier tipo de manifestación racista.
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Contra la discriminación, la violencia y el racismo, todos los equipos forman uno solo, con la firme vocación de seguir trabajando mientras aún se produzca un único caso. Queda claro pues, querido aficionado. Si todavía eres de los que insulta en un contexto deportivo, vuelve a leer esto.

Derecho Deportivo, ¿rara avis?
Juguemos a un juego. Imaginémonos que usted va por la calle, una cualquiera, y se dispone a preguntar a distintos transeúntes, sin importar edad, género, raza o nacionalidad, por ramas del Derecho que le vengan a la mente. No sería muy aventurado conjeturar que las respuestas discurrirían entre divorcios civilistas, delitos penalistas o algún “sustillo” en forma de notificación de la Agencia Tributaria. Algún caso de despido improcedente, como mucho.
Sin embargo, ¿alguien se atrevería siquiera a mencionar la existencia del inusitado mundo del Derecho Deportivo?
No sería por falta de interés, desde luego, sino por una notoria ausencia de cotidianidad en un segmento jurídico construido, en realidad, desde la confluencia de varias de las ramas tradicionales de nuestro ordenamiento jurídico. Algún vago recuerdo de una sanción apelada por su equipo favorito, quizá. La evocación de cierta polémica tras la interpretación de alguna norma en el lanzamiento de un penalti, puede ser. O, más bien, la lucha jurídica por la inscripción de jugadores a ultimísima hora.
Aunque relativamente nuevo, el Derecho Deportivo se abre paso de la mano de la creciente profesionalización y complejidad del deporte, tanto a nivel nacional como internacional. Por ello, resulta conveniente para aquel que desea conocer la industria un poco más allá del “minuto y resultado”, iniciarse en algunos conceptos básicos de este heterogéneo reducto jurídico, con la firme intención de entender los motivos de ciertas decisiones, las causas de determinadas situaciones y el funcionamiento interno de un sector que cada vez atrae más miradas e interés.
Entender las reglas básicas del actual sistema de mercado de fichajes, comprender todo aquello que hay detrás de la inversión privada en la propiedad de un club o explorar los mecanismos deportivos de resolución de disputas pueden ser, solamente, algunos de los temas a desarrollar en próximas entregas. Familiarizarse con los retos diarios que pueda tener un abogado deportivo no es únicamente una cuestión de curiosidad, sino una declaración de querer abrazar con mayor ahínco esa pasión por aquello que le emociona, le conecta y, en definitiva, le hace sentir parte de algo más grande.
Pretendiendo hilvanar cuestiones clave de este submundo con temas relevantes de rigurosa actualidad, este espacio tiene la humilde intención de hacer llegar, con la mejor de las voluntades, algunas reflexiones del ecosistema en el que vive, interactúa y evoluciona el deporte profesional.
Si es usted de los que quiere ir más allá, nos veremos.















