El cáncer endometrial (EC) es uno de los más prevalentes e invasivos de la medicina ginecológica, y su incidencia ha ido aumentando en las últimas décadas. Descifrar los mecanismos que intensifican la patología es una de las claves para combatirlo. Según un estudio liderado por el Institut de Recerca Biomèdica de Lleida (IRBLleida) y la Universitat de Lleida (UdL), inhibir la proteína receptora (CXCR6) de la molécula CXCL 16 mediante fármacos o edición genética podría frenar la metástasis de este tipo de cáncer que afecta el útero.
La investigación, publicada en la revista inglesa ‘Cell Death & Disease’ del grupo Nature. Este tipo de molécula, citocina, es decir, relacionada con la comunicación celular, se ha identificado como un actor clave en el crecimiento del tumor, su capacidad de invasión y una mayor resistencia a los tratamientos. Los científicos defienden que un mayor conocimiento de este mecanismo puede contribuir a crear estrategias más eficientes para acabar con la enfermedad.
Esta sustancia, CXCL 16, es segregada por las células cancerosas (secretoma), y juega un papel vital en la agresividad del cáncer, ya que agiliza la movilidad del tumor por el organismo de la paciente haciendo migrar estas células dañinas según ha comprobado el estudio. Los científicos relacionan este comportamiento de la molécula con otros casos estudiados como en el cáncer de mama o de próstata.
Los genomas, vitales en el diagnóstico
Si bien es cierto que el cáncer de endometrio suele presentar un buen pronóstico cuando se detecta en fases iniciales, existen subgrupos de pacientes que acaban desarrollando formas más agresivas y con una peor evolución. «La comprensión de las bases genéticas y moleculares que explican esta heterogeneidad es esencial para el desarrollo de terapias más eficientes y personalizadas«, destaca la investigadora y profesora de la UdL, Núria Eritja.
En el estudio, se valora positivamente la incorporación de la caracterización genómica, que identifica genes, estructura, función y variaciones que puede sufrir el ADN de un organismo o tejido, como factor de crecimiento de la predicción temprana exitosa del riesgo de estratificación del EC. Sin embargo, también recoge que, pese a los avances, las recomendaciones terapéuticas se mantienen como “indefinidas” para más del 50% de nuevos casos diagnósticos de cáncer endometrial.
Cortar las alas a la metástasis
Los investigadores de la UdL han trabajado con modelos de ratones y muestras de tejido humano para poder identificar este mecanismo molecular de células afectadas por la pérdida de un gen llamado ARID1A, cuya debilitación o ausencia está presente en un tercio de todos los cánceres endometriales. En los casos leves, la frecuencia de mutación de ARID1A es del 46,7%, mientras que en los casos graves de la patología, la frecuencia de mutación es de un 60%.
En este trabajo, se demuestra que la deficiencia del gen ARID1A incrementa notablemente la secreción de la molécula CXCL16, protagonista de la expansión del tumor. Mediante los análisis con ratones, la UdL ha comprobado que con la inhibición de la proteína CXCR6 de la molécula CXCL16, el receptor interrumpe las interacciones patogénicas, la migración de las células cancerosas y reduciendo la carga metastásica.
Una estrategia poco explorada
La primera autora del artículo, Cristina Megino Luque, que actualmente trabaja en el Tisch Cancer Institute de Nueva York, explica la importancia de este descubrimiento: «Esto sugiere una posible nueva estrategia terapéutica para pacientes con formas más agresivas o avanzadas de la enfermedad».
La gran conclusión de este estudio es la necesidad de orientar la investigación científica sobre la endometriosis hacia la proteína CXCL16 por su peso en el desarrollo de la patología, que hasta ahora había sido poco explorado. Descifrar las alteraciones de este secretoma, es vital para avanzar en un tratamiento contra el cáncer endometrial que mejore “la eficiencia en el bloqueo” de la molécula CXCL16 y, por lo tanto, contra la enfemedad.
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