¿Militarismo sin límites ni reglas, apología de la automatización de la muerte de los enemigos y supremacismo occidental? ¿O llamada de atención a un Estados Unidos complaciente con sus enemigos? O, incluso, ¿pura mercadotecnia?
La empresa tecnológica estadounidense Palantir ha provocado esta semana un auténtico revuelo mundial con un mensaje en la red social X, que cuenta con más de 15 millones de lecturas, y que ha sido interpretado como un manifiesto militarista de la nueva era tecnológica.
Ha sido criticado por su desprecio hacia las culturas no occidentales, y por un belicismo alineado con el ideario de la nueva Administración de Donald Trump. A la empresa, que obtiene el grueso de sus ingresos de contratos con el Gobierno de Estados Unidos y, en concreto, del Pentágono, le conviene además ser asociada con una visión descarnada de la guerra, porque eso le sirve para dar una imagen de eficiencia y para vender contratos en los Gobiernos de todo el mundo. En 2025, la compañía obtuvo 1.867 millones de dólares de su negocio con gobiernos sobre unos ingresos totales de 3.116 millones; el 60% de su facturación.
En un mensaje de 22 puntos, la compañía propone que Silicon Valley deje de orientarse hacia la innovación para el consumo y que asuma un papel directamente vinculado a la fuerza del Estado. No basta con fabricar aplicaciones, móviles o servicios para la vida cotidiana, como el iPhone o el correo electrónico gratuito, sostiene el texto. La élite tecnológica estadounidense está «en deuda» con Estados Unidos y debe implicarse de forma activa en la defensa del país frente al resto del mundo. La «era de la disuasión atómica» se ha terminado, alegan, y entramos en otra dominada por la disuasión de la IA militar. «El poder duro en este siglo se construirá sobre software». La cuestión «no es si se construirán armas con IA, sino quién las construirá y con qué propósito”.
«Es tecnofascismo»
“Así es como ven la guerra. Es una visión tecnofascista que refleja cada vez más lo que se ve en Silicon Valley. Ven la supremacía occidental como el único camino posible y la IA como algo inevitable, dejando atrás a la mayoría de quienes no se beneficiarán de ello», opina para EL PERIÓDICO Antony Loewenstein periodista independiente y autor de El Laboratorio Palestino sobre el uso de la tecnología de guerra de Israel en los territorios ocupados. «No están tratando de hacernos la vida más fácil. De hecho, su objetivo es el contrario: esclavizarnos en su visión del mundo, lo que significa violencia automatizada, incluso genocidio automatizado. Y Gaza es realmente solo el primer ejemplo de eso, pero no será el último».
El CEO de Palantir Technologies, Alex Karp, ha defendido abiertamente el uso de la tecnología de su empresa por parte del ejército israelí en la guerra en Gaza. Ante las críticas, ha afirmado que su software se utiliza para «matar terroristas, principalmente». Al menos el 83 % de los más de 71.000 gazatíes muertos en Gaza eran civiles, según una investigación de The Guardian y la revista israelí +972, tras lograr acceso a una base de datos de inteligencia clasificada del Ejército israelí. Entre ellos hay cerca de 20.000 niños. Israel ha usado dos sistemas de inteligencia artificial (“Gospel” y “Lavender”) para fijar de forma sistemática y a gran escala los objetivos humanos y físicos durante la guerra contra Hamás en la Franja, que ha quedado prácticamente destruida tras más de dos años de guerra.
Un libro de Alex Karp
El texto del post de X son fragmentos del libro superventas The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West [La República Tecnológica: Poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente], coescrito por Alex Karp.
«Han quedado al descubierto los límites del poder blando, de la mera retórica grandilocuente. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para imponerse exige algo más que superioridad moral. Exige poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software», se lee en el escrito. «Nuestros adversarios no se detendrán para entregarse a debates teatrales sobre las supuestas virtudes de desarrollar tecnologías con aplicaciones militares y de seguridad nacional críticas. Seguirán adelante».
Las democracias libres necesitan recuperar capacidad coercitiva real, afirma. «El poder estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente larga», aseguran los autores. Cargan contra la idea de que todas las culturas merecen el mismo respeto. «Algunas culturas han producido avances decisivos; otras siguen siendo disfuncionales y regresiva… han demostrado ser mediocres y, peor aún, regresivas y dañinas», se lee en el texto.
El fundador de Palantir, Peter Thiel, ha dado su apoyo económico y político a los sectores más ultraderechistas estadounidenses y tiene una ideología autoritaria. Cree en un orden jerárquico de la sociedad moderna sostenido por grandes fortunas, poder estatal y tecnología. En 2009 escribió, por ejemplo, que «la libertad y la democracia son incompatibles».
Servicio militar universal
El manifiesto de Palantir también pide la vuelta del servicio militar universal, y critica las restricciones de militarización (la «castración«) de Alemania y Japón, las dos potencias vencidas en la Segunda Guerra Mundial tras perpetrar el Holocausto judío y la subyugación de China.
También aborda cuestiones más crípticas de desarrollo personal. «La psicologización de la política moderna nos está desviando del camino. Quienes buscan en la arena política alimento para el alma y para su identidad, quienes dependen demasiado de que su vida interior encuentre expresión en personas a las que quizá nunca conocerán, acabarán decepcionados», se lee en el texto.
Las organizaciones de Derechos Civiles llevan años alertando de que Palantir está ganando demasiado peso dentro de la administración estadounidense para el control de los ciudadanos. El texto aborda ese punto de control de poblaciones: «Silicon Valley debe desempeñar un papel en la respuesta al crimen violento. Muchos políticos en Estados Unidos prácticamente se han encogido de hombros ante el crimen violento, abandonando cualquier intento serio de abordar el problema o de asumir algún riesgo frente a sus votantes o donantes para poner en marcha soluciones y experimentos en lo que debería ser un intento desesperado por salvar vidas».
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