La historia de Alberto Moleiro (Santa Cruz de Tenerife, 2003) empieza al otro lado del Atlántico, con un abuelo tinerfeño que a principios del siglo XX hizo las maletas y se fue a buscarse la vida a Cuba. Un emigrante más de los muchos que por entonces salieron de Canarias rumbo a América, sin saber si volverían. Lo que no podía imaginar aquel abuelo era que, generaciones después, su apellido regresaría a las islas convertido en una de las grandes esperanzas del fútbol español.
Porque el apellido Moleiro hizo el viaje de ida y también el de vuelta. El padre de Alberto, Alfredo Moleiro, nació en Cuba y es médico. Su madre es canaria, tinerfeña. Alberto hijo nació ya en Santa Cruz, pero lleva ese cruce cultural en el apellido. El futbolista español con carácter caribeño.
Moleiro empezó en la cantera de Las Palmas, el invernadero del que cada cierto tiempo sale algún nombre destinado a jugar en la élite, y allí dejó claro muy pronto que tenía algo distinto. Una manera de entender el juego que no se enseña. El perfil típico del mediapunta canario, esa escuela que pasa por David Silva o Pedri. Que empezase en Las Palmas es curioso siendo de Tenerife, aunque el propio jugador siempre ha sostenido apoyar a ambos conjuntos.
Debutó joven con el primer equipo de Las Palmas, se convirtió rápidamente en una de las joyas reconocibles de Segunda División y de ahí dio el salto el pasado verano al Villarreal, que lo fichó para que fuera un jugador importante. De hecho, en esa temporada de debut, le marcó gol al Oviedo cuando los azules se jugaban entrar en play-off de ascenso a Primera. Borja Sánchez anotó para los carbayones, pero Moleiro y Jonathan Viera hicieron el resto.
Y Moleiro, en su primera campaña en Primera División, está respondiendo con una madurez que sorprende. Los números, de hecho, lo retratan bien. En 38 partidos con el Villarreal suma 27 titularidades, 2.326 minutos, 9 goles y 4 asistencias. Cifras de jugador desequilibrante y con futuro por delante. Sus características lo convierten en uno de los grandes activos del submarino amarillo esta temporada. Y, de paso, en uno de los nombres que el Oviedo deberá vigilar muy de cerca en el Tartiere, en un partido clave para la permanencia.










