Antonia San Juan ha sido una de las grandes protagonistas de Ibicine, el Festival de Cine de Ibiza, donde recibió el Premio Astarté de Honor Nacional 2026 en reconocimiento a una trayectoria consolidada en el audiovisual español. La actriz, directora, guionista y productora recogió el galardón visiblemente emocionada de manos de Belinda Washington, en una gala impulsada por el Consell d´Eivissa e Ibiza Travel. En una entrevista con YOTELE en el Hotel Ocean Drive Talamanca, sede del festival, repasa su carrera en cine, teatro y televisión, además de su labor como directora y productora de películas y cortometrajes.
Pregunta: ¿Qué supone para ti este premio? Cuando te llaman y te dicen: “Oye, Antonia…”.
ANTONIA SAN JUAN. Mira, yo soy algo: resiliente. En mi vida ha sido muy importante el reconocimiento. He tenido mucho reconocimiento, premios importantes, desde el cine… He sido dos veces nominada al Goya. Todo mi recorrido como directora de cortometrajes, por ejemplo… He dirigido diez cortometrajes, diez largos… Sobre todo, he recibido reconocimiento porque me he hecho respetar.
Todo eso de no vender nunca nada de mi vida privada, de no mercadear con nada… Que hay respeto para quien mercadee con su vida, me parece genial, pero yo todo lo que soy me lo he ganado a pulso. Por eso puedo pedir respeto, porque hay un límite. Y te dicen: ‘si tú traspasas el límite, aunque no debería ser así, ya no puedes decidir “esto sí” y “esto no”’. Una vez que tú abres la puerta y vendes algo, ya parece que se puede hacer lo que uno quiera. Entonces yo he dicho siempre: “hasta aquí sí y hasta aquí no”.
Como yo nunca he vivido de vender exclusivas, que me parece respetable quien las venda, sino solo de mi trabajo, pues eso marca un límite.
P. Transmites la imagen de ser una mujer muy segura de ti misma o, al menos, muy segura de tu trabajo. ¿Siempre has sido así?
ANTONIA SAN JUAN. Segura de sí misma no hay nadie. Como dice la canción de Ana Belén: “Si averiguas bien, todo el mundo tiene piojos”. Todo el mundo tiene sus heridas, sus miserias, sus complejos. Tú ves a una bailarina y no sabes que tiene juanetes, los pies destrozados y que le sangran.
Yo aparento. Hay gente que me ha dicho: “Tú impones”. Y yo digo: “Pues no lo sé”, porque más humilde y más cercana no puedo ser. Vengo de una familia humilde y soy humilde.
P. Pero sí transmites seguridad.
ANTONIA SAN JUAN. Sí, eso es lo que transmito, pero el hábito no hace al monje. Yo tengo, como todo el mundo, mis inseguridades, mis miedos y mis cosas. Cuando alguien dice categóricamente “yo no tengo miedo de nada”, miente. Uno tiene miedo a la enfermedad, a la muerte, a que se muera su padre, a que se muera su madre, a que no te llamen para trabajar.
El miedo te acompaña desde que pones los pies en el mundo. Tú no sabes que un día te van a llamar y te van a decir: “Tu madre se murió”. Tú vives con la idea de que tu madre es eterna, de que tú no te vas a enfermar, de que eres inmortal. De hecho, por eso en la juventud se cometen locuras: te subes al coche de un amigo borracho porque te dice “yo controlo”. Ese sentimiento de inmortalidad nos hace vulnerables.
Sí hay una parte de mi vida donde yo estoy segura y piso fuerte. Por ejemplo, yo no tengo miedo a la soledad. No necesito un hombre a mi lado. No quiero tener pareja. Y cuando te digo que no quiero tener pareja, es que he estado siempre en pareja. Hace cinco años que no tengo pareja y no la necesito. Me gusta estar en mi casa, me gusta estar sola, porque mi vida es muy social.
Paradójicamente, al tener esta vida —hoy rodeada de gente, mañana rodeada de gente, la semana que viene me dan otro premio, el martes leo las cartas de Galdós en el Alfredo Kraus, la otra semana sigo rodando la serie que estoy haciendo—, estoy rodeada de gente constantemente. Entonces, cuando llego a mi casa, y hay gente que me dice “ay, qué guay ir a un hotel”, yo pienso: no quiero hotel. Quiero estar en mi casa haciendo un caldo de papa, con las perras saltando y leyendo un libro. Esa es mi mayor ambición: llegar a mi casa.
¿Y sabes lo que me da seguridad? La cultura. Cuando yo he tenido miedo, me he acorazado muy duro. Y sé que hay una cosa que me avala: la cultura. Esa es mi caparazón. Cuando he tenido miedo, me he puesto a leer, a estudiar, a aprender, a cultivarme. Ahí sí estoy segura. Pero después tengo muchas debilidades y muchos defectos como ser humano.
P. Has dicho en varias ocasiones que puedes permitirte pedir respeto porque te has hecho respetar. ¿Te ha costado mucho hacerlo?
ANTONIA SAN JUAN. A todo el mundo le cuesta hacerse respetar. No soy la reina de hacerme respetar. Hay personas que piden respeto, pero no se respetan. Y para pedir respeto tienes tú que respetarte.
Yo pido respeto porque me respeto. Entonces yo no hago nada, ni se me ha visto jamás presumir de nada, ni de algo más por lo que cuento yo. Porque yo cuento lo que cuento. En realidad no tengo nada que ocultar. No he tenido amantes secretos, ni hombres importantes con los que haya tenido relaciones. Mi vida, en ese sentido, es muy sencilla.
He tenido tres parejas, he sido fiel a las tres parejas, que ya son muchas a día de hoy. En aquella época lo fui porque no lo necesitaba. A lo mejor hoy no lo hubiera sido, no lo sé. Pero a lo que me refiero es a que no hay mucho en qué escarbar en mi vida.
Paradójicamente, sí he tenido una vida rica. He tenido una vida rica porque afortunadamente mi carrera me ha permitido estar en lugares privilegiados, conocer cosas que mucha gente nunca soñará, y que ni yo misma soñaba cuando tenía veinte años. Las cosas que me han pasado han sido tan extraordinarias que yo misma digo: qué bien. Qué bien las cosas que he vivido y lo que me ha permitido la vida.
P. Para ayudarte a poner esos límites, o para decir con seguridad “yo ahora no quiero pareja”, ¿cuánto te ha ayudado el psicoanálisis? He leído que estuviste 25 años, casi tres veces por semana.
ANTONIA SAN JUAN. El autoanálisis no existe. Yo cometo a veces ese error de decir “yo me analizo”, pero no. El psicoanálisis, estudiar, leer mucho libre pensamiento… todo eso ha colaborado para ser quien soy.
Y la mejor inversión que yo he hecho en mi vida, la mejor inversión en dinero y en tiempo, ha sido mi psicoanálisis. Eso, sin lugar a duda. Todo eso también me ha hecho mirar la realidad de otra manera.
P. ¿Cómo has llevado durante todo este tiempo estar constantemente en la palestra? Ahora, por ejemplo, cualquier vídeo que subes a redes se convierte en viral o en tema de debate.
ANTONIA SAN JUAN. Te respondes tú mismo. ¿Por qué? Porque cuando estás sana, se te presta una atención determinada. Yo he hecho obras de teatro donde no ha ido nadie de la prensa, y era más importante que llegara Paris Hilton con un chihuahua teñido de rosa que tú estuvieras representando una obra de teatro.
Cuando aparece la enfermedad, genera una cosa muy cristiana, que es la compasión. Y entonces aparece la compasión, pero la compasión va acompañada del morbo. Eso no se puede sustraer. El ser humano pregunta: “¿Y cuánta terapia se ha hecho?”, “¿Y el cáncer dónde lo tiene?”, “¿Y cómo es?”, “¿Has tenido náuseas?”, “¿Has tenido mareos?”, “¿Qué te dijo el médico?”, “¿Qué tipo de cáncer era?”. Eso está ahí. Lo hacía mi madre, lo hacía mi tía, lo hace la tuya, lo haces tú, lo hago yo.
P. ¿Te molesta que lo hayan hecho contigo en este momento?
ANTONIA SAN JUAN. No, porque también ha habido un elemento donde yo me he expuesto para desmitificar la enfermedad. No para desmitificársela a nadie, porque yo nunca hago nada para nadie, yo lo hago para mí. Para desmitificarla yo. Para decir: se puede tener un cáncer y no vivir como una persona enferma de cáncer. Sí, se puede tener.
P. Y que cáncer no significa muerte…
ANTONIA SAN JUAN. Pues aquí estoy. No significa que te vayas a morir. ¿Qué puede pasar? Puede pasar, y hay que contar con que puede pasar, pero no siempre va a pasar. Un montón de personas han padecido un cáncer y están vivas.
P. Has dicho antes que, aparte de la alimentación, te ha salvado el trabajo.
ANTONIA SAN JUAN. El trabajo. En una sociedad justa, el trabajo es un don. Trabajar es un don.
Y más un trabajo como el mío, en el que además soy una apasionada. Pero también te digo una cosa: hay algo en mí… yo creo que sería feliz en cualquier trabajo. Y te lo digo de verdad. Yo no he hecho otra cosa en mi vida que esto. No he sido camarera diciendo “soy actriz”. Afortunadamente, no. Desde los 18 años, y antes incluso, en el colegio, siempre he hecho teatro y he vivido de esto. Todo lo que tengo, lo mucho o lo poco, lo he conseguido con esto.
Pero creo que sería feliz en cualquier trabajo, porque tengo capacidad de adaptación. Mucha. Esto es negro y yo me convierto en negro. Esto es marrón y yo me convierto en marrón. Yo creo que tendría la ilusión de levantarme por la mañana, pintarme el ojo, ponerme un vestido e ir a mi trabajo. Porque me gusta la vida. Porque amo profundamente la vida.
P. Tú no has comulgado con ruedas de molino. Siempre me pregunto qué pasó de verdad con ‘La que se avecina’ y con Estela, porque solo hiciste tres temporadas y la gente lo ha pedido durante años. Pero tú te has negado a volver.
ANTONIA SAN JUAN. Yo soy una señora elegante y educada. Entonces yo me fui, y todo el mundo sabe por qué me fui, pero no me fui por dinero. Y lo he dicho siempre. Me pagaban muy bien, y me pagaban religiosamente.
Pero vamos a volver a lo mismo: es mejor decir “Antonia se fue por dinero” para poder llamarme pesetera. Pero yo no me fui por dinero.
P. Pero es inarreglable, porque el público sigue pidiendo el personaje.
ANTONIA SAN JUAN. Como dice alguien: pasar por todo una vez y siempre ligero. Estela fue un personaje que solo hizo tres temporadas. Era un personaje tan avasallador, tan tremendo y tan arriba, que lo ven nuevas generaciones.
Además, hago teatro y viene gente de vuestra edad, que dices: cuando se hizo Estela, ustedes tenían diez años. Y me dicen: “Yo me lo pongo todas las noches para dormir”. Entonces ves a Estela pegando gritos, el bolsito cortito y la espaldera, y lo siguen diciendo niños chicos y jóvenes por la calle.
Lo que pasó ya prescribió. Y como las cosas prescriben —igual que prescribe Hacienda, o prescribe una enfermedad que remite o se cronifica—, eso ya pasó. Ellos saben y todos lo saben por qué me fui. Pero nunca lo voy a decir. ¿Por qué? Porque no quiero abrir un melón que puede crear conflicto. Si antes de estar enferma no quería conflicto, ahora menos.
P. ¿No cabe ni un cameo cuando acabe la serie?
ANTONIA SAN JUAN. Yo creo que se acabó. Ellos pasan página. Se pasa página en el amor, en la amistad, en el trabajo. Eso no quiere decir que yo no esté agradecida. Estoy muy agradecida hacia Laura y hacia Alberto. Muy agradecida. Me dieron un personaje icónico.
Hay personajes en mi carrera que son icónicos: ‘Todo sobre mi madre’, Estela y el teatro que yo me inventé. Esas son las tres cosas más importantes. Y luego, en medio, está ‘El hoyo’, está ‘Hierro’, están las tres películas que voy a estrenar, haber trabajado con Basilio Martín Patino en su última película… Todo eso está en mi carrera. Pero hay lugares que me han propulsado. Y ‘Todo sobre mi madre’ fue uno, Estela fue otro.
Yo no soy una actriz que tiene un montón de series. No voy de serie en serie ni de película en película. Lo que me ha sostenido ha sido mi teatro. Lo que yo he escrito, lo que yo he hecho.
Pero en este caso, más allá del agradecimiento, es como volver con una amistad o con un novio. Para mí, una vez que se cierra el lugar, no hay segunda parte. Entonces no volvería, porque esa etapa se acabó. Pero, ya te digo, por mi parte solo hay agradecimiento.
P. Cumples 65 años en mayo. ¿Lo vas a celebrar?
ANTONIA SAN JUAN. Hombre, yo siempre lo celebro. Siempre. Y celebrar los 65 por dos razones: una, porque va asociado a una cosa que se llama jubilación, que nunca me voy a jubilar; y otra, porque 65 años después de pasar un cáncer está todo muy relacionado. Hay un antes y un después. Y porque me toca vivir. Y ya está.
Suscríbete para seguir leyendo













