Testificar en una macrocausa tan sensible como la de la dana no es sencillo. El ‘shock’ de los peores momentos de la catástrofe, el paso del tiempo, la presión mediática y el bombardeo constante de información que puede incluso poner en cuarentena lo que vivimos… ¿Lo que vivimos? Lo que creímos haber vivido. Los recuerdos son un cóctel de lo que nos pasa -lo que conseguimos registrar-, lo que sabemos del mundo y lo que nos han contado. Un cóctel agitado por lo que sentimos y lo que somos. Un simulacro, al fin y al cabo: es endeble y permeable, como una huella sobre el barro todavía húmedo. Cuanto más se pisa, más profunda es la impronta y, al mismo tiempo, más probable es modificarla. Así funcionan los recuerdos y por ello, en una investigación, la memoria no es una mera herramienta sino una protagonista más a la que hay que saber tratar. La psicología explica muchas de las cosas que ocurren en sede judicial.
Por ejemplo, el pasado 20 de enero, declaró en la causa de la dana un operador de bomberos que experimentó la catástrofe desde el centro de coordinación de emergencias y que acabó pidiéndole perdón a la jueza por sus olvidos tras año y medio de la tragedia. «Siento que mi memoria sea tan mala, lo siento de verdad; no le puedo decir A o B porque no estoy seguro, mi memoria no alcanza para más», le llegó a decir a la jueza. No es la primera vez que ocurre y es probable que no sea la última: testigos que han de dar detalles, si oyeron una u otra expresión, si vieron a una u otra persona en la sala, si dijeron algo antes o después de determinado suceso, y cuyas respuestas bailan entre la vaguedad, la imprecisión o directamente la desmemoria. Incluso la sorprendente revelación de algo que nadie más vivió. Casi una realidad paralela.
El paso del tiempo es clave para reconstruir una vivencia, igual que las emociones. La «valencia» de un recuerdo, es decir, su «peso emocional» para nosotros, es determinante, tal como explica Ana Isabel Gutiérrez, psicóloga forense y experta en Psicología del Testimonio: «Un hecho muy traumático posee una altísima valencia negativa, y otro como podría ser tu boda tiene una tremenda valencia positiva». En cualquiera de los dos casos, necesitaremos mucho más tiempo para poder olvidarlos. El problema, en muchas ocasiones, es que hay «fenómenos que van a interferir en ese recuerdo».
En situaciones de estrés y tensión, como en plena emergencia, puede aparecer lo que se llama el efecto «foco en el arma». «Como tu foco de atención está en algo muy concreto, que no vas a prestar atención a muchos detalles periféricos que se van a codificar mal», explica la especialista: «Van a estar entrando por tus sentidos, pero no los vas a codificar» y «es muy posible que haya errores en esa codificación». Quizá eso explica por qué casi nadie en el Cecopi, la reunión de máximos responsables de la emergencia, se enteró al principio del encuentro de que podían enviar un mensaje de alarma a la población.
La idea la puso sobre la mesa el subdirector de Emergencias, Jorge Suárez, considerado el ‘cerebro’ de la emergencia al ser el funcionario de mayor rango de la Generalitat en esta materia. Poco después del inicio de la reunión, pasadas las 17 horas, dijo que se podía enviar un mensaje «a todos los móviles de esa zona». «Es una de las decisiones que podemos tomar», añadió Suárez. Esto se sabe porque hay un vídeo que lo constata y porque él mismo lo declaró ante la jueza pero muchos otros testigos, presentes en la sala, parecieron pasarlo por alto. Sin ir más lejos, el 5 de marzo, un comandante de la Unidad Militar de Emergencias (UME), testigo del Cecopi, lo negó en rotundo varias veces ante las pregunta del fiscal: «¿Al inicio de la reunión recuerda si alguno de los miembros habló de la posibilidad de enviar un mensaje masivo? ¿No recuerda que Jorge Suárez aludiera a esta posibilidad?». No, nada, para el testigo no existió. Y no es el único.
La especialista explica que también hay factores contextuales como la luminosidad, el ruido o el cansancio. Todo influye en cómo queda un hecho registrado en nuestra mente. Pero no solo eso: una vez vivido, «con el tiempo se puede ir modificando» porque la memoria es «maleable», insiste Gutiérrez, que apunta a que en casos de grandes catástrofes, «tú lo vives y desde el minuto cero empezó a haber muchísima información pos suceso». «Es muy fácil que se contamine el recuerdo» incorporando información «que te han contado pero que no estaba en tu memoria», dice la psicóloga forense, o incluso «llegar a convencerse» de algo que nunca ocurrió. O sea, fabricar recuerdos.
Hay un caso especialmente curioso, el del operador de bomberos mencionado. Según testificó, todo el mundo en la sala de técnicos se enteró de que los bomberos movilizados aquella tarde para vigilar el barranco del Poyo se habían retirado tras bajar el nivel del agua a mediodía. Es más, dijo que se lo había dicho algún compañero, aunque no supo especificar cuál. Todos los técnicos hasta entonces habían negado eso. «Es la primera vez que alguien me (lo) dice», le dijo la jueza, tan sorprendida como los abogados presentes. «Cuando me enteré yo, yo soy el último; lo sabía todo el mundo», insistió el testigo. Un abogado le pidió, sin éxito, que hiciera «un ejercicio supremo de memoria» para explicitar quién se lo dijo. «Es un tema determinante», añadió.
La revelación no dejó indiferente a nadie y la jueza tuvo que citar por segunda vez a dos técnicos de Emergencias para aclarar este extremo. Los dos negaron la mayor. «No se habló [de eso] porque no había constancia de ello», dijo la jefa de servicio de Emergencias. El jefe de la Unidad de Análisis del Riesgo también se reafirmó en su testifical inicial: «Nadie de la sala tuvo constancia», insistió. Incluso dijo sentirse «especialmente ofendido» por las declaraciones de su compañero: «Él es quien tenía que hacer el seguimiento de los bomberos», reprochó.
Sin entrar a valorar cómo sucedieron los hechos en realidad, al final un testigo «puede estar mintiendo conscientemente o creer realmente lo que está diciendo», aunque no sea cierto. Se pueden generar «falsas memorias» a partir del «bombardeo de información» sobre los hechos del 29 de octubre tanto por parte de los medios de comunicación como de personas conocidas. El funcionamiento de la memoria permite estos cambios. «Cada vez que contamos una experiencia, la modificamos un poco», asegura Gutiérrez. Y estos retoques, a la larga, se pueden ir acumulando.
La valoración de un testimonio ha de tener en cuenta todas estas circunstancias. La experta apunta que se hace a través de un método que evalúa «si lo que está contando la persona es coherente con lo que conocemos sobre la psicología del testimonio y el funcionamiento de la memoria». En ese sentido, expone que «no todos los peritos están formados en psicología del testimonio», necesaria para casos como estos porque, aunque «los jueces, policías y fiscales se creen capaces de detectar cuando alguien miente», al final eso es como tirar una moneda al aire. «El cerebro es mucho más complejo y hay que hacer un análisis sistemático de ese testimonio para determinar si es compatible o no con que eso sea cierto», concluye la experta.
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