El repique de las campanas a diez minutos de las doce menos cuarto, hora oficial del inicio de la santa misa, ya daban alerta a fieles y turistas de la plaza Cardenal Belluga de que la de este domingo no era una eucaristía más. En la mañana de este domingo, se celebraba la misa del 99 aniversario de la coronación de Nuestra Señora de la Fuensanta, además de la lectura del decreto jubilar.
Al inicio oficial de la liturgia, dos filas de sacerdotes, en la que su último integrante era el obispo Mons. José Manuel Lorca Planes, se encaminaron hacia el coro de música y organillo de la Catedral para empezar desde allí la misa.
Las primeras palabras del obispo de la Diócesis de Cartagena dieron paso a los primeros cánticos en latín del coro dispuesto, mientras el público, dispuesto en torno al sagrado altar de la Catedral, llenaba los bancos anexos, por lo que los fieles más rezagados comenzaban coger sillas de madera para evitar seguir la ceremonia de pie.
En las pantallas de televisión que adornaban los pilares de la iglesia, la imagen principal era la protagonista de la liturgia, la Virgen de la Fuensanta, Patrona de Murcia y de su huerta, a la vez que la imagen seguía el desarrollo de la misa.
Con la ceremonia ya empezada llegaba la comitiva de autoridades encabezaba por el alcalde de Murcia, José Ballesta, y el presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, que ocuparon la primera fila de asientos, junto al resto de miembros de la corporación municipal y regional.
Tras pasar las autoridades, el obispo y el resto de sacerdotes que se encontraban junto al coro de música, avanzaron de frente hacia el altar, tras la lectura que informaba a todo el público de la catedral del acontecimiento que allí se celebraba. Para este momento, la catedral parecía haberse quedado pequeña, pues las filas de sillas llegaban hasta las salidas laterales de la iglesia.
Indulgencias plenarias
Tras alcanzar el altar, se procedió a la lectura del decreto jubilar y la concesión de indulgencias «plenarias» que se podrán aplicar a vivos y muertos pues afecta a «los cristianos verdaderamente arrepentidos y a las almas del purgatorio».
Este documento indicó que el perdón fue concedido por el papa León XIV, además de otros altos cargos eclesiásticos como el obispo Mons. José Manuel Lorca Planes. Para obtener la indulgencia señalaron que se deben seguir los ritos eucarísticos ya sea presencialmente o a través de los medios de comunicación.
Tras las indulgencias, Lorca Planes abrió el año jubilar y el inicio de la peregrinación de la Patrona Celestial de Murcia y su huerta por las pedanías del municipio capitalino.
Un joven sostiene una cruz procesional en la Catedral de Murcia. / Ayto. Murcia
«Nuestra madre y nuestra reina»
Después de la lectura del evangelio, Lorca Planes indicó que la Virgen de la Fuensanta es «el centro de nuestras vidas». «Virgencita de la Fuensanta este pueblo vibra contigo, te quiere y quiere estar cerca de ti porque eres nuestra madre y nuestra reina», añadió.
Sobre la peregrinación a las pedanías, el obispo señaló a la Patrona de Murcia que «vas a ver muchas lágrimas, alegría y peticiones de un pueblo feliz al que puedes hablar en silencio entre limoneros y naranjos».
Asimismo, Lorca Planes pidió bendiciones a la Virgen para Murcia, sus familias, las personas mayores y enfermas, así como los voluntarios a los que definió como «los samaritanos de nuestra época».
Por último, Lorca Planes dedicó unas palabras a La Morenica a la que subrayó que «tú eres nuestra madre, tú eres nuestra reina» para finalizar con un sonoro: «¡Viva la Virgen de la Fuensanta!», que fue respondido por toda la Catedral con un «¡Viva!», seguido de una cerrada ovación.
Tras la celebración de la eucaristía recordaron que mañana lunes estará la Catedral abierta para todo el mundo que quiera rezar junto a la Fuensanta, ya que no volverá a su santuario hasta el 12 de junio. Por la tarde, saldrá en peregrinación hacia la primera pedanía en recibir a La Morenica que será Los Dolores.
Por último, el obispo Lorca Planes se dirigió a los presentes para otorgarles la indulgencia plenaria a aquellos cristianos verdaderamente arrepentidos.













