La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en una cuestión del presente desde el punto de vista de la soberanía, seguridad y capacidad de respuesta de los estados. En ese cruce entre innovación, estrategia y defensa se sitúa Enrique Ávila, director del Centro de Referencia de Inteligencia Artificial del Estado Mayor de la Defensa, integrado en el Mando Conjunto del Ciberespacio. Su paso por Sevilla esta semana, con motivo de la presentación del proyecto ALIA -la iniciativa pública impulsada para desarrollar modelos de inteligencia artificial en español y lenguas cooficiales-, encuadra este debate en un terreno especialmente sensible: el de la defensa y la ciberseguridad.
En esta conversación se obvian deliberadamente cuestiones de máxima actualidad, como la relación de España con la Administración Trump o el conflicto en Oriente Medio. No por falta de relevancia periodística, sino porque Ávila está sujeto a la llamada Habilitación Personal de Seguridad (HPS), que limita de forma estricta lo que puede expresar públicamente sobre materias vinculadas con la estrategia de defensa del Estado. Con todo, dentro de ese marco, la entrevista permite asomarse a cómo piensa el Ministerio de Defensa sobre el impacto de la IA en su estrategia y el papel de España y Andalucía en el desarrollo de su potencialidad.
PREGUNTA. ¿A qué se dedica exactamente el responsable del Centro de Referencia en Inteligencia Artificial del Estado Mayor de la Defensa?
RESPUESTA. El Centro de Referencia de Inteligencia Artificial del Estado Mayor de la Defensa está encuadrado en el Estado Mayor de la Defensa y depende directamente del Mando Conjunto del Ciberespacio. Ese mando es el organismo de ciberdefensa del país. Antes se llamaba, de hecho, Mando Conjunto de Ciberdefensa, pero se le cambió el nombre para ampliar el foco. Uno de los dominios de la defensa del Estado español es el ciberespacio, junto a tierra, mar, aire y espacio. Y ahora se habla de un sexto dominio, el cognitivo. Nosotros estamos conectados directamente con la defensa del ciberespacio y con esa parte cognitiva. Y, al estar en el Estado Mayor de la Defensa, también desarrollamos algunas acciones desde el punto de vista estratégico.
P. Cuando hablamos de inteligencia artificial en defensa, ¿estamos hablando sobre todo de ciberseguridad, de análisis de información, de apoyo a la toma de decisiones o de todo eso a la vez?
R. De todo eso a la vez. Ahora mismo, una de las decisiones que ha tenido que tomar el Ministerio de Defensa es cómo usar e implantar la inteligencia artificial en la defensa. La inteligencia artificial, si la incardinamos en el ámbito de la defensa, es un arma. Y además es una tecnología de doble uso. Durante mucho tiempo se consideró que la guerra era la última posibilidad, porque antes había otras acciones posibles. Eso es lo que se denomina zona gris. Ahora mismo, por ejemplo, en Europa nos movemos en un modelo de zona gris: no estamos directamente en un conflicto armado, pero sí se realizan acciones, por ejemplo, contra infraestructuras críticas por parte de potencias extranjeras.
En nuestro caso, al estar en el Estado Mayor de la Defensa, ayudamos a implantar la inteligencia artificial en los procesos de decisión estratégica, no operativa ni táctica, sino estratégica. Y, al estar encuadrados en el Mando Conjunto del Ciberespacio, implantamos también soluciones orientadas a la ciberdefensa. Y la ciberdefensa incluye también capacidad de respuesta.
P. ¿Qué puede hacer hoy la inteligencia artificial por la defensa de un país que no pudiera hacerse igual de bien hace unos años?
R. La defensa siempre ha sido un asunto tecnológico. Se construían castillos hasta que alguien inventó los cañones. Apareció entonces una tecnología que superaba lo puramente defensivo.
La inteligencia artificial abre dos vías de acción fundamentales en defensa. Por un lado, la velocidad de respuesta. Por otro, la adaptabilidad. La velocidad ya existía con algorítmica avanzada, pero los procesos de adaptación no los tenía ninguna otra tecnología.
Pongo un ejemplo: en un teatro de operaciones, un enjambre de drones. Los drones se pueden programar para actuar de una determinada manera, pero con inteligencia artificial pueden reconfigurarse según se desarrollan las acciones y adaptarse al contexto.
P. En el contexto geopolítico actual, ¿por qué la inteligencia artificial se ha convertido en un asunto estratégico y no solo tecnológico?
R. Porque su impacto es estructural. El advenimiento de la inteligencia artificial solo tiene comparación, diría yo, con la invención del poder nuclear.
No estamos hablando solo de una herramienta tecnológica, sino de una capacidad que altera los procesos de decisión, la velocidad de respuesta y la adaptación al entorno. Por eso es un asunto estratégico.
P. ¿Qué lecciones están dejando los conflictos recientes sobre el papel que puede jugar la IA en la seguridad y la defensa?
R. Que ya es un elemento central. No puedo entrar en detalles, porque ahí entraríamos en cuestiones de las que no puedo hablar, pero sí puedo decir que se está implantando en todas las actividades que tienen algún tipo de relación con la defensa: desde los procesos de toma de decisión a nivel estratégico hasta los procesos tácticos y operativos.
P. ¿España está llegando a tiempo a esta transformación o sigue en desventaja frente a otras potencias y aliados?
R. España, desde hace dos o tres años, es plenamente consciente, en el ámbito de la defensa, de lo que esto supone como arma y de la necesidad de generar soberanía sobre ello, como sobre cualquier otro sistema de armas.
Se ha creado una estructura que funciona en base a una red de centros de referencia. Cada ejército tiene su centro de referencia: tierra, mar y aire. Hay además un par de centros de referencia especializados, muy conectados con el mundo académico, por ejemplo con la Universidad de Jaén. Y nosotros estamos en el Estado Mayor de la Defensa y en conexión con la parte de ciberdefensa. Por tanto, combinamos esa dimensión de ciberdefensa con la dimensión más estratégica de las Fuerzas Armadas.
P. ¿Es un país que está trabajando en la misma línea que otros países aliados?
R. Sí. Somos conscientes del riesgo, de la amenaza y de la oportunidad. Y, con los recursos que tenemos, estamos alineados con nuestros aliados y socios europeos para crear una soberanía europea. Ahora mismo, generar una soberanía nacional completa está fuera de rango desde el punto de vista de la inversión económica y del talento.
P. ¿Qué papel tiene Andalucía?
R. Las empresas andaluzas están muy activas. Hay un centro tecnológico muy evidente en Málaga, pero también Jaén está muy conectada con el mundo de la defensa y Granada cuenta con el MADOC (Mando de Adiestramiento y Doctrina, bajo la dependencia directa y supervisión del Jefe de Estado Mayor del Ejército). Entre Granada, Jaén y Málaga, por todo el ecosistema de ciberseguridad que se ha generado, Andalucía está muy bien posicionada en este ámbito.
P. ¿Cuál puede ser la aportación específica de España en este campo dentro de Europa y de la OTAN?
R. España es una potencia media. Y, bajo mi punto de vista, tiene dos canales óptimos. El primero es el talento. Podemos atraer mucho talento, y de hecho ya lo estamos atrayendo, especialmente desde el punto de vista académico. En España se están produciendo grandes inversiones, sobre todo de grupos privados, en formación especializada a nivel universitario. Y las ingenierías, también en la universidad pública, están a muy buen nivel.
El segundo canal tiene que ver con nuestra capacidad de atracción como país: el clima, la estructura social, el modelo de vida, las infraestructuras… Todo eso nos convierte en un lugar atractivo para personas muy cualificadas a nivel europeo. Si sabemos explotar bien esas fortalezas, podemos seguir creciendo.
P. ¿Dónde está hoy el principal desafío: en la tecnología, en el talento o en la soberanía tecnológica?
R. En la soberanía, precisamente porque afecta tanto a la inversión como al talento. Somos conscientes de la necesidad de construir una soberanía europea, porque la escala nacional, por sí sola, es insuficiente en este momento.
P. ¿Qué límites éticos deben estar claros desde el principio para que la IA en defensa no deshumanice decisiones que nunca deberían perder el control humano?
R. Siempre hay que intentar mantener al ser humano en los procesos de decisión. Dependerá de la velocidad con la que haya que generar acciones, pero, sobre todo donde hay vidas en juego, debe haber un ser humano en la toma de decisiones. Y también por una cuestión de responsabilidad. Si se comete un error, ¿de quién es la responsabilidad? Esa pregunta no puede quedar en manos de una máquina.
Siempre hay que intentar mantener al ser humano en los procesos de decisión
P. ¿Qué debería entender un ciudadano sobre este debate para no verlo como algo lejano, sino como una cuestión que también afecta a su seguridad y a su futuro? Para que el ciudadano se sienta interpelado por este tipo de asuntos se requiere una comunicación muy cercana, constante.
R. Nosotros lo estamos haciendo. Desde el Ministerio de Defensa se están impulsando muchas acciones de cultura de la defensa, igual que el Ministerio del Interior impulsa acciones de cultura de la seguridad. Estamos abiertos, acudimos a foros como este y contamos lo que hacemos dentro de lo que podemos contar. Las políticas han cambiado mucho y hoy intentamos explicar mejor nuestro trabajo, también porque todo el talento disponible es necesario. Voy a decir algo incómodo: según nuestra Constitución, somos sujetos de derechos y de obligaciones. A veces se nos olvida la segunda parte. Si queremos ser ciudadanos, somos sujetos de derechos y de obligaciones. Nosotros intentamos exponer, abrirnos y poner recursos para que la ciudadanía entienda qué hacemos y pueda incorporarse.
Tenemos, por ejemplo, la Reserva Voluntaria. Hay catedráticos de universidad que se activan durante un tiempo y vienen a trabajar con nosotros. Yo tengo un reservista que es catedrático de universidad y que se activa un año para trabajar en mi grupo. Todo talento es poco y todo es necesario.













