«Sevilla tiene un hedor especial». Muchos vecinos han utilizado el altavoz de sus redes sociales para criticar este sábado lo que sucede desde hace siete primaveras cuando llega la final de la Copa del Rey a Sevilla: esquinas convertidas en meaderos, falta de baños públicos y mucho incivismo, bolsas, latas, montañas de restos de una gran fiesta. La realidad es que, con la llegada de más de 50.000 aficionados de la Real Sociedad y el Atlético de Madrid, los bazares y cadenas de alimentación hicieron su agosto con la venta de latas de cerveza. Muchas de ellas quedaron esparcidas por el suelo del centro histórico y de barrios como Triana y Alameda, donde se concentraron los aficionados en las horas previas.
El alcalde, en su perfil oficial, compartió a última hora de la noche un mensaje con un vídeo de varios operarios trabajando en uno de los puntos críticos de la fiesta, la Alameda: «Sevilla vuelve a la normalidad en tiempo récord en este día de Copa del Rey gracias al trabajo de Lipasam».
Un mensaje que contrasta con las quejas de vecinos de Triana, la Alameda y el Casco Antiguo que han vuelto a colocar en primer plano un debate que Sevilla arrastra desde hace años: el de los límites de los grandes eventos en el espacio público. «Dejan esto tan sucio… Ningún otro momento del año está así», comentó una vecina a este periódico en las columnas de la Alameda. «Vienen a la Copa del Rey como si vinieran a una ciudad sin ley. Insoportable», lamentaba otra sevillana en sus redes sociales.
La Alameda de Hércules, que recibió a miles de colchoneros durante la previa al partido, volvió a convertirse, una final más, en un botellódromo como los que no se ven el resto del año. No hubo mal ambiente en general, era el propio de cuando miles de aficionados se juntan en un espacio abierto. Muchos jóvenes y también familias con sus niños disfrutaron del ambiente colchonero en Sevilla. Pero sí hubo a la luz de día una imagen degradada del espacio público.
Esa ciudad «top uno en España» -como la calificó un grupo de jóvenes madrileños que bebían en la Alameda- sufrió las lamentables consecuencias de lo que para muchos es «un gran día». Fue un día «para no salir a la calle», confesaba a este medio una vecina del barrio.
La suciedad se pudo ver en la Alameda, pero también en calles como Mateos Gago, donde durante horas se concentraron miles de aficionados de la Real Sociedad desde el viernes por la noche. Estos espacios, que son algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad, también reunieron a miles de turistas que visitaban la ciudad. Lo normal en plena temporada alta. Ellos también presenciaron la estampa tras la previa: contenedores colapsados y basura esparcida por la calle.
Se le sumó la falta de baños públicos. En la Alameda de Hércules, donde se congregaron miles de seguidores del Atlético de Madrid durante la mañana y el mediodía del sábado, vecinos de la zona criticaron la ausencia de cabinas de baños para atender a una concentración de tal magnitud, de modo que a plena luz del día cada esquina y cada pared de bares y comercios se convirtió en un meadero.
Un debate abierto
Desde hace siete años, hay un debate abierto. De un lado, quienes defienden que estos acontecimientos suponen un revulsivo económico para hoteles, bares, taxis y comercios. «80.000 personas más o menos en la ciudad gastándose lo más grande, y de previa de una final, disfrutando… Luego pasa un servicio especial de limpieza, como puede ser en la Feria, esto es algo puntual de un día […]«, comentó un usuario de X en una de las publicaciones que denunciaba el estado de las calles tras el paso de los hinchas. Otro usuario añadía: «Dejemos de criticar. Eso es basura que ahora recogerá Lipasam, para eso se les paga. Y cuánto dinero ha generado a nuestra ciudad, Sevilla. […]».
La realidad es que en las terrazas del centro no cabía un alfiler, los hoteles llenaron sus habitaciones y los comercios recibieron a más clientes. El propio presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, aseguró que las últimas seis finales han repercutido en 260 millones de euros de impacto económico directo, unos 43 millones de euros de media por edición. Hasta 3.000 euros por persona ha llegado a costar el fin de semana en Sevilla.
También hay quienes consideran que con la Copa del Rey hay una permisividad distinta a la de ortos grandes eventos. «A nosotros en Semana Santa no nos dejan ni una cerveza en la calle por la noche», apuntó otro usuario en las redes. «Es un turismo distinto. Consumen en restaurantes, pero no en tiendas, a diferencia de los turistas que están de viaje», comentó a este periódico la propietaria de una tienda de complementos de la calle San Eloy, en pleno centro.
Un vecino del centro escribía una reflexión sobre el nivel de hartazgo: «El ambiente está bastante tranquilo en Sevilla, pero no hay vecino (ya no quedan) que aguante esto todos los años. Debe haber más ciudades que quieran poner a trabajar a tope los servicios de limpieza».
Dispositivo de 320 trabajadores de Lipasam
Desde primera hora, los vehículos de Lipasam se dejaron ver en las zonas más saturadas por aficionados, tanto en la Alameda como en Triana. Para hacer frente a este despliegue, el Ayuntamiento de Sevilla puso en marcha un operativo extraordinario de limpieza con 320 trabajadores, de los que 172 fueron contratados para la ocasión, además de 103 vehículos destinados a actuar durante las celebraciones y en las horas posteriores, tanto en el entorno del estadio de La Cartuja como en las zonas del centro donde se registraron mayores concentraciones. El propio Consistorio difundió imágenes del baldeo en espacios como la Plaza de San Francisco, que recuperó la normalidad poco después del paso de los aficionados.
«¿Es que Triana era fan zone? ¿Pero qué asco es este? La limpieza, seguridad y molestias las paga el sevillano. Hartos de que regalen Sevilla», escribía un usuario que compartió imágenes del estado de la calle San Jacinto tras el paso de los hinchas.
Esta no era una final más. A pesar de que desde la Subdelegación del Gobierno aseguraron que en ningún caso se esperaba la movilización de otras finales -«como hace dos años con el Athletic de Bilbao», el despliegue policial ha sido el mayor de los últimos años, aumentando la sensación de «ciudad tomada». Moverse por el centro o por la zona próxima al Puente de la Barqueta y Torneo fue imposible durante la tarde del sábado. Además, los numerosos cortes de tráfico convirtieron el Casco Antiguo en un laberinto imposible donde los trayectos se alargaban y llegar al destino se convertía en una odisea.











