Un concepto castizo adaptado al nuevo Madrid
El nuevo local de El Lince, situado en la Plaza de Pedro Zerolo, representa la segunda apuesta de Javi Estévez por un modelo gastronómico híbrido. El chef, reconocido por su trabajo en La Tasquería, ha construido su reputación alrededor de la casquería, un territorio culinario tradicionalmente relegado y que ha sabido elevar a alta cocina.
Sin embargo, este proyecto no se limita a reproducir ese concepto. El Lince busca ampliar su público con una carta más accesible, tanto en sabores como en precios, sin perder su identidad. El resultado es un equilibrio entre tradición y apertura que marca su diferencia en el panorama actual.
La casquería como eje, pero no como límite
A partir del tercer párrafo de su propuesta gastronómica se entiende el verdadero giro: la casquería sigue siendo protagonista, pero convive con platos más populares. Callos, lengua, oreja, mollejas o manitas comparten espacio con croquetas, arroces o pulpo, configurando una carta pensada para distintos perfiles de comensales.
Este enfoque permite que tanto los aficionados a la cocina tradicional como quienes buscan una experiencia más convencional encuentren opciones atractivas. La estrategia no es casual: ampliar el público sin diluir el concepto.
Platos que explican el éxito inicial
Entre las propuestas más destacadas, algunos platos ya se perfilan como iconos del restaurante:
- Tacos de molleja de ternera con mahonesa de chimichurri
- Tortilla de patatas con guiso de callos
- Brioche de carrillera con mahonesa picante
- Ensaladilla rusa en paloma salmantina
Estos platos combinan técnica, sabor y una presentación adaptada a los nuevos hábitos de consumo. Son recetas reconocibles, pero reinterpretadas con precisión.
Ubicación estratégica y público diverso
El emplazamiento de El Lince no es casual. La Plaza de Pedro Zerolo se ha consolidado como uno de los puntos con mayor tránsito peatonal del centro. Esto permite captar tanto al público local como al visitante internacional.
La terraza juega un papel clave en este planteamiento. A primera vista, puede parecer un espacio más orientado al turismo, pero su carta introduce un elemento diferenciador: la posibilidad de acceder a cocina castiza de calidad en un formato informal.
De los foodies a los turistas
El restaurante aspira a atraer perfiles muy distintos:
- Aficionados a la gastronomía tradicional
- Clientes habituales del chef Javi Estévez
- Turistas que buscan experiencias locales
- Público joven interesado en propuestas informales
Esta diversidad es uno de los factores que explican su rápida popularidad desde la apertura.
Precios ajustados en el centro de Madrid
Otro de los elementos clave es la política de precios. En una zona donde comer bien suele implicar un gasto elevado, El Lince ofrece opciones competitivas:
| Plato | Precio aproximado |
|---|---|
| Ensaladilla rusa | 4,50 € |
| Brioche de carrillera | 6,50 € |
| Tacos de molleja | 15,50 € |
| Fideuà | 21,50 € |
Esta estructura permite una experiencia flexible, desde un aperitivo hasta una comida completa.
Una carta que no olvida el producto
Más allá de la propuesta conceptual, El Lince destaca por su atención al producto. La selección de vinos incluye referencias nacionales e internacionales, mientras que los postres mantienen el nivel del resto de la carta.
Opciones como fresas con nata, streussel y mascarpone completan una experiencia que busca coherencia en todos sus apartados.
Herencia y continuidad gastronómica
El nombre del restaurante no es casual. Recupera parte de la identidad del antiguo local que ocupaba el espacio, donde ya se servían platos de casquería. Este guiño refuerza la conexión con la tradición madrileña.
La propuesta de Javi Estévez no parte de cero, sino que se apoya en una trayectoria consolidada y en un conocimiento profundo del producto.
Un modelo que puede marcar tendencia
El éxito inicial de El Lince de Javi Estévez en Madrid apunta a un posible cambio en la oferta gastronómica del centro. La combinación de cocina tradicional, precios accesibles y formato adaptable podría convertirse en referencia para futuros proyectos.
En un entorno cada vez más homogéneo, recuperar la identidad culinaria local sin renunciar a la evolución se posiciona como una de las claves del nuevo panorama gastronómico madrileño.
Con esta apertura, El Lince de Javi Estévez en Madrid no solo amplía la oferta de restauración en el centro, sino que redefine lo que significa comer cocina castiza en pleno 2026.














