Santiago Abascal cumplió este martes 50 años apenas dos días después de haber recibido una de las peores noticias políticas de su carrera, la derrota de su aliado y «amigo», según propia proclamación, Viktor Orbán, en las elecciones celebradas en Hungría, que dieron un aplastante triunfo a Peter Magyar. El líder de Vox no es ajeno a los reveses electorales y a los sinsabores políticos. Los ha sufrido de todos los colores en su ya dilatada trayectoria de décadas en política, desde que se afilió muy joven, en el siglo pasado, al Partido Popular (PP), el partido del que su padre fue un importante dirigente en Álava.
El de Amurrio conoce no solo la derrota, sino la insignificancia, como cuando Vox, el partido que fundó tras abandonar a los populares en 2013, braceaba como una formación extraparlamentaria para la que llegó a ser incluso, en el año 2015, candidato a la Asamblea de Madrid, con un resultado de cero escaños. Nadie quería ir en sus listas, ni siquiera encabezándolas. E incluso cuando ya desde las elecciones andaluzas de 2018 logró entrar por primera vez en un parlamento, llegaron otras noches electorales no tan gozosas, como la de las generales de julio de 2023, en la que no solo perdió sustancialmente representación en las Cortes, sino que no pudo impedir que Pedro Sánchez revalidase su mandato.
Sin embargo, y aun siendo por persona interpuesta, la derrota del domingo puede que tenga, a la postre, una repercusión mayor en su proyección inmediata y en su carrera futura. Abascal apostó con fuerza dentro de las varias formaciones y familias que componen el gran movimiento de la extrema derecha europea, pero su apuesta ha sido por un caballo perdedor, el de Orbán, frente a una figura cuyo peso no para de crecer en Bruselas como la de Giorgia Meloni. La apuesta por el grupo de Patriotas, que él mismo preside desde 2024, frente al de los reformistas de la primera ministra italiana, no se ha revelado a la luz de las elecciones en Hungría como una gran decisión, aunque decirlo con el veredicto de las urnas en la mano se pueda antojar ventajista.
Meloni y el giro lepenista
Sucede, además, que Meloni no es alguien muy lejano a Abascal, sino todo lo contrario. Antes de convertirse en la jefa del Gobierno italiano, estuvo en España invitada por Vox, y desde entonces han mantenido un buen vínculo, aunque a la hora de elegir los compañeros de familia europea hayan terminado siendo el citado Orbán y la francesa Marine le Pen. De fondo existen razones políticas, y a nadie ha pasado inadvertido un giro discursivo en el partido en una línea más ‘lepenista’, como la que representa desde hace meses una de las figuras emergentes, el portavoz parlamentario adjunto Carlos Hernández Quero. Su discurso mezcla componentes esenciales de la extrema derecha como el rechazo radical a la inmigración con la defensa del derecho a la vivienda y, sin salir del mismo eje discursivo, críticas feroces a la presidenta de la Comunidad de Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, por las ayudas fiscales a extranjeros para la adquisición de vivienda en la región.
Tampoco ha pasado inadvertido al grupo de críticos que abanderan el ex portavoz parlamentario, Iván Espinosa de los Monteros, y el ex secretario general y aún diputado, Javier Ortega Smith, quienes incluso han vinculado la cercanía a Orbán con una proximidad al presidente de Rusia, Vladimir Putin, tajantemente negada por la cúpula de Vox. El propio Espinosa de los Monteros, en su intervención esta semana en El Desayuno del Ateneo de Madrid, aventuró que la victoria de Magyar podría suponer un alejamiento de Hungría «de la esfera de influencia de Putin«, a juicio del exportavoz de Vox «de las cosas más graves que han sucedido en Hungría en los últimos años, especialmente desde la invasión de Ucrania, con el posicionamiento de Orbán en contra de los ucranianos, impidiendo la ayuda de guerra y el apoyo. Eso ha sido una muy mala noticia para el conjunto de Europa».
Pero al margen de lo político, en la apuesta por Orbán se vislumbran razones financieras que hace tiempo están en boca de todos, también de los críticos. Hace apenas un año, en junio de 2025, Vox decidió recurrir de nuevo al banco húngaro MBH Bank, bajo control del Gobierno de Budapest a través del fondo público de ese país, para financiar, en este caso, la campaña de las elecciones europeas de un año antes, en 2024. El crédito se firmó por importe de cerca de 7 millones de euros, una cifra parecida a la que recibieron para la campaña de las generales de 2023. En una carta a la militancia, el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, lo justificó por el bloqueo o boicot que las entidades financieras españolas ejercerían sobre la tercera formación del Parlamento.
El MBH Bank también financió la última campaña presidencia de Le Pen en 2022, en la que fue derrotada por el actual presidente galo, Emmanuel Macron. Ahora Budapest cambia de manos, también en las cuestiones relativas a las entidades financieras que controla.
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